“DESPUÉS DE 30 AÑOS, ¿CONOCEMOS NUESTRO MUSEO?

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capitelGrupo de opinión “Capitel”


Este año se está conmemorando los 30 años transcurridos desde que el Museo, que diseñara el arquitecto universalmente reconocido Rafael Moneo, abriera sus puertas. Su construcción fue un hito que vino a completar el punto de inflexión que supuso para Mérida la celebración del Bimilenario de la ciudad en 1975. En la celebración de los actos conmemorativos de aquella efeméride, se encontraba el ministro de Educación y Ciencia D. Cruz Martínez Esteruelas, quien el 11 de febrero anunció la creación del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, viniendo a reconocer el gran potencial del museo y del yacimiento de la colonia romana emeritense.

Fueron unos años duros, hasta que se pudo poner en valor la muestra museística que tiene su primera referencia en una Real Orden de 1838, y que a partir de 1910 se deposita  en la que iba a ser su sede de exposiciones: la iglesia del Convento de Santa Clara (recuperada tras la desamortización).

Rafael Moneo tuvo clara la idea qué debía prevalecer en la obra a proyectar. Según palabras suyas “este museo ha querido materializar el pasado en el presente, haciendo que el presente y pasado no llegasen a distinguirse”.

Hay varias ideas que caracterizan al edificio. En primer lugar la idea de que el museo debe buscar a su público y no el público buscar al museo. Con esta clave, la localización está más que justificada al situarlo junto al gran yacimiento arqueológico del teatro y el anfiteatro, saliendo el museo al encuentro de quien va a visitar estos recintos.

Por otra parte, la implantación que hace el arquitecto del nuevo volumen buscando la trama urbana del entorno consiguiendo una perfecta integración en el mismo. La ley ortogonal que se da en el parcelario es trasladada perfectamente al interior de la planta del museo. Una medida y estudiada distancia de los muros consigue la secuencia de una serie de espacios independientes y autónomos que están perfectamente relacionados con el todo.

La luz es otra de las claves que cincela y matiza esta gran obra. Una luz indirecta y muy bien controlada recoge una amplísima gama de nuevos espacios a lo largo de las distintas horas del día y de la estación del año en la que nos encontremos.

El insigne arquitecto ha estado presente en los actos conmemorativos y ha manifestado que al museo hay que dejarlo envejecer y con ello irá acentuando y singularizando cada vez más su personalidad. El ladrillo visto, los elementos estructurales utilizados, el juego de proporciones, los acabados,… todo perfectamente estudiado y relacionado para dar fruto a una reseña mundial museística.

Un continente y un contenido que tienen vida. A lo largo de todo el año se están realizando actividades entorno a la sala de exposición permanente, junto a una labor más interna de conservación, estudio y documentación.

Los emeritenses tenemos la gran fortuna de contar con un hito en la arquitectura que posiblemente, en más de una ocasión, habremos “dejado para mañana” el ir a vivirlo.

Nuestro museo lo conocemos la gran mayoría de los emeritenses, pero ¿lo vivimos?, ¿lo hacemos nuestro?. Sería una lástima que perdiésemos la oportunidad de disfrutar al máximo de él. Una joya que cada día sale a nuestro encuentro esperando nuestra visita y que cómo los verdaderos amores, cuanto más lo descubres más te atrapa

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