EN EL SILO AQUEL

publicado en: RAFA ANGULO | 0
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Rafa Angulo

Periodista


Quizá la solución para el Silo de Mérida sea que los okupas de la barriada se metan dentro y, de esta forma, habrá quien comparta solar con los roedores que ahora campan a sus anchas y subterráneas. Hasta hace dos años un amable operario se encargaba de mantener aquello limpio (de polvo, pajas y ratas) pero desde entonces no hay ni ley ni limpieza ni nadie que les amedrenta y así nos va por los alrededores, una barriada en el top del IBI pagando religiosamente al OAR más euros que un amarre en Puerto Banús (pero sin yate). Han descartado otras soluciones para el Silo, como la de derruir el edificio (totá, pa lo que vale) o que desde el ayuntamiento se firme un convenio con la federación de caza y aquello lo conviertan en coto con el reclamo de piezas como jabatos, tan grandes que no hay ni gatos en la Argentina que, por si alguien no se ubica, es zona arqueológica de una ciudad que dice ser bimilenaria, patrimonio de la humanidad y capital de Extremadura (que es una nación sin tren). O sea, que tenemos las ratas con más pedigrí del mundo. Ratas que, además, se han tomado al pie de la letra el evangélico mandato de crecer y multiplicaos aplicándolo a conciencia en el Silo como si fuera un templo hindú.

Desde que salió a subasta el Silo aquello parece el Sahara (todo desierto); a un comprador le dijeron que ni tocarlo por catalogado (debe ser un catálogo basura) con lo que el hombre (y su inversión) se han ido a otra ciudad y mientras aquí se nos llena la boca de ranking de atractivos culturales los turistas se cruzan por Cabo Verde con robustas ratas grises, pensando que se han escapado de un zoológico. Las ratas a lo suyo, que quien a Silo solitario se arrima, buena sombra las cobija.

Pero, a ti te lo recuerdo estimado ARO, las ratas sabemos de dónde salen (del Silo) pero no dónde van a parar y tú deberías ser consciente de quienes andan a derecha e izquierda del Silo. Con ellos, poca broma Antonio.

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