ENVIDIA (NO TAN) SANA

publicado en: ANTONIO VÉLEZ SAAVEDRA | 0
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Antonio L.Vélez Saavedra

Siex Mérida


La del titular es la emoción que siento cuando oigo y leo acerca de la participación ciudadana que se produce en otras ciudades extremeñas. Y no me refiero a la participación en eventos y festividades populares, que de eso nuestra ciudad está bien servida, sino a aquella movilización que desde un compromiso cívico defiende unos determinados intereses o valores de cada ciudad.

Y me explico con algunos ejemplos, como el de la Plataforma Salvemos la Montaña de Cáceres, que ha sorprendido al generar una gran movilización popular, ante el anuncio del establecimiento de una industria contaminante y transformadora del entorno como es una mina de litio a las puertas de la ciudad. O, también en Cáceres, la Plataforma Pro Hospital, integrada por asociaciones vecinales, de consumidores, o sindicatos, todos unidos para pedir inversiones en infraestructuras sanitarias para Cáceres.

En Badajoz también hay varias plataformas ciudadanas, como la Asociación Cívica Ciudad de Badajoz, S.O.S. Casco Antiguo, o la de Amigos de Badajoz, todas ellas muy activas en la defensa, promoción y recuperación del patrimonio histórico y cultural, llegando incluso a ganar un histórico juicio a la Junta de Extremadura y al Ayuntamiento de Badajoz con la resolución final del derribo del Cubo de biblioteconomía por estar construido sobre el patrimonio histórico de la Alcazaba pacense.

Todas ellas por su trabajo e independencia cuentan con un amplio apoyo social, y cada una desde su ámbito aportan desde la participación ciudadana a la gestión de la ciudad, llegando a participar activamente con voz en las correspondientes comisiones municipales del ayuntamiento, e incluso en consejos de la administración regional como es el caso de la Asociación de Amigos de Badajoz, que se sienta en las comisiones de Patrimonio de la Junta de Extremadura.

Ahí se ve lo necesario de estos colectivos, que independientemente de afinidades personales y políticas miran directamente por el interés general de la ciudad, y que de no existir todo el protagonismo se queda en la discusión entre partidos políticos, que acaban por situar sus propios intereses por encima de los de la ciudadanía. El resultado final es que gobiernan sin la opinión de los que representan, pensando en que lo que hacen a la gente no le molesta o, peor aún, que lo están haciendo bien.

En Mérida no hay colectivos de este tipo, la excusa suele ser que somos muy apáticos, o eso decimos y así nos conformamos, aunque no será porque falte patrimonio que cuidar, o reivindicaciones que hacer. Podemos poner algunos ejemplos históricos como la facultad de Bellas Artes, el Museo Visigodo o la finalización de algunas reformas como la de la Casa del Anfiteatro que va para 10 años, les dejo a ustedes completar la lista..

En el fondo de la cuestión está el hecho de que la participación ciudadana es sencillamente un bien público, y debe concebirse no solo como un derecho a respetar y fomentar por parte de los gobiernos locales, sino como un elemento básico de transformación social. Desde esta perspectiva, las iniciativas públicas, tanto en su intención como en su puesta en funcionamiento, deberían tener en cuenta la colaboración informada y responsable de los ciudadanos, que bien a título individual o de forma colectiva podrán evaluar y enriquecer las decisiones tomadas, bien cuestionándolas o apoyándolas y, en el mejor de los casos, proponiendo foros organizados para los temas de mayor importancia social alcanzar consensos.

Dicen que la envidia sana no existe, y puede que así sea, pero en este caso tan solo se trata de una forma de expresar sinceramente mi admiración por otras localidades donde tiene más peso la sociedad civil, a diferencia de en Mérida, donde hace ya algunos años que ni los políticos ni los ciudadanos estamos a la altura, de esta ciudad Capital de Extremadura y Patrimonio de la Humanidad, Capital de Extremadura y Patrimonio de la Humanidad, Capital de Extremadura y Patrimonio de la Humanidad, repitámoslo varias veces a ver si de una vez nos lo acabamos creyendo.

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