“Los Plenos de Mérida”

publicado en: PEDRO ACEDO | 0
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PEDRO ACEDO

Portavoz PP Ayto de Mérida


Veintisiete años llevo como cargo electo (votado por los emeritenses) en el Ayuntamiento de nuestra Ciudad; 16 como alcalde y 11 como concejal. Pues bien, en todos estos años no he visto a ningún alcalde que dirigiera de forma tan nefasta y abusara tanto de esa presidencia que le corresponde en los Plenos, como R. Osuna. Tampoco he visto tanto abuso en ningún parlamento, ni en la Asamblea de Extremadura, ni en el Senado ni en el Congreso de los Diputados. Vamos, ni en una dictadura.

En el último Pleno Ordinario, R. Osuna expulsó al concejal Juan Carlos Perdigón, por supuesto del PP. ¿Saben por qué? ¡¡¡Porque quería hablar!!! El bueno de Perdigón, ejerciendo en esos momentos de portavoz del PP, intentaba explicar a la Corporación y a los emeritenses que el alcalde, por muy presidente del Pleno que sea, también está sometido al imperio de la Ley y a las reglas (Reglamento del Pleno) que todos hemos aprobado. Claramente ese Reglamento recoge que la convocatoria de los Plenos la decreta el alcalde “PREVIO acuerdo de la Junta de Portavoces”. A pesar de tan clara frase, R. Osuna no lo cumplió; convocó el Pleno cuando le dio la gana y sin ningún acuerdo previo con los portavoces, tal y como exige el Reglamento que él mismo aprobó. Entre otras consecuencias, hubo concejales que no pudieron asistir, como Daniel Serrano, que ejerciendo su profesión de vendedor, que es de lo que vive, ese día estaba de ruta por Navalmoral de la Mata. Yo tampoco pude asistir porque ese mismo día se votaba la Moción de Censura en el Congreso de los Diputados.

A simple vista pudiera parecer que tiene poca importancia, pero la tiene. Y mucha. Los concejales – también los de la oposición- han sido elegidos por los vecinos de Mérida. Por lo tanto, tienen derecho a participar en todos los órganos colegiados del Ayuntamiento, o sea, en los plenos, comisiones, consejos… y ni el alcalde, por muy poderoso e importante que se crea, ni nadie, puede impedir ese derecho. Bueno, rectifico, nadie excepto R. Osuna que obviamente sí lo ha impedido. En este caso por partida doble; una, convocando el pleno ilegalmente (según el Reglamento y la Ley) y la otra impidiendo hablar al concejal Juan Carlos Perdigón y expulsándolo, nadie sabe por qué. El concejal no insultó y no faltó el respeto a nadie, únicamente quería ejercer sus derechos, quería explicar la ilegalidad de la Convocatoria y por ello solicitó la palabra tres veces, a la tercera lo echó. Según el expulsador, R. Osuna, “porque él es el alcalde y hace lo que le da la gana”. Ahí lo tienen. ¡Con un par! Igualito que su jefe, “Pedro Sánchez, el No votado”.

Y es que esto ya está pasando de castaño oscuro. Resulta que a este hombre, R. Osuna, se le ve el plumero desde hace mucho tiempo. Es el desastre personificado en su propia persona (valga la redundancia), sólo vive de la propaganda, no invierte en Mérida, realiza una pésima gestión y, por todo ello, sólo le queda recurrir a este tipo de marrullerías.

Desde el inicio de la legislatura le tendimos la mano para que Mérida no se frenara. Ahí está el ejemplo de cómo aprobamos la bajada de impuestos para favorecer la instalación de una industria azucarera. O, cómo, por primera vez en la historia democrática de Mérida, propiciamos con nuestra abstención, que se le invistiera alcalde sin ningún voto en contra. Pero ya se sabe que la cabra siempre tira al monte…

Para poner la guinda, lo último ha sido la sentencia absolutoria del concejal del PP, Daniel Serrano, por parte del Juzgado de lo Penal de Mérida. R. Osuna realizó una denuncia falsa contra él, pidiéndole incluso pena de cárcel, falsificando la documentación obrante en el Ayuntamiento, con el único objetivo de dañar política y personalmente al concejal y de paso salpicar al Partido Popular. Y todo ello, con un gasto de más de 100.000 euros en sobresueldos a abogados municipales de la cuerda del PSOE que hemos pagado todos los emeritenses.

Esta es la calaña a la que pertenece R. Osuna, hostelero, y ahora alcalde. Como se suele decir, ¡disfruten lo votado!

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