LOS VERDUGOS DE SANTA EULALIA DE MÉRIDA

publicado en: FÉLIX PINERO, Opinión | 0
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Félix Pinero

Periodista y escritor


            No puede decirse que haya un solo verdugo en el martirio de Santa Eulalia de Mérida. Como en todos, hay una cadena de mando con un principio y un final. Desde el emperador Diocleciano (Salona, Dalmacia, 245; Split, Croacia, 313 d. C.), emperador de Roma desde el 20 de diciembre del 284 hasta el 1 de mayo del 305 (solo) y del 01/04/286 hasta el 01/05/305 como Augusto de Oriente con Maximiano como Augusto de Occidente, que pasó a la historia asociado a la última y más terrible persecución que sufrió la Iglesia primitiva. Diocleciano, percatado de que el Imperio estaba demasiado expuesto al ataque si era gobernado por una sola cabeza, instituyó la tetrarquía, una forma de gobierno compuesta por cuatro personas, autodenominados tetrarcas, que se debió más a la coyuntura político-militar que a una mejor forma de gobierno. Constancio se hizo cargo de Hispania, la Galia y Bretaña; Maximiano se encargó de Italia y África; Galerio se estableció en el Danubio, y el emperador se guardó para sí la Tracia, Egipto y Asia. Diocleciano reinó durante veintiún años, renunció al trono y se retiró a Salona (actual Split), donde vivió hasta su muerte.

            Fueron Galerio y Maximiano quienes le indujeron a convertirse en perseguidor de los cristianos, decididos a abolir el cristianismo en el todo el Imperio. Promulgaron un edicto para derribar todos los templos hasta sus cimientos y destruir las Sagradas Escrituras. Posteriormente, en tres decretos posteriores acrecentaron la persecución: en el primero, se ordenaba que los obispos, presbíteros y diáconos fueran ingresados en prisión; por el segundo, que fueran torturados y forzados a sacrificar a sus ídolos; y el tercero incluía a los laicos y al clero. La abdicación de Diocleciano (01/05/305) y la consiguiente división del Imperio, llevaron la paz a algunas provincias; sin embargo, donde Galerio y Maximiano se mantuvieron en el poder, la persecución siguió igual. La llamada persecución de Diocleciano, continuó siete años después de su abdicación.[i]

            A finales del siglo III, cuando Diocleciano se convirtió en emperador  y creó la Tetrarquía, procedió a reorganizar las provincias del Imperio. En el 298, la Lusitania, cuyos límites se mantuvieron iguales a los que tenía en la etapa anterior, fue integrada en la nueva Diocesis Hispaniarum, cuya capital se situó en Augusta Emerita, en la que residía el praeses, o gobernador de la provincia, que adquirió rango consular, y el vicarius o vicario de la diócesis. Este hecho supuso un cambio en la política imperial, ya que desde la época de Augusto la provincia más importante de Hispania y con mayor rango había sido la Tarraconensis, pasando a serlo desde Diocleciano la Lusitania. La Diocesis Hispaniarum ocupaba la totalidad de la Península Ibérica, el norte de Marruecos y las Islas Baleares.[ii]

 

            Publio Daciano (siglo III) aparece como prefecto romano (praeses) de Hispania y gobernador de la Bética en tiempos de Diocleciano. Se le sitúa primero en Caesaraugusta (Zaragoza),y posteriormente, en Cataluña, la Galia y el norte de África. Se le relaciona con las muertes de famosos mártires católicos, entre ellos Eulalia de Mérida. [iii] Pero, además, la historia nos ofrece otros dos nombres relacionados con la Mártir. El edicto imperial sobre la prohibición de dar culto a Jesucristo fue ejecutado con sede en Augusta Emerita. En la “Pasión a Santa Eulalia” se cita a Calpurnianus: “Gracias al testimonio literario de su pasión, escrito sin duda en Mérida sabemos, en efecto, quién guió los pasos espirituales de la santa: la instruyó el presbítero Donato, mientras que regía la sede metropolitana el papas u obispo Liberio; y Liberio efectivamente suscribió como obispo de Mérida las actas del concilio de Elvira, celebrado a principios del siglo IV. En cuanto al praeses que gobernaba Mérida, el propio nombre oscuro Calpurniano, que nos da la pasión es buena garantía de autenticidad frente al famoso Daciano, que hemos visto aparecer en la contrahechura barcinonense.” [iv]  En cambio, otras fuentes epigráficas dicen que en la fecha en que murió Santa Eulalia ostentaba el poder en Lusitania Aurelius Ursinus, quien fue el que le dijo: “De todos estos sufrimientos te librarás si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en sus altares”, tras mostrarle todos los instrumentos de tortura a los que se podía enfrentar si no obedecía la orden del emperador. [v]

[i]  Vid.: Enciclopedia Católica Online, en htpp://ec.aciprensa/wiki/diocleciano.

 

[ii] Vid.: https://es. wikipedia.org/wiki/diocesis de Hispania.

 

[iii]  Vid.: https://es.wikipedia.org/wiki/Publio Daciano.

 

[iv]  Vid.: Gil, Juan: La Pasión de Santa Eulalia, trabajo leído en un simposio organizado en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida hace algunos años por el profesor E. Sánchez Salor, en https:/dialnet.unirioja.es/servelet/articulo? codigo 289165.

 

[v]  Vid.: http:/www.extremaduramisteriosa.com/la leyenda de santa eulalia y sus nieblas.

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