“Y VUELTA A EMPEZAR…”

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Lourdes García García

Periodista


Se acaba el año y muchos parecen haberse quitado una mochila de encima con ello, como si el año nuevo curase todos los males. Llegan los nuevos propósitos y se empieza con muchas ilusiones.

La cuesta de enero ya no tiene tanta pendiente como antaño o al menos eso parece por aquí. Hoy os traigo la cuesta de enero británica que tiene sus diferencias con la nuestra.

Aquí no hay penas, ni arrepentimientos. Lo pasado, pasado está y lo gastado, gastado está. De hecho, unos y otros (me refiero a los que tienen más o menos poder adquisitivo) rememoran, sin arrepentimiento, el dinero que se han dejado en las fiestas navideñas aunque estén a dos velas en el mes de enero.

Os sorprenderá saber que aquí se disfruta de la cuesta de enero, se tenga o no dinero y se tenga o no horas para trabajar. Es en enero, donde se acentúa la diferencia de los contratos de trabajo que por aquí existen. Me estoy refiriendo al llamado ‘Zero hours contract’ o ‘Contrato de cero horas’.

La cosa funciona de la siguiente manera.

Todos aquellos dedicados a la hostelería, las ventas, las fábricas, la limpieza y similares, están bajo un contrato de cero horas. Esto significa que trabajas cada día las horas que la empresa cree oportunas y eso dependerá de la clientela que tengan. A más clientela más horas, a menos clientela menos horas. Por tanto, cuando la cosa baja (como ocurre en enero), la empresa te ofrecerá trabajar sólo las horas “puntas” (que suelen ser los fines de semana). Es decir, que tu jornada laboral se reducirá a 10-15 horas semanales durante el primer mes del año. Aquellos que tengan más suerte, pueden conseguir unas 15-20 horas por semana, pero en ambos casos las horas no estarán aseguradas.

Bajo estas condiciones, te pasará con frecuencia ir a trabajar y venirte a la hora porque no hay trabajo. Eso con independencia de que vivas a cinco minutos de la empresa o a una hora.

Sin embargo, hasta ellos disfrutan de la cuesta de enero y ¿sabéis por qué? Porque el ‘Zero hours contract’ está muy bien visto. (Yo me pregunto qué pasaría si esto llegara a España… ).

El caso es que bajo este acuerdo laboral encuentras mucha diversidad cultural agrupándose, fundamentalmente, en estudiantes universitarios y aquellos extranjeros con un nivel de inglés justo.

Claro que los estudiantes viven este tipo de contrato de otra manera. Con él podrán trabajar sólo los días y horas que ellos quieran y que suelen ser fines de semana durante el curso universitario. Porque con ello, sacan un dinero extra para gastarlo en vacaciones de verano, regalos de Navidad, festivales, ropa, etc.

Para el resto (los no estudiantes), el primer mes del año significa tener más tiempo libre. Significa también no perderse las rebajas de enero (a las de diciembre y al Black Friday no llegaron porque no tuvieron tiempo ni de pisar el centro), significa salir a comer fuera (aquí comer en un restaurante, al contrario de lo que se piensa, es asequible), visitar una cafetería, ir al cine, al teatro… ¡Hasta se van de vacaciones!

Después está el otro grupo, el que tiene un contrato de trabajo tal y como lo conocemos en España (sin pagas extras porque aquí no existen).

Estos pertenecen al grupo del sueldo aparente y el horario regular. Es decir, los que sobrepasan con creces a los mileuristas españoles y los que disfrutan de los puentes, las navidades, la Semana Santa y los fines de semana sin trabajar, y con horas extras bien pagadas si las tuvieran que hacer.

Ellos son los que más habrán gastado, comprado, bebido y consumido durante el mes de diciembre y los que se quedan “a cero” (desde su perspectiva) a finales de diciembre.  De entre ellos, muy pocos llegarán a las rebajas de enero. Para entonces, ya habrán comprado lo suficiente en el Black Friday y en las primeras rebajas de diciembre (las que hay después de que pase Santa Claus, 24 de diciembre).

Sin embargo, seguirán comprándose cada mañana el café del Starbucks que les costará entre 2.40 y 3£, el lunch (el sándwich frío de mediodía del que ya os hablé) en los famosos Gregg o en el propio Tesco y los snacks (chocolates, patatas fritas, barras de cereales y galletas) en cualquier supermercado.

Lo de llevarse comida de casa o el bocadillo envuelto en plata, aquí no se lleva. Si ves a alguien con un tupper o un bocadillo envuelto, entonces es que no es británico. Todo se compra fuera, nada se lleva de casa.

Ellos son, también, lo que se quedan todo el mes de enero enganchado a las redes sociales desde sus móviles de última tecnología. Son los más activos en Facebook, Instagram, Snapchat y Twitter. En sus cuentas, podrás ver todo tipo de fotografías y comentarios a las imágenes que fueron subiendo durante las navidades, y que se sucederán durante el mes de enero. Son los más activistas en Youtube, desde donde compartirán todo tipo de vídeos. Se pasarán los días escuchando música y hablando por teléfono con los amigos, aunque también habrá tiempo para las visitas.

En enero, para unos y para otros, la fiesta está en las casas y no en la calle. Los primeros aprovecharán todo lo que puedan antes de que llegue febrero (otra época fuerte de trabajo), mientras que los segundos ahorrarán para poder gastar en la temporada de las Six Nations: la liga de rugby que más expectación causa y que empieza a mediados de febrero.

Es aquí donde comienza la bajada de la cuesta y la vuelta a la vida ‘normal’. Esto ya os lo cuento otro día…

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