«AL SALIR DE MISA»


opinion rafaRafael Angulo

Periodista


Cuando los domingos salgo de misa me entretengo en la puerta de la iglesia mirando a la gente que sale, baja los tres escaloncitos de mi parroquia (somos humildes hasta en escalinatas) y sin prisa empiezan a juntarse en grupitos homogéneos que, al poco, charlan sin pausas sobre la homilía de Saladid, las aguas mil de abril o el Atleti, lo divino y lo humano, la vida misma, pasa por esas fugaces tertulias en tono compadre.

Miro a los ojos a esos feligreses, amigos o cofrades mientras Cachopan se desviste antes de enfilar juntos caminito del Michel (otro ritual). Miro a sus ojos y hay un algo feliz en esas gentes que salen de misa: quizás sea su sonrisa, la cálida mirada y complicidad de quien comparte algo excelso (que no se sabe explicar ni definir) y un sentimiento de esperanza que conviven en ese cercano paisaje de mi barriada, con el remozado templo de San José al fondo y sus vidrieras, ahora luminosas, reflejando el azul del cielo emeritense.

No pretendo ponerme trascendente, o quizás sí, pero Dios anda por ahí, vivito y coleando, entre los grupitos de gente a la salida de misa de 12,30. Son las cosas extraordinarias de lo ordinario, ya decía Chesterton que lo extraordinario de los milagros es que suceden y que todo es posible para el que cree (aunque esto no era del buey británico) y yo me estoy empezando a creer esta unión (si el corazón quiere sentir la mente te lo acaba mostrando). Ni estas gentes, ni yo – a lo mejor el párroco si- hemos leído a Dostoyevski y, sin embargo, de alguna manera estamos entendiendo que el secreto de la existencia humana no consiste sólo en vivir, sino en saber para qué se vive y, aquí a los pies de los escalones de San José, la gente está a gusto…y son las cosas que te gustan las que te hacen ser cómo eres.

Esto está llegando a tal nivel que el otro sábado queríamos hacer una caldereta los de mi cofradía y casi nos sale una romería, que ya es bien sabido que otro de los secretos de la convivencia parroquiana es la comida: el hecho de comer juntos rememora algo bíblico, como muestra de amistad y comunión entre las personas la imagen del banquete es clara, por eso debe ser que empecé hablando de la salida de misa y termino acordándome de las bodas de Caná, el banquete con Leví, los panes y los peces y los boquerones de Carlos González Méndez.

 

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