Patxi Mezo García


En 1976, que ya ha llovido algo desde entonces, hubo un grupo de música, Jarcha, que entonó un himno que era el deseo de una sociedad por curar las heridas del pasado, de mirar al frente y una promesa de haber aprendido del error de la guerra para no volverlo a cometer.

Curiosamente y según tengo entendido y leído, ese himno fue un estandarte para aquellos partidos de izquierdas que comenzaron a salir en aquella época del exilio y la persecución.

Trasteando por Youtube he tropezado con esa canción, la había escuchado antes, pero jamás le había puesto atención a la letra, apenas yo tenía ocho años cuando se editó. Mi tía Begoña, un poco mayor que yo, en aquel tiempo comenzó a trabajar en una fábrica y estaba metida, como yo pensaba entonces, en líos del PCE y de CCOO, la ponía en su cassette Phillips a todo volumen y me resultaba excesivamente vieja hasta para mí.

Pero como he dicho, el otro día me encontré con esa canción y por primera vez le puse atención y no me quedó más remedio que escucharla una y otra vez. No podía creer como aquella izquierda que reclamaba libertad, que quería la paz, que quería ver desde lo muy alto o desde muy lejos la guerra civil, que quería unir esas dos Españas de las que habla la canción, ha degenerado en esta… panda de incultos, oportunistas, traidores de sus propios ideales y padres políticos  y demagogos que rozan el ascetismo político… bueno creo que el ascetismo en general. Que mantienen vivo ese odio de esas dos Españas y echan cada vez que pueden gasolina a ese odio para avivarlo, requisito necesario para ellos vivir de la sopa boba como esos a los que curiosamente critican.

Creo que mi país ha perdido el norte y ahora aquellos viejos que pedían en la canción “palo lago y mano dura para evitar lo peor” son estos jóvenes que no solo con esas dos armas, si no con incultura y una gran dosis de desesperación por la situación en la que vivimos, van a conseguir lo peor.

Cuarenta años después de aquella canción que ya en aquellos años veía la guerra lejana, personas que como yo que no vivimos la guerra de hermanos, que no debemos, ni nos deben nada, que supuestamente estamos más formados y preparados para un mundo mejor, que las canciones como ésta o como aquella de María Ostiz se nos hacen obsoletas, las escuchemos y se nos pongan los pelos de punta, que estemos permitiendo que unos cuantos quieran dividirnos, que quieran separarnos, que nos inculquen el odio de lo que no conocimos, ni vivimos y permitamos que, por lo que muchos trabajaron, lucharon y hasta murieron sea inútil.

“¿Qué está ocurriendo con nuestros jóvenes? Faltan al respeto a sus mayores, desobedecen a sus padres. Desdeñan la ley. Se rebelan en las calles inflamados de ideas descabelladas. Su moral está decayendo. ¿Qué va a ser de ellos?”

Desde los tiempos de Platón, esta frase escrita por él ha sido recurrente en cientos de generaciones, ahora creo qué más que recurrente es una realidad preocupante. Y la canción de Jarcha un himno, una oración, un sentimiento, un deseo, un anhelo y por desgracia una meta que debería estar conseguida, qué casi lo estaba, pero que por desdicha cada día, ahora está más lejos.

Libertad, libertad, sin ira, libertad.

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