Antonio Vélez Sánchez

Ex alcalde de Mérida



Aun perviven , grabadas en mi memoria , las curvas de aquellas plateas del Cine Liceo desde las que vimos todas las películas de de Tarzán , Los Hermanos Marx , King –Kong , Cantinflas , Los Tres Mosqueteros y Walt Disney .

A poco que me concentre , recreo hasta el olor de aquel espacio y , si atornillo algo mas el recuerdo , siento la emoción de llegar a un vestíbulo de mármol blanco , radiadores sofocantes y acomodadores/as que te guiaban por la tenebrosa sesión continua .

El Liceo tenia empaque , patio de butacas y entresuelo con plateas avanzadas , grandes ventiladores estilo “Casablanca” , ventanales altos que se abrían las noches de verano y portalones que vomitaban , a la calle Moreno de Vargas , aquellos llenazos de las sesiones numeradas de los Domingos . Era , sobre todo , confortable , cálido y envolvente . Se vestía con su orgullo de sociedad selectiva , cuando servía para los esperados bailes de Nochevieja – confetis , serpentinas y “matasuegras” a porrillo – , desnudo de butacas , dos orquestas turnándose en el escenario y todo el mundo bailando , cuesta arriba y cuesta abajo, la Conga de Jalisco o el Twist de moda .

Cuando proyectaron “Los crímenes del Museo de cera” la expectación fue inenarrable , colas sin fin en las taquillas y la “policía armada” controlando al personal , por si las moscas . Aquello de ponerse unas gafas de celofán , en la efímera novedad del relieve , fue demasiado para un pueblo varado en la España profunda , por muchas pretensiones que tuviéramos con “los romanos” y el Matadero industrial .

De todos aquellos años nos quedará , sobre todo , el recuerdo de la Mona Chita , cabalgando a la cabeza de la manada de elefantes , salvando in extremis a Tarzán , Jane y Boy de aquel malvado hechicero de la chillona tribu caníbal , molturada por la oleada de paquidermos en su salvadora , pero catastrófica , llegada .

Al Cine Liceo se lo comió la primera crisis económica , disfrazada de remodelación , que sufrió la Sociedad . En su lugar hay locales comerciales , justo sobre el extinto patio de butacas . No es de extrañar que cuenten que en una tienda se vendieron unos zapatos de la piel de un cocodrilo que salía en “Mogambo” y que estuvo en un tris de zamparse a Ava Gadner . Como no puede sorprender que algunos “liceístas” de pro recuerden , con sus intervenciones en las asambleas , a Spencer Tracy en “Vencedores o vencidos” . Como tampoco debería extrañarnos que en aquellas tertulias de la sociedad de pescadores que hubo en el sótano se “farolearan” capturas del tamaño de “Todos los hermanos eran valientes” .

El María Luisa era otra cosa . Mas segundón , casi en la mitad del trayecto entre la calle Santa Eulalia y la Estación , y esperando otros momentos de gloria . Tenia pretensiones de sala de capital , palcos bajos laterales y uso mixto de cine y teatro para justificar su nombre . Los artistas de la copla española , el flamenco y las “varietés” tenían allí acomodo , pero lo suyo era el cine . Y en su “gallinero” , de gradas de madera sin respaldo , devoramos en inolvidables sesiones infantiles todas las películas del Oeste , Charlot , “Jaimito” , Kit Carson , El Gordo y el Flaco , Cantinflas y Buster Keaton . Aquel jolgorio , esperado ansiosamente , marcó el principio de nuestra emancipación en la dimensión de aquel reducido ombligo urbano y nunca olvidaremos la que se liaba cuando aparecía el “bueno” sobre aquel caballo tan listo , espantando a tiros a los cuatreros . O cuando el Séptimo de Caballería “despanzurraba” a dos mil y pico indios .

Crujían las costillas del edificio entero , subía la temperatura , chorreaba el sudor y nos tronchábamos de risa con los gags cómicos . Nos ahogábamos de tensión , durante la persecución interminable de “La Diligencia” cuya acción trasladábamos a nuestros juegos callejeros sobre caballos de cañas , flechas de varillas de paraguas y revólveres de madera .

La que se montó con Gilda entre los de Acción Católica y los licenciosos que querían ver a Rita Hayword , con Glenn Ford en plan sádico , no es para contarlo deprisa . Y la que tuvimos que montar para ir en pandilla a ver “El Monstruo de los tiempos remotos” es otra historia . Pero la veneración con la que vimos a Gary Cooper en “Tambores lejanos” , queda solo para nosotros .

Hubo en Mérida otros cines de invierno o de verano que correspondieron a otros momentos de nuestras vidas . El Ferroviario , con sus sillas de anea , la Plaza de Toros , el mas popular de todos los del verano , el Albarregas con sus mosquitos , El Navia o el Deportivo . Y el Trajano que fue la perfección . Y el Alcazaba , la “catedral “ . De todos podría contarse una historia multiplicada por mil secuencias y en todos perviven los mejores ojos para la sorpresa , esos que nunca mas tuvimos .

Y es que , cuando mas adelante , intuimos o nos desvelaron algo mas sobre aquellos tiempos ásperos , tuvimos la certeza de que todos los cines de aquella España sirvieron para que navegáramos por mejores mares de los que nos habían tocado .

De aquellos cines de nuestra niñez quedan los “folletines” policromados y vistosos , esos que inesperadamente afloran entre papeles o libros perdidos . Y en nosotros anida la evidencia contable de que la mona Chita y todos los elefantes de África se hubieran alimentado media vida con las toneladas de avellanas que machacamos a oscuras y sin piedad

Mas tarde supimos que aquellos frutos de cascaras flexibles se llamaban realmente cacahuetes . Pero para entonces ya teníamos la sospecha de que los Hermanos Marx nunca llegarían al Oeste , a pesar de quemar en su intento toda la madera del mundo .



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2 Comments on “AQUELLOS MARAVILLOSOS CINES DE NUESTRA INFANCIA”

  1. Apreciado señor Vélez, ha olvidado mencionar una sala de cine que para mi y para muchos fue muy importante. Me crié en las Sindicales y para nosotros era una atracción el cine «Ponce de León». No olvidaré las entrañables películas de Bruce Lee y las de los prehistóricos monstruos «Gorgo» y «Godzilla».

    1. Es cierto Ismael. Y te pido disculpas por mi injustificable olvido, sobre todo porqué ese espàcio, donde estuvo el Cine Ponce de León, sigue latiendo aun, eso si, con un enorme Bingo. Gracias por tu apreciación, con todos mis respetos..

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