Antonio Luis Vélez Saavedra


En mi casa, al igual que en la de la mayoría de los emeritenses, se da por terminado el verano cuando el último fuego artificial ilumina el final de la feria, y al igual que los pájaros que anidan en el rio con el ruido de los cohetes salimos en estampida, pero en nuestro caso a terminar de preparar la lista de libros, mochilas, materiales y ropa para el cole. Es que es acabarse la feria y trasladarse el gentío de las casetas y cacharritos a los comercios y sobre todo a las librerías y papelerías, y tanto es el trajín fíjense, que incluso mi amigo Carlos Cascón Chito me dedica menos tiempo de tertulia de lo habitual.

Este bullicio del inicio del curso escolar, en los comercios y en las calles, lleva consigo una agradable sensación de vuelta a la normalidad, a esa bendita rutina del día a día, retomar los hábitos de sueño y alimentación, empezar alguna de las colecciones que abundan en esta época en los quioscos, o incluso apuntarse a un gimnasio, todo para alcanzar esa organización tan saludable que da el contrapunto al desorden del verano. Y los chavales lo agradecen, porque si es cierto que cuando terminan el curso lo hacen con ganas por la llegada de las vacaciones, no lo es menos que empiezan el curso con ilusión por el reencuentro con sus compañeros y profesores. Y así, se plantan en la puerta del colegio el primer día de clase con alegría, acompañados de sus madres y padres, que se muestran sin disimulo aun más alegres que los niños por el comienzo de las clases, llegando en algunos casos a chocar arriba las manos como señal de triunfo.

Otra ventaja del comienzo de curso sin duda será el control de la pandemia. Presencialidad en las aulas, con los alumnos con sus mascarillas, medidas y protocolos de actuación para los centros. Una presencialidad que fue una decisión polémica en su inicio, pero que se ha demostrado fundamental para contener al Covid, la disciplina de los alumnos y el esfuerzo de los docentes ha sido un ejemplo de trabajo para convertir los centros en espacios seguros contra el virus, tenemos que seguir así y no caer en la confianza, aunque la situación vaya mejorando.

La educación, al igual que la sanidad, en ese sentido ha subido muchos enteros en la valoración que de ella hacemos los ciudadanos como servicio público fundamental, aunque por supuesto todo es susceptible de mejora. Y viendo año a año el tránsito de mis dos hijos por el sistema educativo y comparándolo con el que hace tantos años yo viví, las mochilas de ahora eran carteras entonces, tampoco entonces existían los móviles ni ordenadores, y entrabamos hasta 40 en una clase, ahora, los chavales que estudian en los institutos o los colegios, están menos de 27 en el aula, tienen más horas de clase, manejan tecnología y saben más idiomas.

Pero no quiero entrar más en comparaciones, que seguramente no sean ni posibles ni justas, la educación de aquella época, por la que muchos pasamos hace ya ni se sabe los años, se ha ido mejorando hasta la de hoy en día, cambiando en la misma medida que los muchos años nos han ido cambiando a todos ya sea individualmente o en conjunto como sociedad. En ese aspecto a mi me llama la atención otra cosa que antiguamente tampoco existía, la conciliación familiar, que aplicada al mundo escolar básicamente consiste en que los padres que somos actualmente, llevamos a los niños al colegio. En nuestra época era a patita, en bici o autobús, pero desde chiquitines nos íbamos solitos al cole, y en mi opinión aunque esto pudiera tener algunas ventajas a nivel de mejorar la independencia de los chavales, personalmente me ha gustado siempre que puedo llevar o recoger a los míos, y aprovechar el trayecto para comentar sus expectativas para el día a la ida o como se dio la jornada a la vuelta, también para disfrutar de ese ratito más con ellos y contar algún chiste malo, como el de porque el libro de matemáticas esta triste, y la razón es que el pobre tiene muchos problemas, o pedir que le trasladen alguna cuestión que no alcanzo a resolver a su profesora de lengua, y es la de porqué separado se escribe todo junto y todo junto se escribe separado, a ver si aunque sea de refilón aun podemos aprender algo, feliz vuelta a la rutina.

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