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Félix Pinero

Periodista y escritor

Académico Correspondiente de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes


Monseñor Carlos José Alonso y Rojas (Badajoz, 02/01/1884; Mérida, 28/11/1964) fue párroco de la iglesia de santa María de Mérida (hoy concatedral) y arcipreste de la ciudad durante cuarenta y un años. Inhumado en la capilla del Sagrario de su iglesia, su epitafio sintetiza una larga vida: “Quaesivi requiem, Domine, et in te eam invent (busqué el descanso, Señor, y lo encontré en ti), D.O.M. (Deo optimo máximo, para Dios, el mejor y el más grande). Licenciado en Sagrada Teología, camarero secreto de S. S. Pablo VI, párroco-arcipreste e hijo adoptivo de esta ciudad. Falleció a los 80 años de edad, recibidos los Santos Sacramentos y la bendición de Su Santidad. Después de regir este arciprestazgo durante 41 años. Murió amando y amado, Mérida, 28/XI/1964.”[1]

Hijo de Agustín y de Presentación, su padre procedía de la ciudad de Astorga, de profesión carnicero, y la madre había nacido en La Campana (Sevilla), ambos de origen humilde.

Don Carlos hizo su carrera sacerdotal en el Seminario Conciliar de Badajoz. El 30/03/1907 (Sábado Santo) fue ordenado de “prima clerical tonsura y cuatro órdenes menores”, junto a otros compañeros. Entre los que fueron elevados al subdiaconado, siete en total, estaba don César Lozano Cambero, al final párroco de santa Eulalia de Mérida. El 14 de marzo del año siguiente, sábado de témporas de cuaresma, en la catedral de Plasencia, mediante delegación gestionada por el arcediano de la catedral de Badajoz y gobernador eclesiástico de la diócesis, Mariano Gamero Cano, fueron elevados al diaconado Francisco Díaz León, Agustín Trejo Macías, Carlos J. Alonso Rojas, Manuel Fernández Rincón, Diego Gallardo Miranda, y Diego Pino Manchado. Por último, “el día 3 de los corrientes, Dominica Post Pascham, nuestro Excmo. e Ilmo. Prelado celebró Sagradas Órdenes extra tempora, en virtud de dispensa obtenida en la capilla del Seminario Conciliar de san Atón, siendo promovidos los señores siguientes: Agustín Trejo Macías, César Lozano Cambero, Antonio Fernández Cubero, Carlos J Alonso Rojas.

A los 24 años fue ordenado sacerdote el día 3 de mayo de 1908 por el entonces obispo pacense, don Félix Soto y Mancera, celebrando su primera misa el 10 de mayo del mismo año, festividad de san José, en la parroquia de la Purísima Concepción de Badajoz. Fueron sus padrinos los mismos de su bautizo: Carlos Gómez y María Méndez; padrino eclesiástico, Mariano Gamero Cano, arcediano de la Santa Iglesia Catedral de Badajoz. Ocupó la sagrada cátedra Aquilino Díaz Gallardo, párroco de la citada iglesia.

Comenzó su ministerio sacerdotal como coadjutor de la parroquia del Sagrario de la catedral, de la que entonces era párroco José Cano Gil, pasando sobre 1911 a Barcarrota y después, a la parroquia de Montánchez, perteneciente entonces a la diócesis de Badajoz. Allí conoció y preparó para su ingreso en el Seminario a don Ismael Suárez, fallecido hace pocos años siendo párroco de su pueblo. Pasados unos quince años, desarrollado entre estas tres parroquias, y después de haber alcanzado la licenciatura en Sagrada Teología, en 1923 concursa para ocupar una parroquia en propiedad. Eran tres las importantes: santa María la Mayor y la de santa Eulalia, ambas en Mérida, y la de Nuestra Señora de la Purificación de Almendralejo. Don Carlos J. Alonso y Rojas fue calificado con el número uno; don César Lozano Cambero, con el número dos, y don Manuel Alemán Carvajal, con el tres. Una vez que don Carlos se decidió por la de santa María y don César por la de santa Eulalia, se resolvió el procedimiento, quedando asignada la de Almendralejo a don Manuel Alemán.

Don Carlos dejó en sus parroquias y allí donde predicaba fama de buen orador, consecuencia de su fácil verbo y de su excelente preparación. Fue un magnífico conversador, de palabra fácil y amena.

Durante la guerra, fue respetado por todos. Su mayor dolor fue cuando, por razones pastorales, hubo de confesar y dar la extremaunción a personas condenadas a muerte.  Su caridad para con los necesitados era conocida por todos, que acudían a él lo mismo en la parroquia que en su casa, sabiendo que serían atendidos. En los difíciles años de posguerra llegó a repartir entre los pobres la ración de harina que le correspondía. A veces, acudían a su casa, implorando su caritativa ayuda, personas que fingían necesidades inexistentes y, sin pecar de cándido, no se negaba a colaborar, ya fuera en el pago de farmacia, agua, luz o vivienda, con los fondos de caridad de san Vicente de Paúl, o los suyos propios. Era hombre de buena fe y confiaba en el hombre, sin pensar ni importarle que alguien pudiera engañarle.

Su Santidad el papa Pablo VI le otorgó el título honorífico de camarero secreto, en reconocimiento a su fidelidad y amor a la Santa Sede de Roma, hecho que le colmó de natural satisfacción.

El 22 de abril de 1958, con motivo de sus bodas de oro sacerdotales, el Ayuntamiento de la ciudad le otorgó el título de Hijo Adoptivo de Mérida, siendo alcalde de la ciudad Francisco López Ayala y García de Blanes, “por los grandes méritos contraídos por el arcipreste de esta ciudad, entre cuyos méritos se encuentran: haber desempeñado sin interrupción desde 1923 el cargo de párroco de santa María la Mayor y, desde el 5 de julio de 1923, el de arcipreste de esta ciudad, con el mayor celo apostólico y el beneplácito de sus feligreses; haber organizado gran número de instituciones benéficas en favor de los necesitados; haber creado y organizado infinidad de asociaciones, centros y entidades diversas con el mayor éxito, elevando el espíritu cristiano de los habitantes de esta ciudad; haber sido el inspirador, productor y realizador de unas cofradía de Semana Santa, que tanto por el número de cofrades como el número y valor de sus pasos, demuestran la influencia de su espíritu realizador”. En la misma sesión fue nombrado hijo adoptivo el muy ilustre señor don César Lozano Cambero.

Tras su fallecimiento, uno de sus colaboradores más cercanos, Manuel Domínguez Merino, realizó su epitafio, escribió su biografía y puso su nombre a uno de sus hijos.


Bibliografía consultada: Domínguez Merino, Manuel: Monseñor Carlos J. Alonso y Rojas, Mérida, septiembre de 1998; Boletín Oficial del Obispado de Badajoz, de 01/04/1908, núm. 7, pág. 112; Archivo Histórico Municipal de Mérida, acta del pleno de 22 de abril de 1958. Véase la biografía de don César Cantero en el blog del autor de fecha 30 de marzo de 2024 


 

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