«CIVISMO URBANO»


zaloZalo Aleson


Este mes quería haber tratado otros temas, pero me he decidido por uno que me preocupa y mucho. Lo incívicos que somos muchas veces. Y más en una ciudad histórica como la nuestra, que debería estar cuidada y mimada hasta el último centímetro. Pero por más que se esfuercen los servicios municipales, se encuentran con un hándicap, los ciudadanos incívicos, por supuesto no todos, sino una mínoria, que siendo pocos, se hacen muy visibles.

Comenzaré mi recorrido por el recinto ferial. Si alguno de nuestros queridos lectores, se da una vuelta un martes después del mercadillo, se encontrará aquella zona como si hubiera sido sede de una batalla campal…cajas rotas, papeles, suciedad…esta imagen de aquella zona, es algo para olvidar. Por más que se dote a la zona de contenedores y que las cuadrillas de limpieza se esmeren, ver cómo queda esta zona de Mérida, después del mercadillo es para llorar mucho. Y aquí somos todos culpables, vendedores y compradores…tiramos al suelo cualquier papel, colilla o similar, sin importarnos nada. Y es una imagen muy negativa de nuestra ciudad.

Otra muestra de poco civismo, es el que tienen algunas personas, que  se ponen a cruzar de acera sin mirar si quiera si algún coche viene, pero es más, aún teniendo pasos de cebra prefieren arriesgar sus vidas (o la de sus hijos, como yo he visto) poniéndose a cruzar por donde no deben y sin ni siquiera mirar a los lados.  Cierto es que hay algunos kamikazes de la conducción, que no saben a la velocidad que deben circular por la ciudad; pero eso no quita para que los peatones andemos con precaución, sobre todo algunas personas mayores que se lanzan al vacio sin red. Por no hablar de cómo algunos conductores entran en las rotondas. ¿Acaso han olvidado las lecciones de la autoescuela?, tomar en Mérida una rotonda es jugarse la vida a la ruleta rusa, nunca sabes lo que te vas a encontrar.

Más muestras, la recogida de excrementos de las mascotas de compañía. A todos nos gustan los animales, y todos somos partidarios de convivir con ellos. Pero a algunos dueños de mascotas deberían, no ya multarles ,que también, sino darles un curso de civismo urbano. Me gusta pasear, pero no me gusta tener que ir sorteando los “regalitos” que algunos animales dejan por el camino y que sus dueños no se preocupan en recoger. Mal, muy mal.

Por último, aunque existen más muestras como la falta de respeto a nuestros mayores, sobre todo en los autobuses (donde no se ceden los asientos a las personas que lo necesitan), el estar en una cafetería y hablar a gritos, para que todos se enteren de conversaciones que no nos atañen, lo mismo que el ir hablando con el móvil por la calle, o en otros lugares a grito pelado, aparcar en las plazas reservadas a personas con discapacidad… estos pequeños detalles  hacen la diferencia entre una ciudad turística de alto nivel y una ciudad turística con malas críticas. Por cierto, no siempre la culpa es de las administraciones públicas, muchas veces la culpa es nuestra. Feliz mes de Agosto.

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