«DE LO PÚBLICO Y LO PRIVADO»


Fran Medina Cruz


        Ahora participamos de un enfrentamiento político existente en la cuestión de; que hacer o como actuar sobre el Mercado de Calatrava, dejarlo público con un esfuerzo por parte de la Junta de Extremadura y Ayuntamiento o privatizarlo y que el dinero de “alguien” haga que ese valor en declive revitalice el centro de la ciudad. Algunos pensarán que esto mismo se puede hacer con dinero público, (dinero de todos a base de impuestos), pero ¿que nos dice la lógica de, casi todos los modelos públicos actuales? Pues que sirven de pesebre para cargos políticos, favores políticos, derroches políticos, y que al final, lo que menos cuenta es el bien común, ese factor que pasa de largo cuando hablamos de “lo publico” como solución a no se qué servicio, que de bien, tiene bien poco por su nulo valor añadido (sírvase como ejemplo el actual estado del Mercado en cuestión).

        Los muchachos de izquierdas, los nuevos defensores de lo publico, olvidaron el concepto de bien común, que se define como aquello de lo que se benefician todos los ciudadanos o como los sistemas sociales, instituciones y medios socio económicos de los cuales todos dependemos que funcionen de manera que beneficien a toda la gente. Entonces, en base a esta definición, que es la base de todo sistema público, ¿para quienes deriva el servicio propio de tener un Mercado de Calatrava ejemplar? Sencilla respuesta; para la gente, la ciudadanía emeritense y todos los visitantes de nuestra ciudad. En calidad a esta premisa ¿qué servicio ejemplar puede desarrollar un bien publico en manos de nuestros, cada vez peores, gestores? ninguno o malo. Entonces, ¿no es más importante incidir primero en la calidad de nuestros gestores políticos y públicos? porque mientras esto no se resuelva, las empresas públicas ofrecerán un servicio cada vez de peor calidad, y cada vez mas caro para la sociedad.

        La mala calidad de las gestiones en lo publico hace que al final, los que debemos disfrutar del bien común observemos en nuestras bolsillos un  saqueo monetario en forma de impuestos. Al fin y al cabo, la electricidad, el agua, la gasolina, etc no son caros. Son nuestros políticos, que con sus formulas a base de impuestos e intervenciones sobre los productos, encarecen en mucho la propia circulación y distribución de estos bienes. Cojamos una factura y comprobémoslo. Vivimos en un Estado que hace de los servicios, materia altamente cara y de mala calidad.

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