Asociación Amigos de Mérida


Es la incertidumbre la sensación que más hace zarandear nuestras vidas. Con la edad aprendemos a mantenernos a flote en el mar de incertidumbre que en ocasiones se convierte la existencia, no hay más que recordar la totalmente inesperada primavera que todos hemos vivido; pero es en la juventud cuando los efectos de la indeterminación se presentan más desasosegantes. Y especialmente relevante y por ello, perturbador, es el momento en el que sabes que te juegas tu futuro. Viene al caso esta reflexión porque recientemente miles de jóvenes extremeños han recibido una de las calificaciones más importantes en su vida, la nota de las pruebas de acceso a la universidad. Un número que marcará en gran medida sus próximos años de vida. Un guarismo que, sea el deseado o no, obliga a los jóvenes y a sus familias a tomar decisiones importantes.

Afortunadamente los jóvenes extremeños disponen de una Universidad con una oferta suficientemente amplia de titulaciones académicas, con casi un centenar de grados distribuidos en sus cinco campus. La decisión de matricularse en un grado u otro tiene consecuencias que siempre hay que considerar, entre otras y quizás fundamentalmente, consecuencias económicas. Porque cursar un grado universitario no es gratis, más bien todo lo contrario. Al precio de la matrícula (si no se tiene la “fortuna” de ser becado) hay que añadir estancia, transporte, libros y fotocopias, ordenador, ocio… y por supuesto comer. Por ello, uno de los condicionantes más importantes en la elección del lugar en el que cursar una carrera, e incluso el hecho de cursarla o no, es el lugar en el que se encuentra la facultad o escuela correspondiente.

El Centro Universitario de Mérida cuenta con una oferta de cinco grados y una doble titulación, además de cuatro másteres oficiales de los que dos de ellos son de nuevo cuño para el próximo curso. A pesar de la interesante (aunque la Asociación de Amigos de Mérida estima que escasa) oferta, hay varios condicionantes que pueden alejar a los futuros estudiantes universitarios del Centro Universitario de Mérida. El más importante de ellos: la ausencia de una residencia universitaria pública en la ciudad.

Badajoz y Cáceres cuentan cada una con dos residencias públicas que ofertan 233 y 290 plazas para un total de unos ocho mil estudiantes matriculados en ambas sedes. Plasencia, con unos mil alumnos universitarios, dispone de una residencia con sesenta plazas. Mérida, con más de 600 alumnos matriculados, no tiene ninguna residencia universitaria pública. Es cierto que existen dos residencias universitarias privadas; pero el déficit de plazas públicas, a un coste mucho más razonable que las residencias privadas y que cuentan incluso con plazas gratuitas, puede ser uno de los elementos desmotivadores para los alumnos en su elección por alguno de los grados que se pueden cursar en Mérida.

No es un problema nuevo. Desde hace años, el director del Centro Universitario de Mérida ha denunciado periódicamente esta carencia en la ciudad. Resulta destacable que el actual equipo de gobierno llevaba en su programa electoral la construcción de una residencia universitaria en la ciudad (punto 14 del Bloque 3 “Educación, cultura y deportes”), propuesta que también aparecía, prácticamente en los mismos términos, en el programa del primer grupo de la oposición municipal. Hay acuerdo pues en esta necesidad entre los partidos que representan a tres de cada cuatro emeritenses, hecho en consonancia con las peticiones reiteradas tanto de la dirección del Centro Universitario, como de los alumnos de dicho centro y de asociaciones ciudadanas como Civitas Mérida o Amigos de Mérida.

Es momento de comenzar a dar pasos decididos para que no termine la legislatura sin haber cubierto este déficit de la ciudad. Está en juego afianzar la presencia de la Universidad de Extremadura en la capital extremeña y conseguir, quizás, reducir el número de alumnos extremeños que eligen otras universidades para estudiar, un capital humano que posiblemente no retorne a la región tras sus estudios.

Este curso, muchos jóvenes se verán obligados a elegir otra ciudad para realizar sus estudios universitarios en lugar de Mérida. Esperemos que para el próximo año ya se hayan dado los pasos necesarios para que una residencia universitaria se haya inaugurado en la ciudad.

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