opinion felixFélix Pinero

Periodista y escritor


 

              El Viernes Santo, Jesús de Nazaret es crucificado entre dos malhechores: Dimas, a su derecha; Gestas, a la izquierda; el primero, conocido por el Buen Ladrón; el segundo, por el Mal Ladrón. Más renombrado el primero que el segundo, al principio se burlan ambos del Crucificado, según el Evangelio de san Mateo (27, 33-50): «Fueron crucificados con Él dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda… Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: Tú que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la Cruz!… También le insultaban los ladrones crucificados con Él…» Sin embargo, san Lucas precisa que solo uno de ellos le insultare: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros. El otro le reprendía: Y tú, que sufres la misma pena, ¿no respetas a Dios? Lo nuestro es justo, pues recibimos la paga de nuestros delitos; este, en cambio, no ha cometido ningún crimen. Y añadió: Jesús, cuando llegues a tu reino, acuérdate de mí. Jesús le contestó: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso.» (Lc. 23: 43).

            Dimas, el Buen Ladrón, aunque no canonizado por la Iglesia, figura inscrito en su Martirologio, catálogo oficial de los santos. Su festividad se celebra el 25 de marzo, Viernes Santo este año. Elevado al paraíso directamente por su fundador, su arrepentimiento y su petición, han sido escuchados: a la derecha del Crucificado y hoy mismo, a la derecha del Padre. Reconocido por Jesús como santo, el primero de todos, ¿hubiere alguien capaz de enmendarle la plana al Maestro? Arrepentidos los quiere el Señor… El arrepentimiento es condición sine qua non para el perdón. Quien no se arrepiente, no podrá llegar al Reino de los Cielos, su reino, no de este mundo. San Lucas reafirma el arrepentimiento al decir: «Os digo que hay más alegría en el cielo por un pecador arrepentido que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.» (Lc. 15: 7)… Dimas era galileo; tenía una posada; atracaba a los ricos y favorecía a los pobres; daba sepultura a los muertos; saqueaba  a los judíos; sustrajo el depósito secreto de Salomón; fue crucificado; pero, arrepentido, se va con Jesús al cielo.

            Gestas, el Mal Ladrón, a diferencia de Dimas, el Buen Ladrón, no se arrepintió de sus pecados. Crucificado a su izquierda, la cabeza de Jesús se representa colgada a la derecha, mirando hacia este. Gestas daba muerte de espada a los viandantes; a otros los dejaba desnudos; colgaba a las mujeres cabeza abajo y les cortaba los pechos; no obedecía las leyes, ni hubiere temor de Dios porque no le conociere…, confiesa José de Arimatea en el Protoevangelio de Santiago.

            Subsume la segunda palabra de Cristo en la Cruz –«Hoy estarás conmigo en el Paraíso»– la alegría por un pecador arrepentido; la del hijo que vuelve a casa; la sinceridad del pecador que no elude su culpa; la vanagloria del mundo que dejamos de modo inexorable; solo ante la Justicia verdadera, la divina, muy superior a la humana justicia…; la purificación de los pecados…, la humildad.

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