Alfonso Valadés

























Miguel Ángel Benítez Pavón, – Santísima Trinidad (Paraguay) 19.05.1970. vino del Atleti para reforzar al M.C.P. en la segunda vuelta de la Tda. 1994/95. Que llevó por primera vez en la historia a un club extremeño a la “liga de las estrellas “.

Fouto que futbolísticamente estaba enamorado del futbolista pagó a Jesús Gil 20 millones de ptas., por la cesión del “Chiqui”, y en realidad acertó de lleno ya que el equipo de Kresic que solía defender bastante bien, puso la guinda con un jugador capaz de romper cualquier defensa rival, se daba un salto de calidad con un punta diferencial que marcaba claramente diferencias en la categoría de plata.

Sobre el futbolista hay una anécdota que aquí pasó desapercibida y muy escuetamente recuerdo: antes de venir a Mérida, un abonado colchonero ya jubilado, como D. Manuel Martín Parrondo, que era un incondicional de Benítez, había prometido al club rojiblanco que si el jugador paraguayo se quedaba en el conjunto colchonero entregaría un millón de ptas., en señal de agradecimiento, y lo cumplió. Se presentó en las oficinas del club ubicadas en el paseo virgen del puerto 67, con un maletín que contenía la cantidad prometida, el propio D. Jesús Gil, mencionó el curioso hecho, durante su alocución en la presentación del equipo en el Calderón.

Benítez tuvo una infancia muy difícil en lo personal, y llegar a ser futbolista profesional le costó sangre, sudor y alguna lágrima, pero … vayamos por partes : curiosamente de pequeño en sus comienzos, deseaba ser portero, pero su escasa estatura fue un impedimento que le obligó a cambiar de demarcación.

De familia humilde y con 14 hermanos, su padre conductor de autobús era el único sueldo que entraba en casa, se las veía y se las deseaba para alimentar tanta boca, (vamos: un equipo completo). El futbol es el deporte más popular en el país sudamericano, – como en tantos otros-, y el pequeño desde su más tierna infancia soñaba con ser futbolista.
Era tal su afición que solía dormir con un balón, y hacía varios kilómetros andando para ir de su casa a la escuela de futbol enclavada en cerro Cora.

Una vez que comenzó a jugar ya como delantero, desde el principio destacaba sobre el resto de la chavalería por su endiablada velocidad y su facilidad para el regate, hasta que a los 16 años debutó en segunda división y fue convocado por la selección nacional “Sub 19”, no llegó a debutar, tres años en esas edades se notan. No fue una decepción, todo lo contrario: su nombre había sonado, y el “Chiqui” era fichado por el Villaeliza, un club que militaba en la primera división sectorial.

Su sueño era jugar en un país que se ganara mucha plata, y España estaba en su cabeza, máxime cuando su asesor desde el principio no fue otro que Carlos “el lobo” Diarte, que destacó en aquel histórico Zaragoza de los “zaraguayos” donde coincidió con su cuñado Saturnino Arrúa, volviendo después a triunfar también en el Valencia C.F. con aquel tridente para la historia ché formado por Rep, Diarte y Kempes.

Benítez estaba deseoso de venir a nuestro país, y ante tanta insistencia, Carlos que todavía veía aquello muy prematuro, pues el jugador era un desconocido, al final le facilitó la oportunidad de venir a probar durante dos semanas al Calpe junto a su compañero Carlitos Picó.

Allí como se dice, llegaron con lo puesto, – una mano detrás y otra delante -, sucedió lo normal, que no encontraron equipo. En la ciudad alicantina se buscaron la vida como mejor pudieron, y estuvieron seis meses entrenando por su cuenta, ellos con 18 años y fuera de casa ya empezaban a desmoralizarse, cuando como mal menor fichaban por el Calpe donde estuvo casi tres campañas jugando en campos de tierra – regional preferente -, y ascendiendo a la 3ª división.

El contacto con su asesor se seguía manteniendo, y de vez en cuando, Carlos Diarte (al que tanto tiene que agradecerle), hablaba con equipos importantes para prepararle alguna prueba, no era fácil, porque el jugador militaba en un club modesto, pero así y todo, viajó a Barcelona donde no tuvo suerte, a Madrid, donde estuvo a prueba con el Castilla, más tarde al Sevilla F.C. pero no era fácil y el fichaje no llegaba.

Diarte que tenía buenos contactos en Valencia, estuvo a punto de colocar al futbolista, de hecho permaneció allí dos meses, al final no se quedó por que no querían pagar ningún traspaso que eran las intenciones del Calpe con el que tenía ficha.

Todavía quedaba una bala en la recamara y era el AT. Madrid, club con el que Diarte se empezó a vincular con Rubén Cano en la secretaría técnica, hasta el punto que fue entrenador del filial rojiblanco en la categoría de plata.

Consiguió que se montase un partido para probar a varios futbolistas, entre ellos, Benítez, que lo bordó, y anotó tres goles, convenció a todos, y firmó por una temporada, eran los años en que “D. Jesusito de mi vida” fichaba y cesaba entrenadores constantemente, en aquel curso llegó a contar con cuatro diferentes.

Benítez jugó poco, pero cuando lo hizo dejó constancia de su gran calidad. En el torneo autonómico si tuvo más protagonismo donde fue el máximo goleador. Poco a poco fue demostrando las muchas virtudes que atesoraba, y renovó por tres temporadas. Con la llegada del “Pacho” Maturana, que confió en él desde el principio, las cosas empezaban a pintar bien.

Se estaba consagrando en el equipo con una docena de titularidades hasta que llegó el Valencia C.F., donde no tuvieron su tarde y salieron goleados, calentón de D. Jesús y cese de Maturana al que definió como “blancanieves” con aquella verborrea que le caracterizaba, y Benítez pasó al ostracismo. El “Chiqui” no jugaba y con varios años todavía por delante de permanencia, lo que realmente quería era jugar, y en aquella campaña 94/95., se implantó una nueva ley para que se pudieran realizar cesiones durante la primera vuelta.

El Real Valladolid fue el primero que puso los ojos en el jugador, estando muy cerca de fichar por los pucelanos, ahí fue cuando Fouto dio el paso para hacerse con su concurso, e influyó también que Mª Ángeles, la mujer del futbolista, a la que conoció en su periplo valenciano, no estaba tampoco mucho por los fríos del Pisuerga.

Desde el primer momento metió una marcha más en el ataque pecholata y la máxima categoría se atisbaba ahora como una realidad más cercana.

Intervino en 23 partidos, 20 desde el principio, para jugar un total de 1.748 minutos en los que anotó diez goles.

No me puedo despedir sin recordar aquel partido M.C.P. 4 Hércules 0., un 2 de abril del 1995. (justo en el tercer aniversario de la muerte de Juanito). Con triplete de Prieto, y aquel GOLAZO de Benítez, un calco al de Maradona a Inglaterra, o Messi al Getafe. Fue muy posiblemente el mejor gol que se ha marcado en el estadio municipal, una obra de arte solo al alcance del mejor futbolista que ha desfilado por Mérida, defendiendo esta elástica.

Siendo consciente que una buena parte se decanta por José Sinval, pero era más intermitente, menos decisivo, y sin restarle un ápice de mérito, su carrera deportiva la desarrolló en una liga menor como la Suiza, y no nos engañemos: un equipo modesto de la liga española en primera división como fue el extinto M.C.P.



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