Álvaro Vázquez Pinheiro y Montserrat Girón Abumalham

Unidas por Mérida (Izquierda Unida –Podemos)


El pasado fin de semana nos desayunamos con la apertura por parte del gobierno municipal de un expediente sancionador contra la empresa Larry Smith por incumplimiento del contrato. Según nos cuenta la señora Yánez, dicha empresa ha incumplido los plazos de ejecución y, por tanto, será sancionada. Lo que no nos cuenta la señora portavoz es que no es la primera vez que esa sociedad incumple los pliegos, ni tampoco que el responsable del follón es un gobierno municipal que ha adoptado una fórmula para la rehabilitación del mercado que, en la práctica, es inviable. Los motivos sobre los que se sostiene esta afirmación se los explicamos a continuación.

De entre las distintas fórmulas legales para acometer la rehabilitación del Mercado de Calatrava, el gobierno municipal eligió la del contrato de concesión de obra pública, que implica que una vez adjudicado el contrato, la empresa corre con los gastos de la obra de rehabilitación del mercado y, seguidamente, tiene derecho a la explotación y los beneficios de la obra. Es decir, la empresa gestiona el mercado –durante cuarenta años– y con los beneficios que obtenga amortiza la obra y consigue su beneficio.

Pues bien, este opción supone que la empresa debe adelantar el gasto de realización de la obra, que se calcula en torno a dos millones de euros, y ése es precisamente el problema. ¿Puede alguien pensar que es buen negocio adelantar dos millones, para recuperarlos –y obtener beneficios– cuando el negocio consiste en alquilar espacios a fruterías, pescaderías, restaurantes y demás? ¿Cuántos tomates y raciones de bacalao dorado deben comprar y pedir las personas que acudan a este mercado hasta que la empresa amortice dos millones de euros y consiga ganar dinero? La pregunta es retórica, y la respuesta sólo una: demasiados. El negocio es inviable.

Y no lo digo yo, lo dice el mercado, pero el otro, el de la oferta y la demanda. El Mercado de Calatrava –éste con mayúsculas– se ha sacado a concurso dos veces. La primera vez, sólo se presentó una empresa, y la segunda también. En los dos casos fue la misma: Larry Smith. Y ésto porque el resto de las empresas no ven negocio en el asunto. Los bancos, tampoco.

La primera licitación tuvo que abandonarse en el fondo del cajón, pues los bancos no concedieron a la empresa –Larry Smith– el crédito para pagar la fianza que le permitía celebrar el contrato –en este tipo de contratos se debe pagar una cierta cantidad de dinero para responder de los posibles daños y perjuicios que pudieran darse durante su ejecución, como en un alquiler, vamos–. La empresa, entonces, bajó los brazos y el equipo de gobierno se quedó sin contrato y con el mercado hecho unos zorros. Es aquí donde se produjo el primer incumplimiento, pues el abono de la garantía es una obligación de la empresa a la que se le adjudica el contrato. Larry Smith no cumplió y se fue de rositas, sin que el gobierno de Osuna le sancionara como determina la ley.

La segunda licitación venía con truco y, con todo y con eso, parece ser que la cosa pinta en bastos. El ayuntamiento decidió esta vez imponer la fianza más baja que permite la ley –un 1%– cuando lo lógico sería haber llegado hasta el 5% que también contempla la norma. Pero no querían repetir el fiasco, y con las mismas valoraron el valor neto global del contrato (léase la pasta que se iba a llevar la empresa durante los 40 años de contrato) en 1,2 millones de euros, más o menos 30.000 euros al año. No se preocupen, a mí tampoco me salen las cuentas; pero esa fue la manera de conseguir una licitación poco exigente para las empresa que quisieran presentarse. La garantía se aplica al importe total; poco importe supone poca garantía y, por tanto, condiciones menos gravosa para las empresas. Esa es la lógica del asunto

El problema de las situaciones en las que estás dispuesto a ser poco exigente es que, finalmente, tienes que conformarte con lo que venga y, dicho y hecho, el gobierno municipal tuvo a bien adjudicar el contrato a… ¡¡¡Larry Smith!!!, la misma sociedad cuya solvencia es tal que ningún banco se fiaba para concederle un crédito destinado a un negocio por el que nadie quiso apostar. Y, claro, todo ha salido mal, porque no se pensó para que saliera bien, sino para que saliera y, luego, ya veríamos.

En resumidas cuentas, la cosa queda como sigue: sacamos una licitación inviable, adjudicamos dos veces el contrato a una empresa con una solvencia económica cuestionable, para seguidamente lamentarnos de cómo nos ha salido el pastel. Gracias, señor alcalde.

Y, para concluir, un dato comparativo: el número de contratos que la Junta de Extremadura ha sacado empleando la fórmula elegida por el gobierno de Osuna en los últimos 35 años es….. cero.

 

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