Antonio Luis Vélez Saavedra


Se habla de la vuelta del rey emérito a España, de su retiro en países árabes, donde se exilió tras conocerse informaciones sobre sus negocios relacionados con cobros de comisiones. Triste fin del ciclo de un monarca que en décadas anteriores suscitaba admiración y simpatía a partes iguales, esa famosa campechanía de la que también disfrutaron sus antecesores Borbones, quizás siendo el más famoso de ellos su Tastatarabuelo Fernando VII, el que inicialmente fue llamado el Deseado por el pueblo, y acabo conocido como Felón, por su traición y deslealtad a los españoles. Abolió la constitución, asesinó o desterró a sus adversarios, cerro la prensa libre y universidades o restauró la inquisición entre otras, Fernando VII fue un rey que impidió cualquier atisbo de progreso económico, político y social, que ya empezaba a darse en toda Europa, lo que ha sido una de las causas del atraso histórico de España respecto a muchos países europeos, por su mezquindad y ruindad sin duda el peor rey de la historia de España.

Sin embargo la época de su reinado coincide con grandes pintores como Francisco de Goya, José Madrazo o Vicente López Portaño, y es de este último el cuadro de mayor valor de la colección de arte municipal, paradójicamente en el Salón de Plenos del ayuntamiento.

Y, curiosamente, éste hijo de un escribano del Ayuntamiento de Mérida fue uno de los perseguidos y desterrados por Fernando VII, uno de los más notables personajes históricos de nuestra ciudad. Estamos hablando del único extremeño con Bravo Murillo que han llegado a ser presidentes de nuestro país: José María Calatrava Peinado (1781 Mérida – 1846 Madrid), figura que esta tierra legó a una de las épocas más convulsa de su historia, la que coincidió con la Guerra de la Independencia y la declaración de la primera Constitución de nuestro país.

Durante la Guerra de la Independencia se sumó a la resistencia contra los franceses, y en las Cortes de Cádiz representó a Extremadura, como liberal y trabajó para introducir profundas reformas institucionales para abolir el absolutismo, y cambiar el arcaico sistema latifundista.

Su marcado carácter liberal y progresista le hicieron alternar años de política con otros de cárcel o exilio dependiendo de las idas y venidas del tirano rey al poder, y es justo durante su exilio en Francia donde aprovechó para escribir la obra Cartilla de Horticultura, una de sus mayores aficiones.

Miembro de la masonería, tan ligada a la ideología liberal de la época, en sus principios científicos, humanistas y de fraternidad, eligió como masón el nombre de Tiberio Graco, tribuno romano representante de la plebe, protector del pueblo llano de cara a los abusos de poder, y que defendió la formación de pequeñas propiedades rurales para luchar contra la despoblación originada por el régimen de latifundios, conceptos muy ligados a la ideología progresista de Calatrava y como vemos muy de actualidad por el tema de la España Vaciada.

A la muerte de Fernando VII y la toma definitiva del poder por los liberales en 1834, regresó a España, siendo repuesto en el cargo de consejero del Tribunal Supremo y convirtiéndose en uno de los líderes del Partido Progresista, aunque sin duda, la culminación de su carrera política llegó en 1836, cuando fue nombrado como presidente del Consejo de Ministros.

Su figura y memoria es digna de ser conocida como ejemplo de la aportación de Extremadura a los pilares del constitucionalismo español, entendiendo la democracia como la horticultura, como un huerto que hay que cuidar para que dé sus frutos. Más aun en épocas como la que vivimos, en los que prosperan sentimientos y mensajes antidemocráticos, y en parte es porque antes de pasar las páginas de la historia es muy necesario leerlas.

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