Álvaro Vázquez Pinheiro y Montserrat Girón Abumalham

Unidas por Mérida (Izquierda Unida –Podemos)


El dinero no cambia a las personas, simplemente las muestra tal y como son. Este es un dicho popular que transpuesto al ámbito de la política obtendría su traducción en algo así como: si quieres conocer a un político dale una mayoría absoluta. En la ciudad de Mérida hay una norma no escrita, según la cual, todo buen alcalde debe acometer una cacicada como Dios manda. A Osuna le ha llegado el momento, y según parece no está dispuesto a dejar escapar la ocasión.

La intención del gobierno municipal de rehabilitar el Convento de las Hermanas Concepcionistas es conocida desde hace tiempo. Conocida y aplaudida. Nuestro grupo municipal apoyó la iniciativa desde un primer momento; por el mero hecho de que no había ningún motivo para oponernos; muy contrario, generar espacios públicos en la geografía de la ciudad para que gente pueda relacionarse e interactuar, es una de las premisas necesarias para crear un sentimiento de comunidad. La política es tan metomentodo que hasta puede impulsar los buenos sentimientos.

Publicado el proyecto, comenzamos a prestar atención a la letra pequeña del asunto, y ahí es cuando naufragaron las buenas intenciones. Mérida es una ciudad con uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo. Repitámoslo, del mundo. La realización de cualquier obra de demolición sobre la superficie de la que fuera de una de las principales ciudades romanas de su época, tiene que tener este hecho en consideración, y por ello, si llevas a cabo una demolición de esta entidad tienes que excavar la parcela en la que vayas a hacer la obra, en tu integridad. Así son las cosas, porque así lo manda la norma.

Ni se os ocurra meter el pico en la obra que vayas a hacer en tu casa -si vives en el centro de Mérida-, pues viene el consorcio y te la para, o peor aún: te expropia. Posiblemente, este sea uno de los comentarios más recurrentes y repetidos de nuestra ciudad. Si eres un particular y quieres derribar tu casa para construirte otra nueva deberás superar el trámite –necesario- de la realización de los trabajos que requiere la ejecución de una excavación arqueológica en tu propiedad. Y eso molesto, y también es lógico. Pero parece ser que no es igual para todos, pues el gobierno municipal no piensa así.

Para el alcalde de Mérida, la rehabilitación del Convento de las Concepcionistas no requiere ningún tipo de intervención arqueológica reseñable, faltaría más. Él, que según dicen los suyos, dirige el mejor gobierno de la historia, quiere rehabilitar el convento y construir una plaza antes de que lleguen las elecciones, y puesto que la finalización de la obra –sin excavaciones- está prevista para dos meses antes de las urnas, pues no puede perder el tiempo en excavaciones y dilaciones que le fastidien la inauguración. Ni que fuera un vecino más. ¿Cómo va a parar la construcción de una plaza para excavar unos restos romanos en una la ciudad patrimonial? Eso ni se pregunta.

El que hasta hace dos días fuera el Presidente del Grupo de Ciudades Patrimonio de España, ha decidido anteponer los intereses electorales de su candidatura, antes que proteger un yacimiento milenario. Eso es lo que está ocurriendo con la obra de las Concepcionistas.

En cualquier otra parte se daría de tortas por aprovechar la oportunidad, pero en Mérida los alcaldes son distintos y -antes que eso- mejor echamos encima el hormigón, y asunto resuelto. Poco importa si la normativa, que el Ayuntamiento debe cumplir –diga expresamente lo contrario, pues todo el mundo sabe que los miembros del gobierno no saben leer. O sí que saben, y por eso mienten.

Pero el asunto todavía se pone peor, Carmen Yáñez, la misma delegada que dirigió la gestión de la rehabilitación del Mercado de Calatrava, ha tomado cartas en el asunto y, sin siquiera conocer el contenido del recurso que hemos presentado contra el proyecto, ha afirmado que será desestimado sin reparo ninguno, (que para algo el ayuntamiento es suyo, podría haber añadido). No sería la primera vez que Osuna y su chupipandi presionen a funcionarios municipales para que un asunto se resuelva en el sentido más “adecuado”. Tengo testigos.

Por su parte, nuestros adorables amigos del Consorcio, han respondido a nuestros reparos en tono calamitoso, señalando que si se aplicara la normativa tal y como está escrita se paralizaría la ciudad. Yáñez les acompaña en el embate: protestamos porque queremos arruinar Mérida. Y así todo.

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