Rafael Angulo Sanchís

Periodista



Les tengo dicho a mis hijos que si la muerte pisa mi huerto a mí me entierren en el cementerio, con mis huesos y panza en ataúd, a la vera de mis padres y abuelos en esa especie de camarote de los Angulo que tenemos alquilado en el camposanto. He dicho la muerte porque estoy harto de eufemismos para el final de los días en la tierra y prevenciones ridículas ante el más allá. Como ridícula es la idea de evitar que los niños vayan al cementerio porque pueden traumatizarse. ¿Si ir al cementerio traumatiza qué no será disfrazar de adefesios, muertos, fúnebres, difuntos, brujas o diablos a los niños para halloween?. Algunos parecen empeñados en que visitar cementerios, hablar de nuestros ancestros o rezar por ellos pase, nunca mejor dicho, a la otra vida. De hecho, muy poca gente reza en los tanatorios y al último entierro al que fui mientras el vestíbulo y el bar estaba lleno, al lado del finado había soledad. Tenía que haber salido el ectoplasma del ataúd y hacerles ver que la muerte no estaba tan escondida como para no sentirla. Parece como que hay prisas para despachar al difunto y correr hacia el bollo porque ya no hay ni hoyo, se prescinde de tumbas o nichos para directamente incinerar el cadáver y si te he visto no me acuerdo, se esparcen sus cenizas y a otra cosa, mariposa. Eso se llama quitarse el muerto de encima. Si los romanos hubieran sido tan prácticos aquí no sabríamos nuestra historia que se ha mantenido en lápidas y tumbas como información vital, valga la redundancia. Que sí, que ya sé que al final también seré el polvo que dejan los gusanos, menos el titanio de mis prótesis que eso, como el amor, no pasará nunca, pero una cosa es morirse y no dejar ni rastro y otra que te olviden y no se acuerden de ti ni siquiera un momento, eso sí muy limpia e higiénicamente. No dejar rastro. Ni flores.

Un cementerio es triste, sí, pero allí llevamos flores como signo de esperanza. Prefiero la melancolía de mi nicho, la nostalgia de quienes allí estuvieron que, de alguna manera, resucita su recuerdo y mi cariño por ellos. ¿Dónde están? Eso está por ver.



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