Antonio Vélez Sánchez 

Ex – Alcalde de Mérida

Así lo declara, el mismo, cuando estampa su firma en la Casa de Contratación de Sevilla, documento en el Archivo de Indias, año de 1519, para enrolarse, como “barbero-cirujano”, en la expedición marítima comandada por Magallanes y rematada por Elcano y uno de los dieciocho supervivientes que regresaron a Sanlúcar de Barrameda, en Septiembre de 1522. Es la prueba más contundente, para afirmar su origen, ya que en una empresa de tal calado, respaldada y financiada por la Corona Española, mentir no tenía el menor sentido.

Cinco siglos después, el remate del origen de Hernando de Bustamante lo sella la gran Exposición, en el Archivo de Indias de Sevilla, que inauguraron los Reyes España en 2019. En ella aparece su gran retrato y el texto que lo asegura como natural de Mérida. Es de entender que los datos personales de los protagonistas, en la magnitud de aquel periplo, no pueden manejarse a la ligera, sin el rigor exigible.

Además, en el trayecto temporal que transcurre, entre aquella firma de su declaración de origen y la magna Exposición, con cinco siglos de por medio, hay muchos hitos que conviene repasar para amarrar el origen de Bustamante a la vieja Capital de Lusitania.

El primero es que, apenas un siglo después de la epopeya marítima, Bernabé Moreno de Vargas, Regidor Perpetuo de Mérida, Licenciado en Leyes por Salamanca, por tanto un hidalgo sujeto a la veracidad de sus afirmaciones, publica, con minuciosidad de datos, su Historia de la Ciudad, referencia documental imprescindible. En ella señala a Hernando de Bustamante como hijo insigne de la vieja urbe. Es de entender que, editada esa Historia en 1633, el autor está manejando datos biográficos con una inmediatez generacional casi colindante. ¿Qué hubiera ganado con mentir y no ser fiel a sus principios como fedatario ante la Historia?

El Conde de Canilleros, Miguel Muñoz de Sampedro, con toda la solvencia que se le otorga, avala y publica (ABC/28-05-1967), sin la menor concesión a la duda, que Hernando de Bustamante es de Mérida. ¿Iba a permitirse este ilustre Académico cacereño una falta de precisión al respecto?

En el mismo tenor, Edward Rosset, un especialista en temas marítimos, publica en 2001, tras minuciosa investigación histórica, “Los Navegantes”. En sus ochocientas páginas Hernando de Bustamante, señalado como emeritense y haciendo juicios sobre su Ciudad, aparece en casi sesenta de ellas. Tanto es así que después de Magallanes, Elcano, Urdaneta y Legazpi, resulta el personaje más profusamente reiterado. ¿Iba a establecerse esa contundencia sobre su origen por puro azar?

A pesar de ello se han producido recientemente extraños pronunciamientos sobre el origen del barbero navegante. El periódico Hoy publicó, el 28 de Julio de 2019, la noticia de que dos viajeros llegan a Alcantara, dando por hecho de que Bustamante es de aquella villa, y que “la placa de Sanlucar de Barrameda está confundida”. Se basaban en las investigaciones de una antropóloga de Torrejoncillo, profesora de la UEX, que afirmaba, en esa misma crónica, que llevaba treinta años estudiando la figura de Hernando de Bustamante y sentenciando (¿?) que no nació en Mérida. Parece ser que su apoyo para esa conjetura es que Hernando de Bustamante declara, para otro viaje, en 1524, que es de esa localidad cacereña, contradiciendo lo que firmó en 1519. Bustamante, persona muy inteligente, pudo pensar que la referencia de Alcántara le convenía más, para sus propósitos futuros. Tal vez porque la derrota portuguesa, en Mérida, batalla de la Albuhera de Carija, cuarenta años atrás, liquidando los derechos a la Corona de Castilla. de Juana “La Beltraneja” y su marido el Rey de Portugal, Alfonso V, aun dolía en el país vecino y a favor de Alcantara jugaba que en esa larga guerra la Orden y su Clavero habían estado cerca de las pretensiones lusitanas. Una hábil estrategia por parte de Bustamante que, como es sabido, y lo relata Edward Rosset en su novela, Bustamante se pasó a los portugueses por puro interés económico, manteniendo una estrecha y rentable amistad con el Gobernador luso de Ternate, donde el mismo se establece. Así es que esa declaración de 1524 pudo ser el mejor pasaporte para su nueva vida, junto a los portugueses y las especias, aunque pesara también el despecho con la Corona Española, que incumplió sus promesas monetarias, lo contrario de Portugal que lo acogió con los brazos abiertos.

Así es que la conclusión es muy fácil: Se ha tratado de demostrar, con investigaciones inconsistentes y correcaminos sensacionalistas, que Hernando de Bustamante no era de Mérida como el aseguró, y firmó, en la Casa de Contratación de Sevilla, en 1519, antes de arrancar la primera vuelta al mundo, como se documenta en el Archivo de Indias. Sin embargo es su declaración de 1519 es la que vale, cinco siglos después de su testimonio personal de ser natural de Mérida. No toca hablar ahora de viajes posteriores, con intereses particulares, que pudieron tener los matices propios de las empresas privadas. Por lo tanto, otro origen que no sea Mérida, para Hernando de Bustamante, hay que demostrarlo documentalmente, con la partida de nacimiento. No hay otra vía, pues cambiar las certezas que acuña la Historia no es cosa fácil. Si lo fuera, Cristóbal Colón seria español, de Barcelona, y no italiano, ya que el Almirante, de momento, sigue siendo de Génova. Y en esa misma medida, Hernando de Bustamante, barbero- cirujano de la Nao Victoria, confidente y albacea de Juan Sebastián Elcano y al que acompañó, al ser tenido por ilustrado, al encuentro con el Emperador Carlos, en Valladolid, sigue siendo emeritense, mientras no haya rigor documental que lo desmienta.

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