Fran Medina Cruz


Es cierto que cuando miramos al horizonte de nuestro pasado, lo hacemos con esa chispa de que «el pasado siempre fue mejor», y es que la mente vuela tan alto que es capaz de borrar todas las huellas que dejaron ciertos episodios nacionales, de los cuales hoy padecemos sus consecuencias. Recuerdo aquellos momentos de una recién lograda libertad, lo que no percibía era el pago que subyacía tras esa supuesta libertad. Un Régimen del 78, gobernado por las nuevas élites, familias políticas, muchas de ellas recién acomodadas desde su exilio obligado. Democracia lo llamarán.

Recuerdo un resurgir del arte, de la música, de la literatura, del cine, que regaban con un nuevo estilo, a una España perdida entre tinieblas. Nuevos conceptos, donde parecía que todo valía, aunque en lo más profundo de la sociedad todavía faltaría mucho para cambiar el hábito de una cruz demasiado grande. Costumbre de sentir la sociedad como algo familiar, inviolable y perpetuo.      Recuerdo el respeto, las costumbres sanas, la falta de empatía por la política, aunque empezaban a resurgir ideales escritos en libros antiguas que pocos entendieron, y que muchos utilizaron como biblias con las que adoctrinar a las mentes huérfanas de ideales, por aquellos entonces.

Ahora todo es distinto. La sociedad está acomplejada de si misma, de su historia. El arte es reflejo de esa sociedad, incompresible, desmotivada, acomplejada y derrotada entre tanto ideal e idealista. No hay empatía, y si mucha moda de lo estúpido. El clasismo a mutado, ahora depende de como etiquetes tus opciones de vida. El respeto se perdió entre vicios llegados con la modernidad generada con la nueva filosofía del “todo vale”.  Y uno no sabe que es peor, porque mejor no parece, si lo de antes o lo de ahora.

Lo que siento es que la libertad que nos prometieron se ha convertido en hostilidad. La mala educación está de moda, la inseguridad ciudadana, los malos hábitos, el terrorismo sistemático, el miedo circulante por las calles, la necesidad de protección a niveles que coartan la intimidad, la naturaleza agresiva de la propia conducta socio-política. Obligan a implementar una seguridad que en tiempos modernos no parece propia de una sociedad adulta, formada y exigente. ¿Y la culpa de quien es?

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