Rafa Ángulo
Periodista

In memoriam Pepe Higuero

 

La pajarita amable

 Debió ser sábado cuando Pepe Higuero llamó a casa para pedirme por favor que me acercara al Benito porque estaba por allí Sara Montiel y algo podríamos sacar. Efectivamente allí estaba la diva comiendo sardinas, aguantando las intempestivas del orondo dueño (“a ti sí que te comía”) y, al final, fumándose un puro. Y es que Pepe desde Cáceres se enteraba de muchas cosas, empezando por las políticas, que administraba con esa vis comercial y periodística en la que era único. Además, Pepe pedía las cosas por favor y ejerciendo el poder oculto de la amabilidad que le era innato. También yo creo que siendo amables se puede convertir el mundo en un lugar más feliz en el que vivir o, por lo menos, en aliviar parte de la infelicidad que existe en él. ¡Qué voy a decir ahora que Pepe se nos ha ido!. Pues diré que aún recuerdo cómo me llamó para trabajar en el Periódico Extremadura una tarde de octubre, cómo nos enseñó aquel despacho decimonónico de muebles robustos que acababa de dejar Sellers de Paz y como bajamos al Gran Café donde le regaló a Nines una rosa. Acostumbrado a Mérida el Gran Café me pareció Paris. Y Pepe un anfitrión estupendo y amable. Habló poco del Periódico y mucho de las cosas de la vida en un clima cordial y amable (lo repito porque lo que abunda con Pepe no daña). Por aquel tiempo Pepe había fichado también (por lo menos) a Sergio Lorenzo, Manuela Martín, Antonio Tinoco y al añorado ASO, Antonio Sánchez Ocaña que fue quien empezó la aventura periodística del Extremadura en Mérida. Uno, al lado de estos compañeros, hacía lo que podía. Desde aquella casa (ya no existe) de la calle San Francisco empezó el Periódico en Mérida una labor gratísima a la que se sumó Fernando Delgado al poco tiempo. Total, na. La intuición profesional de Pepe y su saber hacer debió ser muy buena pues el diario HOY de una tacada (económica fundamentalmente) se llevó a casi todos los que Pepe había traído (menos a mí). Había sembrado bien pero los frutos los recogieron otros. Los avatares de la vida nos llevaron por otro lado pero nos seguimos tratando a menudo en medio del camino, en aquellas comidas los viernes en el Canuto de Alcuescar, su pueblo. Y más lejos todavía. Aún se acuerda Juan Ignacio Barrero de aquel periplo por Montilla Moriles cuando Pepe era director del “Córdoba”, de cómo empezamos y sobretodo de cómo acabamos. Ese era Pepe Higuero, un profesional humano y, no me cansaré, amable. Hace unos meses me refrescó Miguel Ángel Muñoz (compañero, camarada, amigo) su teléfono y fue la última vez que nos dijimos “nos vemos”. Ahora que el “hasta pronto”, “hasta mañana” o “hasta la vista” tienen otra dimensión, de todo corazón, Pepe, adiós. A-Dios.

 

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