Antonio L. Vélez Saavedra


Ante el asombro de propios y extraños el Atlético de Madrid ha vuelto a quedar campeón de liga. Siete años después de la última, que también tuvo un final muy emocionante decidiéndose todo en el último partido, también este año se han puesto una vez más a prueba la resistencia de las válvulas cardíacas de los Atléticos. Bien está lo que bien acaba, y a nuestros estimadísimos vecinos de blanco darle las gracias por su participación y por dar emoción al campeonato, pero vamos que no hacía falta, que para complicarnos la vida nos bastamos y sobramos solitos.

La fórmula para la victoria de este año también ha sido la misma que el título de liga de hace siete años, fichamos a los jugadores que el Madrid y el Barsa no quieren, llámense Marcos Llorente, Luis Suárez o David Villa y con ellos las ganamos. Con ellos y con el Cholo Simeone que hace cada partido, en el pequeño trozo de césped que dejan a los entrenadores, tantos kilómetros como Koke por todo el campo.

En Mérida tenemos Peña del Atlético de Madrid, que el año que viene celebra su 50 aniversario, y la sede está en el Bar Nevado, también conocido como el ‘Michel’, y allí estuvimos con las mascarillas y las camisetas rojiblancas viviendo ese último y emocionante partido que tuvimos que sufrir como no puede ser de otro modo hasta que el árbitro pitó el final, momento en el que se desbordó la alegría de los muchos Atléticos que allí nos dimos cita. De allí en caravana de coches que acabó en el también atlético bar Cheni ‘El Capi’ para hacernos las fotos de familia, para el recuerdo de los presentes y futuros y también momento para recordar a los peñistas que ya nos dejaron, y las peñas que en otra época fueron. Peñas como la del Marcelino, o aquella más antigua en la que trabajó Pedro Gutiérrez, ‘Peíto’, el Bar Metropolitano de la Puerta de Villa, al que me llamaba mucho la atención entrar de pequeño, porque había que bajar unas escaleras, y justo en la bajada había un gran escudo del equipo, de forma similar al que hay en el estadio del Liverpool, en Anfield

Y es que en Mérida la afición y la tradición por el Atlético de Madrid no es menor, ya que tenemos insignes emeritenses que dejaron su huella en el club del Manzanares.

Uno de ellos fue Manuel Gallego Suárez-Somonte, militar del ejército del aire y que al concretarse la fusión entre el Athletic de Madrid y el Aviación Nacional se incorporó como directivo del club, conocido a partir de ese momento, y hasta diciembre de 1946, como Atlético Aviación. El 1 de marzo de 1941, al ser destinado a Roma, como agregado aéreo en la Embajada de España el hasta ese momento máximo responsable, Luis Navarro, Manuel Gallego, en ese momento Teniente Coronel, es nombrado presidente. Durante su mandato el club, todo ese período entrenado por Ricardo Zamora, ganó su segundo campeonato de Liga (1940/41) y volvió a disputar sus encuentros en el Metropolitano.

Durante la presidencia Atlética del emeritense Manuel Gallego, se realizó el fichaje de un futbolista procedente del Emeritense, de Tercera División, en el año 1943, Diego Lozano Cueto, conocido futbolísticamente como Lozano, natural de Montijo pero hijo adoptivo de Mérida, fue un auténtico atleta que se convirtió en uno de los mejores defensas que ha tenido el club rojiblanco, y de los primeros extremeños en jugar en la selección nacional y ganó un par de ligas en su época en el Atlético de Madrid.

Yo soy del Aleti quizás por azares de la vida o por cosas del destino, cumplo los años el mismo día que el del club, el 26 de Abril, y mi padre es atlético, aunque yo era muy pequeño recuerdo su enfado cuando perdimos aquella final de la entonces Copa de Europa ante el Bayern de Munich, por aquella cantada de Miguel Reina en el último minuto. La historia se repite, y soy yo ahora el que tengo que consolar a mi hijo, también Atlético perdido cuando el eterno rival nos empata en la final de la Champions de Lisboa en el último minuto, de ahí la fama de ‘los Pupas’ que siempre nos acompaña, y es por ello que los triunfos se disfrutan aún más, como decía Sabina en su himno para el centenario del club, para describir la montaña rusa emocional en la que vivimos habitualmente los Atléticos “Qué manera de subir y bajar de las nubes, ¡qué viva mi Atleti de Madrid!”

Aquí lo dejo, feliz y recuperando todavía las pulsaciones, eso sí, si algún año nos da por ganar la Champions, yo ya me borro.

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