Alfonso Valadés


De pie, de derecha a izquierda: José Quirós, Molano, Ardila, Escalera, Manga, Juan Carvajal, Salido e Hidalgo.
Abajo, de derecha a izquierda: SEVI, Paco, Cano y Ortega (+ dos peques de la pensión de Ortega)

Este caballero del deporte nació en Sevilla justo en el año 1937 en plena guerra civil. Su familia se vino para nuestra cuidad cuatro años después, en 1940. Eran años de postguerra y estrecheces donde había que apretarse el cinturón.

Se instalaron en una huerta en la zona del Albarregas, junto al acueducto de los milagros que cultivaban sus abuelos paternos, sus tíos y sus padres: Valentín Moreno Corbacho y Mercedes Diáñez Gómez. Tenía otro hermano cinco años mayor que él, también ya fallecido como era Manolo, que fue otro gran deportista hasta una edad muy avanzada, y que históricamente en Mérida ha sido un referente en el mundo del ciclismo.

Desde hacía unos años era viudo de Dª Celestina Blázquez González, dentro de la humildad que le ha caracterizado, de ahí que sus números en el mundo del futbol quizás no hayan tenido una mayor repercusión, son estratosféricos.

Y lo digo con conocimiento de causa: nunca nadie en la ahora Capital de Extremadura, ha estado vinculado al futbol 64 años, 20 como jugador y 44 como entrenador y director deportivo. (De hecho, seis capítulos que le hice en su biografía lo dicen todo).

Me toca ahora ser concreto, pero si me complace recordar el homenaje que le brindaron sus ex pupilos del CD Augusta al que también se sumaron otros ex jugadores que tuvo a lo largo de su dilatada trayectoria deportiva, fue en un conocido restaurante de la ciudad el 18-06-2016.

Es muy fuerte que casi medio siglo después se acuerden de ti, quienes por entonces eran juveniles, lo dice todo de la huella que Sevi dejó en el futbol. La gran pancarta con la que le recibieron en la entrada decía : “homenaje a nuestro míster y amigo Sevi”.

Tuvieron también el detalle de invitar al evento a todos sus familiares además de obsequiarle con infinidad de regalos, pero el más grande, sin dudad, fue el de haberlo recibido en vida.

Estuvo acudiendo al estadio municipal siendo ya octogenario a pesar de que el percance que tuvo en la cadera le hacía las cosas más difíciles, me solía comentar jocosamente que si no fuera por ese problema se venía a correr conmigo.

Todas las temporadas se sacaba su abono independientemente de la situación del equipo, el Mérida con sus diferentes denominaciones formaba parte de su vida, y desde la sabiduría que te dan los años y la experiencia, sabía que cuando más había que arrimar el hombro y tirar del carro, era cuando las cosas venían mal dadas.

Nunca estuvo en el futbol por dinero, con 14 años estaba ya trabajando, y permaneció más de 50 años en la comunidad de regante, al margen de otros pluriempleos de contabilidad que se sabía buscar. Lo de «Sev»i por el futbol fue una afición que le acompañó hasta el último día de su vida, sin importarle en exceso ni el equipo, ni la categoría, entrenaba donde lo querían, y donde él se sentía valorado.



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