Félix Pinero

Periodista y escritor


José Simón Domínguez (Cumbres Mayores, Huelva, 17/11/1929) fue el creador y director del Museo del Ferrocarril de su ciudad de residencia, Mérida, más reconocido fuera de nuestras fronteras que dentro, aun habiendo sido elegido Hijo Adoptivo de la ciudad en el año 2000 por el magnífico regalo que le hizo a la ciudad, hoy en forzada clausura por su abandono en el Centro Regional de la UNED y por las piezas que le fueron sustraídas.

En una ocasión vio llegar a un autobús procedente de Burdeos y les preguntó si venían a ver el conjunto arqueológico romano y al responderles que solo habían venido a ver su museo ferroviario, no daba crédito a lo que oyó.

Simón Domínguez realizó los estudios primarios en un colegio de Madrid y el Bachillerato Superior en el Instituto “San Isidro” de la capital. Al mismo tiempo cursó los estudios de Ayudante Técnico Sanitario en la Facultad de Medicina de San Carlos. En 1946 aprobó la oposición a factor de Renfe, siendo destinado en primer lugar a la estación de Delicias y a Madrid Atocha ya como factor. Entre tanto, creó una empresa de transportes, con tres camiones que, por diversos avatares, tuvo que abandonar. Se reincorporó como ATS en Torremayor en 1968 y, posteriormente, pasó al Gabinete Sanitario de Renfe en Mérida como ATS hasta su jubilación en 1968.

El creador del Museo del ferrocarril de Mérida considera que la ciudad no sería nada sin la creación del tren en 1866. Su vinculación con Renfe como factor y sanitario, y sus buenas manos y creatividad, le llevaron a crear el Museo del Ferrocarril tras varios años de trabajo. Abierto al público desde el 2 de mayo de 1991, su objetivo fue poner al alcance de jóvenes y mayores la atracción que generalmente se siente por el ferrocarril. Dos veces fue a Andorra a comprar material, otra vez a Córdoba y Sevilla para que le arreglaran un extintor de incendios del siglo XIX.

El museo realizado por José Simón fue abierto al público el 2 de mayo de 1991. Consta de una gran maqueta de 50 metros cuadrados, construida por él mismo. Tiene 248 metros de vías, cinco circuitos, ocho estancias, cuarenta composiciones de trenes desde los más modernos (AVE) hasta los más antiguos y locomotoras de todos los tiempos; 1.600 personajes y unos 300 animales, 220 edificios, 1.400 árboles, montañas, lagos, ríos, parques y jardines. La parte museística dispone de piezas altamente valiosas, completamente auténticas, que fueron utilizadas por los ferrocarriles de las distintas compañías que componían Renfe.

A comienzos de 2019, el alcalde de la ciudad indicaba que se había encargado a una empresa el proyecto de mejora para renovar las piezas y arreglar el sistema eléctrico. La puesta en funcionamiento y reapertura al público de la maqueta del Museo fue una de las peticiones más demandadas no solo por algunos vecinos de la ciudad, sino por algunas formaciones políticas, que solicitaban que se volviera a poner al servicio de la ciudad. El alcalde indicaba que había encargado a una empresa el proyecto de mejora. Sobre las piezas desaparecidas (cuyo paradero se ignora), indicó que se habían comprado algunas de ellas, aunque no sabía ni adelantaba cuánto iba a costar, y cifraba la limpieza y compra de piezas para la maqueta en unos 6.000 euros…

Nada de esto se puede creer su creador, que lo da por perdido. Solo recuerda a un concejal, a una funcionaria y a quien cuidó de él durante mucho tiempo y que tanto se esforzó por mostrarlo a cuantos acudían a verlo en funcionamiento. Le pusieron una calle a su nombre, copia de cuya placa guarda en su casa. Para nada cuentan ya con él. Su Museo que era para Mérida, lo considera perdido, confiesa mientras te muestra un video de las piezas principales y su funcionamiento… Una vez fue a verlo y vio a dos mujeres que hacían, por encargo municipal, el inventario… Le preguntaron quién era y dijo que su creador. El Museo Ferroviario está cerrado a cal y canto en la UNED. Una directora del centro mostró su asombro cuando lo vio funcionar. Nada volverá a ser lo que antes fue, se lamenta su creador, no solo por los años dedicados a su construcción, sino por el valor de las piezas perdidas o robadas. Nadie quiso denunciar nada, como si las joyas se hubieran esfumado, caídas en el olvido o llevadas por el viento… Simón, sin perder la pasión por el ferrocarril, ha perdido la fe en el futuro de su obra, como si Mérida le hubiera dado la espalda a su Museo, tantos años después de su reconocimiento, de lucha y esperanza por ver realizada su obra, el pueblo que fue lo que es por el ferrocarril; de lo contrario, sería el pueblo en que devino de su gloria dormida del pasado.

 

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