Álvaro Vázquez y Monserrat Girón

Concejal y Concejala de Unidas por Mérida (IU-Podemos)


Que la crisis económica galopa sin freno hasta meterse en la cocina y la despensa de muchos hogares no es precisamente algo con lo que ya podemos sorprender a nadie. Eso sí, hay algunas reacciones que son novedosas, y algunos aspectos que a pesar de no serlo se presentan como si lo fueran. La necesidad de aumentar el gasto público, las prestaciones sociales, los programas públicos de empleo y un incremento de la presencia de los poderes públicos en la economía parecen ser algunas de las recetas que, con o mayor o menos énfasis se presentan como una necesidad, incluso entre los partidos de la derecha.

Eso si bien resulta nuevo para algunos, no resulta del todo sorprendente, pues es el modo por el que habitualmente se ha salido al paso en el conjunto de las economías capitalistas. Los que hemos defendido con anterioridad este tipo de cuestiones, y muchas otras, creo que íbamos por el bueno camino, pero desde luego tampoco es que hubiéramos descubierto la rueda.

Lo novedoso de este asunto, -y que a nuestro entender es lo verdaderamente importante- son los motivos por los que la mayoría de las fuerzas políticas entienden que hay que adoptar estas medidas ahora, y no antes. El motivo es la excepcionalidad del momento.

La paralización de la economía puede llevarnos a una grave crisis sin precedentes, se afirma. Las personas que defienden esta postura parecen no darse cuenta de que el número de parados en Mérida en mes de febrero, antes del dichoso covid-19, era escandaloso, el número de familias sin ingresos, poco menos que insostenible, el impago de facturas de servicios básicos para las familias supone un problema más que serio; pero por algún motivo todo esto no era motivo suficiente para se hubieran puesto en marcha las medidas que se proponen ahora.

¿Cuál es el motivo por el que ahora debemos intervenir en la economía con más decisión, y no hace tres meses cuándo en nuestra ciudad teníamos cerca de 6000 personas sin trabajo? Muy sencillo, para la mayoría de los cargos públicos de nuestra ciudad, la (dramática) situación social que sufría nuestra ciudad se entendía como la normalidad. Es decir, para buena parte de los cargos públicos de nuestra ciudad, la pobreza, el paro, el deterioro de las condiciones de vida, o la exclusión social son cosas que pasan mientras la vida sigue su curso, por eso no hay que dedicarle más atención que la imprescindible para cubrir el expediente.

Hay cargos públicos de nuestra ciudad que consideran que el deterioro de la situación económica de  nuestra ciudad obedece a una coyuntura excepcional, y esto, en una ciudad que en desde hace décadas sufre unos índices de desempleo de carácter masivo que bien podrían calificarse de pandémicos.

¿Cómo es posible que esto ocurra? Se llama extracción social de origen. La inmensa mayoría de las personas que forman parte del pleno municipal, sino todas, pertenecen y han nacido en el seno de las clases medias, y por tanto, su forma de ver las cosas y el modo en el que se determinan sus prioridades está condicionado por un entorno de relativa seguridad económica y comodidad material. Las personas formamos nuestras opiniones sobre la realidad en base a diferentes criterios, y entre ellos, la información que nos proporciona nuestro entorno más inmediato y aquella que conseguimos gracias a las cuestiones hacia las que dirigimos nuestro interés. Esa es la explicación. Los cargos públicos no son seres sin corazón que permanezcan impasibles ante el dolor ajeno. No es eso. Los cargos públicos que forman parte del pleno de la ciudad de Mérida no son conscientes del tremendo dolor que soporta nuestra ciudad, simplemente porque sus vidas transcurren por derroteros muy diferentes de aquellos por los que transitan los que pero lo están pasando desde hace tanto tiempo. Y como muestra un botón: el gasto social del ayuntamiento de Mérida, tras diez años de crisis económica, se sitúa apenas en el 50% de la media del gasto de los ayuntamientos españoles. Repito: 50% por debajo de la media.

Conclusión: los que consideran que la crisis que viene tiene un carácter excepcional tienen la nariz metida en el ombligo desde hace mucho tiempo; las consecuencias y el dolor generados en amplias capas de la población no son un elementos sustancial a la hora de realizar sus diagnósticos sobre cual es el la situación de la ciudad de Mérida; y finalmente, la autocomplacencia y el egoísmo de aquellos que no sufren la crisis se traduce en ceguera, y cuando la sufren los cargos públicos, en ceguera institucional.

¿Os acordáis del “No me representan?”

 

 

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