Pedro Acedo 


Hay que reconocer que los mercados o plazas de abastos ya no son lo que eran y, sobre todo, perdieron el fin público que tuvieron hasta hace cincuenta o sesenta años, esto es : facilitar a los vecinos de cada pueblo la compra de productos esenciales como la carne, el pescado, la fruta , la verdura…

Pero llegaron los productos congelados y los frigoríficos, las tiendas y los grandes supermercados y la gente, en general, dejaron de comprar en las plazas de abastos. En Mérida y en toda España. Se cerraron miles. El resto se han transformado, en muchos casos en mercados gastronómicos, o sea se han reciclado para sobrevivir, el consumidor puede comprar los productos perecederos o tomárselos allí mismo.

Hay muchos pero, posiblemente el más conocido sea el Mercado de San Miguel, en pleno centro de Madrid; incluso en Europa ha pasado lo mismo, en Lisboa está también el Time Out Market, la misma filosofía gastronómica pero cuatro veces más grande que el de San Miguel. La fórmula funciona en la mayoría de las ciudades. Sobre todo si el mercado está en el centro, es una ciudad turística y es un edificio histórico. Precisamente lo que tiene Mérida.

Aquí, desde el siglo pasado, tuvimos dos plazas de abastos, la de Luis Chamizo y la de Calatrava. La primera me tocó a mí negociar su cierre con los últimos cuatro autónomos que quedaban. Ya no era viable de ninguna de las maneras. Ni para el Ayuntamiento ni para ellos. La verdad es que me dio mucha pena; se indemnizó a los cuatro vendedores y construimos una coqueta plaza que le pusimos el nombre del poeta de Guareña que daba nombre al mercado. En este caso, por la fealdad extrema del edificio y por su ubicación, era más que obvio que no procedía la transformación en mercado gastronómico.

Valga esta breve reseña, por otra parte conocida por los p emeritenses, para ponernos en situación y como vecino pedir explicaciones al Gobierno municipal por el cambio de decisión, para mí incomprensible, de renunciar a la puesta en marcha de un mercado gastronómico, (que ellos, exclusivamente decidieron y resaltaron) cuando ya estaba adjudicada e iniciada la obra, -aunque paralizada- para construir un “espacio”, según dice el gobierno municipal, de ferias ? y no se qué de cultura o multiusos?

Huele a huida bochornosa. Da la sensación de que el negocio estaba diseñado para amigos y cuando estos fallan, destruyen todo. Si el proyecto era fantástico según Osuna publicitó mil veces; seguirá igual, sean los que sean a los que se les adjudique el proyecto.

Hablando claro: la renuncia del Gobierno Municipal, del alcalde o de quien haya decidido acabar con el Proyecto del Mercado gastronómico adjudicado a la empresa Larry Smith me parece estrafalario, esperpéntico, inexplicable e inexplicado. No entiendo nada de lo que está pasando; como creo que les ocurre a la mayoría de los emeritenses. Todo, a pesar de llevar tres años con el Calatrava cerrado y los empresarios que vivían de sus pequeños negocios expulsados de sus puestos trabajos y con las promesas de que podrían volver a vender allí sus productos en dos años. Todo parece una gran mentira y además les dicen ahora que reclamen “al maestro armero”.

Y hay que reconocer que al Calatrava, le pasaba lo que a tantos otros mercados, ya lo explico al principio; además este edificio inaugurado en 1887 sobre un solar que sustituyó a la iglesia del Convento de San Francisco, tuvo varias reformas, la última y más profunda, hace 35 años no funcionó; el arquitecto diseñó un proyecto, sobre todo incómodo para compradores y vendedores y poco a poco fue languideciendo. La reforma, después de dos años cerrado, nació muerta en palabras de las más de 60 familias de autónomos que trabajaban y vivían de la Plaza. Fue el principio del fin.

Pero es obligación de los gobernantes municipales buscar soluciones a los problemas de los vecinos. Y es verdad que mi gobierno apostó por un modelo similar al elegido posteriormente por los actuales gobernantes, no digo que nos copiaron, pero casi. De hecho tuvimos muchas reuniones con Mercasa para que nos ayudara a la conversión del mercado tradicional por otro moderno y gourmet. Mérida, su ubicación, turismo, etc., reunía las condiciones ideales para tener aquí un pequeño “San Miguel “. Nos proporcionaron proyectos en ese sentido y nos aportaron toda su experiencia para la reconversión del Calatrava. Perdimos las elecciones y no pudimos continuar con la idea.

A todo esto, ya en 2015, el nuevo gobierno socialista, decide abordar una idea similar a la relatada anteriormente. Vale. A mí, personalmente, me pareció bien en el fondo, al fin y al cabo era nuestro proyecto. Pero no en las formas. Decidieron una manera de adjudicar que a pocos convencieron; hasta sus similares ideológicos de I. U. lo criticaron; la sensación de adjudicación a dedo era más que evidente.

Y lo que parece incomprensible es que, si todo era tan bueno para el gobierno municipal , y así lo vendieron mil veces ¿qué ha cambiado para que ahora no siga siéndolo?. Si era verdad que el nuevo Mercado gourmet iba a ser fantástico, no tiene sentido abortar todo porque los adjudicatarios no hayan cumplido con el Pliego de Condiciones. Cuando esto sucede se rescinde el contrato y se adjudica a otros empresarios, esto ocurre a veces. Lo que no tiene explicación alguna es cargarse radicalmente todo el Proyecto.

A todo esto, a los antiguos vendedores del Mercado, les dan una patada en el trasero. Nada de lo que les prometieron ha sido cierto. Y lo peor, el Ayuntamiento se lava las manos, los abandona y le echa la culpa del desastre a los fallidos amigos de la concesión, Larry Smitch. Una pena.

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