Agustín Plaza Aguado


Con la pandemia se puso en práctica de forma masiva el teletrabajo, algo que hasta entonces era anecdótico , el COVID sirvió de acelerante obligado para lo que parecía un cambio en el paradigma laboral y la implantación del gran cambio del siglo XXI, pues parecía evidente que trabajar desde casa además de cambiar la vida de la gente , cambiaría conceptos básicos como las relaciones laborales , las relaciones familiares , obligaría a redefinir las relaciones con clientes y proveedores , así como la relación de las administraciones con los administrados , incluso podría contribuir a la reorganización demográfica de este país , en definitiva el teletrabajo nos iba a cambiar la vida .

Una de las primeras cuestiones a solventar era la normativa , los aspectos legales y de adaptación de la normativa laboral , en cuestiones como seguridad y salud laboral , deberían dar cobertura en tiempo récord a la nueva realidad , pues aunque ya existían normas básicas , faltaba jurisprudencia y ni los sindicatos ni la patronal alcanzaban a ver la dimensión que esta práctica pudiera llegar a tener en la problemática laboral, de hecho apenas está regulado, no estando considerado en la mayoría de los convenios, aunque ya se empieza a incorporar .

Otra cuestión básica a resolver era la tecnológica, lo más fácil eran los equipos y herramientas informáticas, pese a que las empresas tenían que hacer un desembolso económico, que algunas intentaron derivar al empleado, lo más complejo era y sigue siendo la calidad de la conexión a Internet y el riesgo de sufrir ciberataques.

Obviamente la puesta en práctica de manera forzada y con urgencia de algo de tanta trascendencia ha facilitado abusos y malas prácticas tanto por parte de las empresas y administraciones como por parte de los empleados , así, la banca lo ha utilizado para cerrar oficinas acelerando su estrategia de optimizar la red comercial sin importarle la exclusión financiera del mundo rural y de la tercera edad , la administración y las grandes empresas lo han usado para reestructurar sus organizaciones y los servicios de atención al ciudadano , derivado de ello , se ha generalizado la cita previa y se ha perjudicado seriamente la calidad y agilidad en la prestación de servicios .

La incompetencia, ineptitud, falta de adaptación, los abusos, las malas prácticas y en otros casos, el sentido común, se han unido para limitar la implantación masiva del teletrabajo, desarrollándose más en las administraciones públicas y en aquellas empresas vinculadas a nuevas tecnologías, también en las grandes empresas que ya habían iniciado esta implantación antes de la pandemia, pero no se han conseguido implantaciones significativas en la empresa privada.

En cuanto a las Administraciones Públicas los datos difieren según las fuentes consultadas algunos hablan de que tan solo un 2% de empleados públicos están en teletrabajo otras fuentes elevan la cifra hasta un 10%, sea como fuere, lo cierto es que en el ámbito público , en estos 3 últimos años, se deberían haber estudiado profundamente las necesidades, la calidad de atención y asistencia al contribuyente, todo ello unido a la realidad laboral de los empleados de la administración, para aprovechar el teletrabajo en pro de la mejora de los servicios públicos, lamentablemente esto no solo no se ha producido , sino que en general los servicios públicos han deteriorado la calidad y cantidad de los servicios prestados al ciudadano , sirva como ejemplo la nueva locura de la Sra Ayuso de intentar que los médicos madrileños diagnostiquen y atiendan por medios audiovisuales a los pacientes, en este caso el teletrabajo sirve exclusivamente para tapar la incompetencia y para dar otro paso más en pro de la privatización de la sanidad pública .

En nuestra región la realidad no difiere mucho de la del resto de la España periférica, en las pymes no tiene presencia el teletrabajo, en las Entidades financieras ha servido para el cierre masivo de oficinas, especialmente aquellas de ámbito nacional que contaban con mayor implantación en los entornos rurales , en las distintas administraciones, a nivel municipal la implantación es mínima pues la cercanía al ciudadano y la falta de medios y condiciones han obligado a mantener la actividad presencial e incluso van eliminando la obligación de la cita previa , convencidos de que en la mayoría de los casos en vez de servir para una mejora en la organización y distribución del trabajo ,solo se conseguía ralentizar las gestiones , alargar los tiempos de espera , empeorar la calidad y cantidad de gestiones y provocar un descontento generalizado.

A nivel de la administración autonómica, en educación tan solo las direcciones provinciales y en algún servicio central de la propia Consejeria ha tenido incidencia, en ningún caso en los centros escolares , en sanidad , el COVID puso de manifiesto las carencias , que crecen mes a mes y que con la incorporación de consultas telefónicas no están consiguiendo apenas ninguna mejora , deteriorándose la calidad de la atención , aumentando las listas de espera , manteniendo una nefasta política de gestión de los médicos residentes y poniendo de manifiesto la urgencia de realizar una auditoría de gestión que ponga orden y ayude a gestionar lo que los responsables políticos de la sanidad extremeña no han conseguido, con un análisis detallado y público de las cantidades que desde el entorno público extremeño van a parar a manos de empresas privadas del ámbito sanitario .

En el resto de consejerías, cuyos servicios están mayoritariamente centralizados en Mérida, la implantación es mayor, lamentablemente en relación directa a la inoperancia y falta de productividad, porque siendo el teletrabajo una solución y una opción de mejora, su implantación se ha desvirtuado, sirviendo en muchos casos para dar cobertura a aquellos empleados con menor rendimiento y productividad.

La realidad demuestra que aprovechar una situación caótica como la provocada por la pandemia para introducir cambios estructurales de gran calado , no es la vía más razonable , después de un crack mundial como ha sido el COVID, las sociedades deben recuperar el equilibrio y una vez estabilizadas, será el momento de introducir y desarrollar cambios como la implantación del teletrabajo.



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