LA PIEL DEL OSO


Fran Medina Cruz


Es costumbre por estas tierras españolas, vender la buena nueva antes de tener la certeza de que esta sea realidad, y más aun cuando la falta de buenas noticias es, desgraciadamente, lo normal. Por lo que es normal caer en lo que el refranero ya nos advierte con la frase “no hay que vender la piel del oso antes de haberla cazado”. Esta expresión española de hoy, está dedicada a aquellas personas que dan por hechas cosas que todavía no se han cumplido, pero que sin embargo actúan como si estuviesen hechas. La realidad nos demuestra que no siempre se cumplen nuestras expectativas y como el refranero español es un sabio consejero, también se inventó una frase para esas situaciones. ¿Y por qué digo esto? Pues porque aun recuerdo como en no mucho tiempo atrás se nos ha estado vendiendo noticias como la del Corte Ingles, la de los centros comerciales en los terrenos del antiguo cuartel de Artillería, y otros terrenos de la zona norte y polígono. La promesa de la implantación de diversas grandes empresas como ahora caigo en el recuerdo la de IKEA. En fin dádivas que se quedaron en subconsciente de unos políticos que no sabían que más contar para alegrar a una sociedad que veía como su ciudad se empequeñecía industriálmente, quedando para el recuerdo aquellos maravillosos años de la Mérida Industrial que tanto nos dio, y la que tanto echamos de menos.

Ahora veo con sorpresa como se nos vuelve a regalar esa piel del oso con nuevas promesas; una especie de Plan Marshall con turbante, una azucarera que me temo que solo endulzará los egos de nuestros políticos y los pensamientos de los ciudadanos ilusos y necesitados de azúcar.

¡Hechos! amigos gobernantes, hechos y no palabras necesita Mérida. Nunca se vivió de ilusiones y aunque la esperanza es lo ultimo que se pierde, -¡por dios!- dejémonos de promesas y guardemos las buenas noticias para cuando el primer ladrillo este puesto. Que se me retuerce el alma pensando que la segunda fuente de negocio, la primera es el turismo, en nuestra ciudad son los bazares chinos, y -¡Si!- dense una vuelta y cuenten, cuenten cuantos de estos negocios pululan por nuestra ciudad, cuantos grandes almacenes, y cuantos se seguirán estableciendo. Pena me da saber que una ciudad tan importante tenga una industria del comercio de tan poco valor añadido, eso dice mucho de la situación económica de sus habitantes, y la de la propia ciudad.

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