opinion felixFélix Pinero

Periodista y escritor


 

Cuando el líder de Podemos, Pablo Iglesias, dijo aquella célebre frase de que «el cielo no se toma por consenso, se toma por asalto», en la asamblea ciudadana celebrada en Vista Alegre (Madrid) para construir su columna vertebral como partido, no pensaba ni en las líneas rojas ni en los vetos cruzados de los partidos que dieron al traste con las elecciones del pasado 20-D (elperiodico.com, de 18/10/2014), sino en su claro objetivo de alcanzar la Presidencia del Gobierno; pero el camino no fue de rosas, ni hay autopistas para el cielo, ni hubo voluntad de consenso, empezando por ellos mismos. Su «gobierno en la sombra» se quedó en la sombra y su arrogancia dialéctica le hizo levantarse de la mesa sin negociar nada con quien deseaba. Todo por las líneas rojas y los vetos recíprocos. No hay, pues, segunda vuelta porque usted no se hubiera podido presentar: son nuevas elecciones, le guste o no; y para lograr un peldaño más, consigue pactar (el pacto del botellín) con quien no pudo o quiso antes para sumar y acercarse más a su objetivo de quien «quiere cargárselo todo» y «volver a la hoz y el martillo»  (Albert Rivera, líder de Ciudadanos, en las jornadas del Círculo de Economía de Sitges, el 27/05/2016). De haber existido la segunda vuelta en España, Rajoy hubiere obtenido el 53,8 por ciento de los votos y Pedro Sánchez, el 51,5 por ciento, y no habría votado el 37,1 por ciento (encuestamos.com, de 09/02/2016).

            Aunque los líderes políticos se muestran partidarios de formar gobierno cuanto antes y de pactar con quien sea, no todo el monte es orégano. Nada es como se imagina, ni las encuestas no dan, a veces, en el clavo apetecido. El presidente en funciones y del PP, Mariano Rajoy, lanzaba un «misterioso y sorprendente mensaje de precampaña»: un rectángulo blanco en cuyo centro aparecía una línea horizontal de color rojo (elconfidencial.com, de 30/05/2016). Así veía él la situación política; pero, más tarde, el partido indicaba que no tiene ninguna línea roja tras las elecciones del 26-J, porque son «un muro que lo detiene todo» y «España necesita seguir avanzando para caminar hacia un futuro mejor para todos» (Íbid.). Son los otros quienes están contra él y no desean verlo al frente del Gobierno, aunque gane, lo que equivale a ignorar a los 7. 215.530 españoles que le votaron el 20-D (el 28,72 por ciento frente al 22,01 del PSOE, al 20,66 de Podemos y al 13,93 de Ciudadanos).

            Pedro Sánchez (PSOE), jefe de la oposición hasta el momento, llamaba a Iglesias a dejar sus «vetos» y animaba a Rivera a borrar sus «líneas rojas» y emplazaba a socialistas y Ciudadanos al pacto a tres (europapress.es, de 12/04/2016) para poner fin al gobierno de Rajoy; es decir, que el líder del PSOE no se mueve de su sitio; pero eso lo decía antes de que terminara la XI Legislatura (el 3 de mayo pasado). A finales de mayo, y ante el Círculo de Economía, prometía que no habrá unas terceras elecciones y que negociará sin vetos, aunque precisara que «él aspira a gobernar con las fuerzas del cambio, de las que excluye al PP», aunque contemple acuerdos con ellos «en cuestiones cruciales para las reformas que necesita España» (diariocritico.com, de 27/05/2016). Es decir, por un lado afirma que «no va a vetar a ninguna fuerza», y comienza vetando al previsible ganador de las elecciones, como en diciembre pasado. Craso error del PSOE, que tendrá muy difícil pactar con Podemos, si también hace caso a lo que le dijo el Comité Federal del 28 de diciembre de 2015: votar en contra de Rajoy y a favor del cambio, y consideró innegociable «cualquier planteamiento que conduzca a romper con nuestro ordenamiento constitucional y que amenace la convivencia lograda por los españoles durante estos últimos 37 años». Difícil se lo va a poner quien se levantó de la mesa y aspira a conseguir  lo contrario que pregona su partido. Y nada de que gobierne el partido más votado, como le pidió el presidente del Círculo, porque «no tiene ninguna intención de permitir, con la abstención del PSOE, un gobierno del PP, y ve ciencia-ficción que el PP lo haga con el PSOE» (libertaddigital.com, de 31/05/2016). Sánchez sale a ganar las elecciones y marca de antemano el terreno de los juegos de pactos, y fija seis líneas rojas o «principios irrenunciables» para cualquier entente con las dos fuerzas del cambio, entre las que incluye el no al referéndum en Cataluña. (elconfidencial.com, de 26/05/2016), una cuestión clave para Ferraz, ante la que desea que Iglesias se retrate.

            Albert Rivera (Ciudadanos) se propone pactar para «evitar populismos» y aboga por una unión entre los partidos que quieran reformar España» con el objetivo de hacer frente al auge del populismo. «Ojo con no renovarse, porque entonces viene el populismo», que en España encarna Podemos, según advirtió ante el Círculo de Economía, y que asimila a Donald Trump en Estados Unidos, a Marine Le Pen en Francia y a Alexis Tsipras en Grecia (elconfidencial.com, de 27/05/2016) y  cree que la incompatibilidad con los podemitas no es por su defensa de un referéndum en Cataluña, sino por su modelo económico. Para Rivera, si su partido es decisivo, «habrá gobierno» y aboga por reformar, pero no pisotear el marco constitucional» (elpais.com, de 30/05/2016) y pone como ejemplos las reformas de Tudor en Canadá, Renzi en Italia o Valls en Francia, y subraya su deseo de no pactar con el modelo económico chavista (elespañol.com, de 27/05/2016); pero Rivera también tiene una obsesión con  Rajoy y dice que no aceptará que «nadie ponga su silla» como condición. «Que nadie piense más en su silla que en su país. A ver si el cambio en España va a depender de la silla de un presidente o de un vicepresidente», afirma rotundo (publico.es, de 27/05/2016). «Es imposible enfadarse con Rajoy, pero me saca un poco de mis casillas», decía ayer en un programa televisivo con niños, «porque yo soy de acción y un poco hiperactivo y a él le cuesta un poco más» (el mundo.es/españa, de 02/05/2016).

            Ningún líder es más que otro ante el electorado para decirle al resto quién debe ser el suyo en un momento en que el 26-J «va a determinar de manera clara cuál va a ser el rumbo que tome nuestro país para las próximas generaciones», afirmaba Pedro Sánchez al presentar sus seis líneas rojas (elconfidencial.com, de 26/05/2016).  Rajoy insiste en la gran coalición, incluso si sumara la mayoría absoluta con Rivera y ofrecerá un pacto como lo hizo el 20-D, con el PSOE incluido. En la porra de algunos ministros del Gobierno, le dan al PP 135 escaños, 85 a Podemos, 80 al PSOE y 35 a Ciudadanos (politica.elpais.com, de 02/06/2016). Algunos no aprenden de nuestro entorno político y hasta que no llegue el sorpasso no se acordarán de sus yerros, entre los que no debe haber «líneas rojas» ni «vetos» a nadie, dado el futuro que no puede esperar. (Íbid.) Y antes está la tierra que el cielo, que el electorado no les ha prometido. Y como decía Vargas Llosa, «sería una tragedia que hubiera un retorno a las viejas ideas del caudillismo», en referencia a Podemos (infolibre.es, de 14/12/2014).

 

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