Cristina Martín Sánchez

Concejala del grupo Municipal de  Ciudadanos en el Ayuntamiento de Mérida


Quien nos iba decir a comienzos de 2020 que se avecinaba una serie de acontecimientos que sacudirían nuestra vida de la noche a la mañana. Tras sufrir una pandemia mundial, con la que seguimos luchando, un volcán en erupción que se llevó por delante las vidas de muchas personas en la Palma, y muchas otras vivencias, llega la invasión de Rusia a Ucrania, la cual ha puesto en jaque a toda la comunidad internacional. Día tras día mueren civiles inocentes, y miles de familias quedan separadas por una frontera, mientras se preguntas si algún día podrán volver a sus casas, o directamente, si quedará casa a la que volver.

Poco es lo positivo que podemos sacar de una atrocidad como esta, pero si hay algo de lo que debemos estar orgullosos como seres humanos, es la solidaridad. Se basa, según su definición más exacta, en ayudar a alguien en una situación complicada sin esperar nada a cambio. Pero realmente sí recibimos algo, y es la satisfacción especial y personal por apoyar a otra persona. Todos habremos sentido esa sensación o una envidia “sana” al ver que otro ha hecho una labor solidaria y se siente bien, y tú quieres sentirte igual. Gracias a nuestra forma de ser, todos somos capaces de ser solidarios. Dicen que todos los seres humanos llevamos innato el gen de la solidaridad, y esto nos confirma que tanto el amor, como la felicidad, la solidaridad, etc. están ahí siempre, desde que nacemos.

El problema llega cuando nos damos cuenta de que la palabra solidaridad está perdiendo su sentido más profundo. Aunque tenga que ver con la empatía no es lo mismo: la solidaridad se basa en la empatía, pero también se basa en muchas cosas más, como la justicia, los derechos humanos y la paz. Cada pequeño acto cotidiano debería reflejar nuestro compromiso con el bienestar del otro.

El gran problema es que esta crisis está siendo la justificación para muchos actos de insolidaridad, porque se habla de solidaridad ante la crisis, pero hay que hablar también de crisis de la solidaridad, ya que la pandemia ha generado al mismo tiempo grandes reacciones insolidarias.

Aún estamos a tiempo de cambiar. Siempre nos han dicho que tenemos que sacar el mejor lado de nosotros mismos, que tenemos que mejorar día a día para que el mundo sea mejor. Esta vez, cuando veas un acto solidario y te salga esa “envidia sana”, no te quedes pensando que lo deberías hacer y hazlo, actúa, por ti y por los demás.

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