YO ESTUVE ALLÍ


Luis Cuervo Maldonado


 

Mayo, mes de las flores. ¿Recordáis cuando decorábamos sillas pequeñas con flores y todos los abalorios que encontrábamos? Nos poníamos en la puerta de casa solicitando al que pasara que nos echara unas moneditas, y el “dinerito recaudado” sería una buena ayuda para el mes de la transición hacia el verano. Finalizaba el invierno y con ello los guateques, para dar paso a la calle, las plazas, los parques… las terrazas (los pocos guateques que hacíamos eran más íntimos).

Era el momento de ir al Parque de La Rambla a tomar algo fresquito, en “Los Espumosos”, en el quiosco que había donde está ahora la estatua de Santa Eulalia, o un “raspao de fresa o menta”, “ un polo de coco o de limón”, (cuando los chupabas salían cachitos de coco o limón), mientras mirabas el sitio por donde podías colarte al baile con orquesta o grupo que actuaba en la pista de patinaje del Parque Infantil: la orquesta Pasadena o la orquesta Avenida.

Recuerdo las compras de “ropa nueva” en la Giralda, la Campana, Luis Diez, Almacenes de las Heras o Tejidos Fontán. Era la fecha para comprar las telas con la que nos realizarían los trajes para las comuniones de la época o los bailes nocturnos. Por supuesto no puedo olvidar que por entonces estábamos a la caza de los “nuevos vaqueros”: Rock, Lee; Lewis…Cada uno te sentaban de distinta manera, pero lo que tenían todos en común es que se abría la cremallera de la bragueta, teníamos que ponerle un clips cogido al botón de la cintura. Recordáis aquellos polos ajustados de flores margaritas, que cuando entrabas en “la Herradura” se transparentaba todo lo que llevaras debajo, con la luz negra o ultravioleta. A la hora de comprar los zapatos no había duda a “Manchón” a por los zapatos Gorila.

Tampoco nos faltaba la lectura de novelas del oeste y para las chicas las de Corín Tellado. Las podías comprar en el quioscos de “Llanos” en la Plaza de España, en el de “Guatemala” en la Plaza de Abastos, en “Vadillo”, “Cascón Chito”, o en el quiosco del atrio del colegio Calvario, allí también te cambiaban las novelas por otras. No puedo dejar pasar por alto las dos tiendas más significativas de música en la ciudad: el “Paraíso del Disco”, donde el amigo Ignacio Pérez o Pepito te vendían todas las novedades y la otra el “Sanatorio de la Radio”, allí la gran Pauli te ponía al día con la música más selecta.

Como olvidarme de “Deportes Agustín” siempre nos mantenía informados del “Imperio”, y justo enfrente los “futbolines de Colomo”, donde no podía faltar la partidita a las maquinas, el billar o los futbolines. Si querías cambiar de ubicación subías hasta la Puerta de la Villa, donde estaban los otros “futbolines”, y aprovechábamos para degustar algún pastelito de “Peña” o “Gutiérrez.

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