Álvaro Vázquez Pinheiro y Montserrat Girón Abumalham

Unidas por Mérida (Izquierda Unida –Podemos)


En días como estos el calor se convierte en una de las conversaciones recurrentes para cualquier persona que viva o visite nuestra ciudad. Cómo combatirlo, los efectos del aire acondicionado, la mala suerte de los que visitan Mérida en plena ola de calor…. Cosas de esas. La conversación del calor siempre está impregnada de un cierto grado de resignación, pues damos por hecho que poco se puede hacer frente a los rigores del verano emeritense; es más, en la inmensa mayoría de las ocasiones los comentarios se limitan a la esfera de la vida privada y el modo en el que cada una de nosotras intentamos zafarnos de los efectos de la calima y poco más.

Lo cierto es que lo anterior no es del todo exacto. Sí puede hacerse algo, lo que ocurre es que no lo puedes tú. El diseño de una ciudad también comprende la planificación de los aspectos que pueden determinar el uso de los espacios públicos. La climatología es un buen ejemplo de todo esto.

Efectivamente, no podemos evitar que se eleven las temperaturas hasta los 40 grados o más, pero lo que sí deberíamos plantearnos es cuál es el modo por el que podemos hacer más practicable una ciudad como la nuestra cuando los termómetros baten records. La solución es la siguiente: más árboles.

Mérida es la ciudad con más metros de zonas verdes por habitante de Extremadura, y eso seguro que ayuda. Precisamente por eso no deja de llamarnos la atención la escasez de arbolado en las vías públicas de nuestra ciudad, que bien ayudarían a reducir la temperatura que deben sufrir sobre todo los que no se desplazan en coche.

Un incremento sustancial del arbolado en Mérida haría que la ciudad fuese mucho más habitable, se embellecerían las calles y haría posible que más de uno abandonara el coche para poder desplazarse andando, que de sostenibilidad también va la cosa.

Hasta la fecha, en varias ocasiones se han propuesto iniciativas al respecto, sin que ninguna llegase a buen puerto. Nuestro grupo municipal llegó incluso a plantearlo en un acuerdo presupuestario, incorporando una partida para incrementar el arbolado a través del centro de empleo de “La Encina”, pero al final la cosa acabó en poco, pues apenase se gastó un 20% del dinero presupuestado para tal fin.

Recientemente, el gobierno municipal ha aprobado una medida incrementar los fondos destinados a tal fin, el mismo gobierno que no ejecutó el acuerdo presupuestario al que hemos hecho mención, por lo que podemos permitirnos poner en tela de juicio la convicción de un gobierno que sugiere una medida que anteriormente no se molestó en ejecutar, incluso con un acuerdo de por medio.

En realidad, lo más significativo de la cuestión es que todas las personas que sufrimos termómetros de vértigo sabemos que esa es una de las soluciones; es plausible, no es excesivamente caro, y sus efectos parecen del todo beneficiosos, pero a pesar de ello no existe una demanda ciudadana firme al respecto. Protestamos por la suciedad, los ruidos, el alumbrado, o el mal funcionamiento de los autobuses, que son problemas bastante más complejos, sin embargo, apenas hacemos mención a la cuestión del arbolado. Eso es lo que pasa cuando no somos capaces de darnos cuenta que muchos de los problemas que afectan a nuestra vida cotidiana están íntimamente vinculados a decisiones políticas, o la falta de ellas. Individualismo, lo llaman.

 

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