Rafael Angulo Sanchís

Periodista


Mientras andamos perdidos en la tercera fase inmersos entre AC y DC, o Antes del coronavirus o Después del coronavirus, nos entretenemos contando muertos y también los días que nos esperan para una existencia casi normal aunque hay quienes, por reflejo ideológico (la cabra tira al monte), se dedican a sacar a la luz todos los nudos no deshechos de nuestra nación aprovechando, este tiempo excepcional, para alentar salvajadas excepcionales (y me quedo corto). El descubrimiento de que no somos infalibles ni inmortales a estos les trae al pairo, ellos van a lo suyo, dando pasos atrás en la vida (humana). Quien nos iba a decir que acercándonos a los 30.000 fallecidos el Congreso de los Diputados siga tramitando la ley de la eutanasia. Literalmente, proponen el derecho a morir a las personas que padezcan una enfermedad o discapacidad grave que no tengan más opciones de tratamiento y que quieran voluntariamente acabar con su vida. Muerte o muerte. Como si no hubiera más opciones. O sea, con un Congreso paralizado por la pandemia esta ley es urgente y la quieren aprobar de manera excepcional saltándose unos trámites y acelerando otros. En vez de luchar por la vida los diputados quieren acabar con la vida mediante una ley asesina. ¿Pero dónde estamos llegando?. Con los hospitales atestados todo anciano, deprimido o no, que ingrese en ellos es carne de eutanasia, coma inducido, muerte con cobertura legal. Sin la ley de eutanasia fíjense cuántas vidas se nos están yendo, pues imagínense cuántas serían con ella. Como para estar tranquilos. ¿Pero estos políticos no tienen padres o abuelos?. ¿No han ido nunca a un centro de cuidados paliativos?. ¡Es que no se quieren morir!. Me dirán que a ellos el cuarto mandamiento les resbala, el quinto les patina y hasta la ley natural les parece antigualla. Ya. No sé ustedes, yo soy incapaz de ver normal lo que es un crimen y aunque ya Goebbels a base de repetir, machacona e insistentemente, quiso hacer pasar por normal la atrocidad (medios tienen para ello) quitar la vida (a un judío o a un anciano) es un crimen. Y un crimen nunca es digno.

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