Agustín Plaza Aguado


Hace unos días tuve el placer de compartir mesa y mantel con un buen amigo y su pareja, hijo a su vez de otro gran amigo, el motivo además del puro placer de comer y tener un rato de sobremesa, era comunicarnos que en unos meses se estrenarían como padres, noticia que además de suponer en sí mismo una gran alegría, sirvió como reflexión para analizar la realidad de nuestra juventud y nuestra región.

Posiblemente traer una nueva vida sea la decisión más importante que un ser humano pueda tomar, hasta ese momento cualquier tipo de relación , por importante que sea, no tiene la trascendencia de la maternidad o paternidad, pues la llegada de un hijo va a condicionar el resto de la vida de esos padres , e incluso del resto de la familia.

Como otros muchos jóvenes,, se trata de profesionales con elevada cualificación y con carreras profesionales que brillan pese a la juventud, pues han tomado la decisión de ser padres una vez que su meta profesional la han conseguido o la tienen cercana , por lo que ya superan los 35 años, nacidos en Extremadura, se marcharon, como otros tantos, a estudiar a Madrid, donde terminaron sus carreras y los másters, intentaron volver a Extremadura pero las opciones eran nulas o de ínfima calidad , lo que les obligó a desarrollar su vida laboral en Madrid, cambiando calidad de vida por vida sin calidad, pero consiguiendo evolucionar profesionalmente y personalmente, adentrándose en el mundo laboral y conociendo una forma de vivir y de relacionarse, marcadas por unos parámetros distintos a los que aprendieron en Extremadura, pero que el día a día les obliga a asumir y asimilar, se ven inmersos en una cultura más abierta, cosmopolita, con nuevas amistades , entornos sociales distintos y valores que no siempre coinciden con los que llevaban de origen .

Para la mayoría de nuestros jóvenes que han tenido que salir de Extremadura, la integración y adaptación a Madrid , Barcelona , Sevilla u otras ciudades europeas ha sido buena , nuestro ADN tiene un potente componente de resiliencia , adaptación y capacidad de sufrimiento, pero en la gran mayoría se ha cimentado un profundo sentimiento familiar y de arraigo a su región, lo que ha llevado a tener muy presente la idea de la vuelta , del regreso, sirva como ejemplo la realidad que se ha ido materializando en los que emigraron en los años 50 y 60 y que han conseguido regresar a Extremadura una vez que han terminado su vida laboral.

Cuando nuestros jóvenes en la diáspora se plantean tener hijos, mayoritariamente analizan qué futuro quieren para ellos, la gran ciudad cada vez es más hostil, la convivencia menos amable , al grave problema de la vivienda tanto en compra como en los alquileres imposibles se unen la agresividad laboral, la híper competencia entre tanto talento confluyendo en el mismo espacio, la competitividad como ley de vida, la escasez de espacios verdes ,la elevada contaminación, el ritmo acelerado hasta para disfrutar del escaso ocio ,horarios incrementados con desplazamientos interminables, conciliaciones imposibles y precios exagerados .

Todo ello, asumido por sus habitantes como una parte más del paisaje, pues en estos entornos es imposible eludirlo (ni siquiera con dinero), es esta condición de inevitable lo que hace que el planteamiento de abandonar ese modelo de vida esté siempre presente en nuestros jóvenes.

Es precisamente la decisión de tener hijos la que provoca un replanteamiento vital, en nuestros pueblos e incluso en nuestras ciudades, pese a que cada día estamos más contaminados de la “forma de vida madrileña” la vida es más calmada, con otro ritmo, sin tanto estrés ni tantas exigencias económicas, con la opción de la cercanía de la familia y del entorno afectivo, aquí el ritmo y el clima de trabajo es más plácido y conciliable.

Lamentablemente en muchos casos la decisión de permanencia es obligada porque en Extremadura no hay condiciones que permitan el regreso, y ese es o debe ser uno de los grandes retos de nuestra sociedad, el mundo de la empresa, de la política y la sociedad civil deberían sellar un pacto por recuperar tanto talento exportado y por repoblar nuestra región con el mayor número de extremeños posibles, manteniendo y mejorando ese estado del bienestar que tiene tanto valor pero no tiene precio, para que Lola y José Luis , y otros muchos , regresen a nuestra tierra para dar a sus hijos y a ellos mismos, ese tipo de vida por el que sus padres y las generaciones anteriores tanto hemos peleado.

Ahora que estamos en plena vorágine futbolística, quiero recoger una frase de un gran jugador croata Luka Modrick “Mis padres me enseñaron que mi suerte en la vida dependería de lo cerca que estuviera mi familia “





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