Marta Gervasia Garrido Moreno

Concejala VOX Ayto de Mérida


Hace un par de años, el Sr. Alcalde en unas declaraciones de radio, afirmaba que “Mérida debe avanzar hacia una restricción del tráfico en el conjunto del casco urbano” con el fin último de seguir la recomendación de “reducir la contaminación en el centro de las ciudades”. No sabemos si esta recomendación procedía de la embajadora ecologista adolescente Greta Grunberg, o nuestro Alcalde había tomado pavor al ver a diario el gigantesco hongo de polución que cubre día a día nuestra capital bimilenaria, al estilo de Madrid o Pekín.

El pasado lunes 19 de julio, en las fechas en las que más turistas y visitantes recibe la ciudad, comenzaron los trabajos para la transformación de las Calles Camilo José Cela, Arzobispo Mausona y Félix Valverde Lillo en plataforma única, con un plazo de ejecución de ocho meses y un presupuesto de 1.436.151,07 €.

El pánico se apoderó de los residentes en esas calles el vienes anterior, día 16: no sabían cómo iban a poder acceder a sus garajes el lunes siguiente. A primera hora, se ordenó desde el Ayuntamiento que las Comunidades de Vecinos fueran las que solicitaran el acceso, después se cambió el criterio para que los propietarios o arrendatarios de cocheras fueran los que lo solicitaran, acompañando escrituras, contratos de arrendamiento, permiso de circulación de los vehículos y no sé cuanta documentación más. Por fin, ante la avalancha de críticas vecinales y desorganización, se permitió que, con tan solo la presentación de una declaración responsable sellada, se permitiría el acceso a la zona de obras.

El desastre organizativo volvió a suceder pocas semanas después; el pasado lunes 9 de agosto los vecinos de los garajes situados en la Calle Félix Valverde Lillo, nº 5, 6 y 8, se encontraron, sin previo aviso a primera hora de la mañana que su tramo de calle estaba cerrado y que la retroexcavadora ya había abierto una zanja delante de uno de ellos, cerrando el tráfico de vehículos y personas. Ante sus airadas protestas, los encargados de la obra (que no responsable municipal alguno), colocaron planchas de acero y de madera para que los ciudadanos pudieran salvar las trincheras recién excavadas.

Por si fuera poco, las calle aledañas (San Francisco, Moreno de Vargas, Concepción, Concordia,…por las que se ha habilitado tráfico alternativo, dada sus estrecheces, su carácter peatonal y falta de visibilidad se han convertido en la nueva “Gran Vía” para acceder a la Plaza de España, lo que ha incrementado exponencialmente el riesgo de atropellos de peatones o accidentes por alcance de los vehículos que transitan por las mismas en cualquier dirección, sin orden ni sentido.

Por ende, es habitual encontrarse con turistas a bordo de sus vehículos, buscando su hotel, atrapados ante una valla de prohibido paso.

Pero, lo más asombroso de todo, es que el máximo responsable municipal, después de haber empezado las obras, y destinar más de 1,4 millones de euros de los emeritenses su ejecución, no sabe que va a hacer con ellas. Como lo leen.

Así lo expuso, ante el asombro de todos los concejales del municipio, en el último Pleno Municipal. Dice que barajan tres fórmulas: el cierre total (como en la calle Santa Eulalia), circulación restringida sólo para garajes o circulación limitada a las condiciones de la vía y el tráfico.

Es decir, una absoluta muestra de imprevisión. Ahora dice que se va a reunir con los colectivos implicados… ¿Va a hacer un referéndum entre vecinos, comerciantes, taxistas, transportistas de carga y descarga, padres de alumnos del Colegio Trajano, de los alumnos de las academias de la zona, dueños y trabajadores de los hoteles y apartamentos turísticos, de restaurantes y cafeterías…? ¿Porqué no ha contado con ellos antes y lo hace ahora, cuando ya no hay remedio?
¿A quién beneficia esta obra? ¿Al medio ambiente, como afirmó el Alcalde hace dos años? Extraña excusa, cuando Extremadura tiene uno de los índices de emisiones de CO2 más bajos de Europa y más concretamente, Mérida, tiene un ICA (Índice de Calidad del Aire) excelente.

¿Mejora la accesibilidad? Evidentemente, pero el mismo objetivo se podría haber logrado con acciones puntuales sobre el acerado de la zona en pro de la mejora de las condiciones de las personas con movilidad reducida.

En mi humilde opinión, cerrar al tráfico rodado una de las principales arterias del centro de la ciudad, eliminar los aparcamientos de carga y descarga y aniquilar casi cien plazas de zona azul desincentivará la afluencia a las tiendas y establecimientos comerciales y hosteleros de la zona, que bastante deprimido está ya (tan sólo hay que darse un paseo por la calle Santa Eulalia, con numerosos locales vacíos y recordar la otra idea “genial” de este equipo de gobierno, que ha supuesto el cierre del Mercado de Calatrava).

No hace falta irse muy lejos para ver las consecuencias de las erróneas políticas de restringir el tráfico en el centro: la calle Menacho de Badajoz o la calle Pintores de Cáceres, hoy tan son sólo un recuerdo fantasmagórico del bullicio comercial que las invadía.

En fin, ya que el mal está hecho, y aunque estamos acostumbrados que el Equipo de Gobierno desoiga todas nuestras sugerencias y recomendaciones, esperemos que recapaciten e introduzcan los modificados a la obra que permitan que el impacto negativo que se cierne sobre el centro de Mérida por este desacertado e imprevisto proyecto, tenga las menores consecuencias posibles. De lo contrario, la Calle Santa Eulalia y aledañas, están condenadas.

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