Pedro Acedo 

Presidente del Partido Popular de Mérida


  Estos días nos llena de cierta esperanza la disminución de los contagios y del número de fallecidos (aunque sólo fuera uno, duele) por el cruel virus, y nos llena de cierta ilusión que con las vacunas en unos meses lo dobleguemos definitivamente. También contemplamos sorprendidos, gratamente, el hecho de que Extremadura haya pasado en pocas semanas de encabezar la estadística de contagios de toda España a ocupar el último puesto en ese ranking.

Pues bien, en estas estábamos y pensábamos, o mejor pensaba yo, iluso de mí, que ahora tocaba darlo todo por la otra pandemia, esa que tanta desesperación y desgracia está causando a millones de españoles. Me refiero a los más de cuatro millones de desempleados, con pocas esperanzas de recuperar su trabajo o de encontrar un empleo; me refiero al millón de autónomos que ven peligrar sus negocios y a los que el Gobierno de Sánchez e Iglesias ya han arruinado; me refiero a los jóvenes españoles, que ven muy oscuro su futuro (España es líder en Europa en desempleo de menores de 25 años, triplicando a Alemania, Francia, Polonia…); me refiero a… Y así podría seguir hasta el infinito y más allá.

Bueno, pues resulta que no. Que ahora todo lo enumerado tampoco toca. Resulta que el presidente del Gobierno, que tanto predica y tan poco trigo da, en lugar de dedicar todo su tiempo a tratar de solucionar los gravísimos problemas que tenemos los españoles, se dedica a pergeñar jueguecitos políticos, como el trilero que es, para echar el guante y meter sus sucias manos en aquellas CC.AA. y ayuntamientos que sabe que jamás le otorgarán las urnas.

Porque no han sido el PSOE de Murcia ni el de Castilla y León, no han sido Arrimadas ni Aguado, ni siquiera ha sido el ministro de distraída moral que se ríe del tren que pasea por nuestra región cual Miss Daisy. ¡No! Han sido el mismísimo Pedro Sánchez y su escudero, de apellido circular, quienes han urdido la maquiavélica jugada de mociones de censura a diestro y (más bien) siniestro, para desalojar al Partido Popular de aquellas administraciones donde ellos quieren meter sus zarpas.

Pero lo más repugnante no es que hayan hecho el ridículo con su torpe maniobra ni que Arrimadas haya decepcionado hasta a su vecina del quinto con su vomitivo entreguismo. Lo más nauseabundo, con diferencia, es la demostración palpable de que a Sánchez los españoles no le importamos absolutamente nada. España va directa a la deriva, cuesta abajo y sin frenos, y el presidente se atrinchera en Ferraz para dirigir las operaciones de asalto a administraciones ajenas. Y Extremadura mira con sorpresa y desasosiego a este Sánchez, que con el silencio cómplice de Fernández Vara, no está por nuestro campo, ni por nuestras infraestructuras, ni por nuestras comunicaciones, ni por nuestros autónomos, ni por nuestros desempleados…

Pero desgraciadamente para Sánchez, la presidenta de Madrid, a la que en redes comparan con Agustina de Aragón por su valentía y coraje, en este caso no en la defensa de Zaragoza si no en la defensa de Madrid y de los madrileños, le ha metido un órdago a Sánchez, a su escudero, a Ciudadanos y todo el que se atreva a tocarle un pelo a la Comunidad que ella preside. Como dicen por ahí: ‘Madrid será la tumba del sanchismo y del comunismo’. Y si no lo creen, vean cómo Ayuso ha logrado sacar a Pablo Iglesias del Gobierno de España. Ayuso 2-la izquierda 0.

Gracias presidenta. No todo está perdido.

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