YO ESTUVE ALLÍ


Luis Cuervo Maldonado


El 1964 fue año muy interesante, se festejaban los 25 años de paz, muy celebrado por el régimen, a su vez, fue el primer gran triunfo de la selección Española, que por entonces contaba con Iribar, Olibella, Rivilla, Calleja, Zoco, Fuste, Amancio, Pereda, Marcelino, Suarez,la Petra,… y ganaron a Rusia 2-1,lo que hizo que se llevase la copa de Europa de selecciones, final que fue poco vista por la falta de televisiones en casa en aquella época.

A falta de televisiones, se seguía escuchando la radio y por aquel entonces podíamos disfrutar de Los Beatles con “please please me”, o Miguel Ríos con su disco “¡oh, mi señor!”, el primero cuando todavía era conocido por Mike Ríos, aun recuerdo a la simplona Gigliola Cinquetti que decía aquello de “no tenía edad para amarte”, presente siempre la guapísima Silvie Vartan con “si yo canto es por ti”, incluso su marido Johnny Hallyday con “la noche”.No faltar “Ma Vie” de Alain Barrière. Está claro que los románticos franceses estaban de moda.

Era la época de los pantalones de campana o pata de elefante, comprados en Luis Diez, de los jerséis minipul, de la Giralda o las formulas, de Campana, también de los zapatos gorila de Manchón. Los que no teníamos televisión, que en aquel momento éramos la mayoría, pasábamos a escuchar el transistor, los interminables discos dedicados y los superventas, entre otros a Los Sirex, con El Tranvía y La Escoba, a The Monkees ,con Un bocadito tu, otro yo, y a Les Surfs, con ahora te puedes marchar.

En el verano de 1964 se representó la obra de Julio Cesar, de Tamayo, con José Sacristán, en el Teatro Romano, ¡aquello sí que eran obras de teatro!, ¡espectaculares!… y, como dice mi amigo Antonio Yuste, vestidos de romanos, aunque en realidad eso es petición de todos los emeritenses. El vestuario en las diferentes obras de teatro es una batalla perdida, creo que Tamayo o Rodero no lo aprobarían.

Con ese mismo transistor, sentados en la toalla todos los días en el Guadiana, en la playa del puente nuevo, a la que con alegría bajábamos por la cuesta que había entre el puente y el colegio las escolapias, allí había dos chiringuitos, en los que tomábamos las cervecitas o, sobre todo, el vino con limón con su característica caña para beber, también comíamos el típico picadillo de tomate y, si tenías “pelas”, pues ¡picadillo con bonito!. Era una playa en la que podías jugar al futbol o a lo que quisieras, con tranquilidad, o nadar hasta las pilastras en buen ambiente y con amigos, sino podías ir a la paya de pan caliente, a la pesquera, allí tenías que saber nadar, ya que era profundo y, además, había mucha corriente. También utilizábamos unos árboles rotos como trampolín o para impulsarnos y, así, cruzar el rio e irnos a la playa de al lado.
En esta última, muy utilizada por las parejitas, estaban las barcas de Chiqui, al que le echábamos una mano cruzando a la gente de un lado al otro, aprovechando y haciendo ejercicio. También estaba la otra playa al lado del puente hierro, a la que asistía mucha gente, y utilizábamos las pilastras del mismo puente para tirarnos, de la primera se tiraba todo el mundo como quisiera, de la segunda, al ser más alta, no era tan utilizada para tirarse de cabeza y, la tercera, que en realidad eran las vías del tren, solo te podías tirar de pie.

Lo que realmente fue bonito, eran las noches en las que se llenaba, esta playa y la del puente nuevo, de familias con sus mesas y sillas, con fiambreras, con tortillas, picadillos,…todos cenando en la playa, con la música del momento de fondo, con Los Brincos estrenando Mejor, Los Mustang con enamorado de la novia de un amigo mío, Adamo con mis manos en tu cintura,…

Los domingos cogíamos el bus e íbamos a la charca, cargando con el macuto, el cassette y el altavoz redondo en forma de cilindro que todos teníamos. Nos juntábamos con las pandillas en la peña El Tigre, donde escuchábamos a Los Brincos con Amiga Mia, a Elvis con su Rock de la cárcel, a Los Albas con Los ejes de mi carreta,…Ya después de comer, siguiendo la rutina de los domingos, íbamos al merendero Madrid a por helados, y ya de regreso a la calle Santa Eulalia, íbamos al cine y hacíamos la visita “forzada” a la pastelería La Peña o la pastelería Gutiérrez, para finalizar en casa Mora con la cervecita y el bocadillo de calamares.

Después íbamos a las verbenas, ¿recordáis las cantinas y los bailes con orquesta en la barriada de María Auxiliadora? Aunque la que tenía un encanto especial era la verbena de la barriada de Los Chinos, puede ser porque estaba entre las viviendas e iban grupos de Mérida, como Aves Emigrantes, Los Strells, Los Yanquis, con el amigo Antonio Rodríguez, bajista y padre de nuestro alcalde, El Chobo, Vega, Modesto Domínguez,…La que no se quedaba atrás y era muy especial era la verbena de la barriada de La Paz, porque era como una pequeña feria, había de todo, casetas de tiro, tómbolas, turroneros, etc, y los bailes estaban amenizados por grupos de más caché, como Los Bufones, Los Bombines, Los Lentos,…

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