opinion felixFélix Pinero

Periodista y escritor


 

            España y su Rey –la sociedad española toda– son rehenes de la crisis institucional no resuelta a raíz de las elecciones del 20-D de 2015 y del incumplimiento de las reglas del déficit. «Las cuentas públicas españolas son ya un debate europeo, aunque quizá la política española no sea del todo consciente de eso», afirmaba el viernes 6 de mayo una alta fuente comunitaria. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, recibió el mismo día una carta del presidente en funciones, Mariano Rajoy, en la que trataba de minimizar el incumplimiento de las metas de déficit para evitar una posible multa de 2.200 millones por incumplir las metas fiscales «tras el duro ajuste de los últimos años», y en la que, además, le anunciaba el acuerdo de la no disponibilidad del gasto en las Administraciones Central y autonómica –4.000 millones en 2016– «para rebajar el agujero fiscal al sacrosanto 3% del PIB en 2017» (politica/elpais.com, de 06/05/2016), porque la rebaja fiscal electoralista y el descontrol de las cuentas autonómicas  elevaron el agujero del déficit español por encima del 5% el año pasado frente al 4,2% acordado. Bruselas tomará decisiones en los próximos días, aunque desearían posponerlas hasta después del Brexit  (la posibilidad de que el Reino Unido abandone la UE en el referéndum del 23 de junio) y de las próximas elecciones del 26-J en nuestro país. (Íbid.).

            Mientras, el Congreso se divertía hasta en su última sesión. Los diputados de Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza, despedían la XI Legislatura, la más corta de la democracia, al grito de «sí se puede» (vozpopuli.com, de 28/04/2016), como el circo que armaron en la sesión constituyente (libertad digital.com, de 13/01/2016), en una sesión cuajada de excentricidades, en la que el presidente electo, Patxi López, no logró llevar a buen fin sus deseos de apostar por «el diálogo y el entendimiento como los grandes valores políticos» que debían presidir la legislatura (Íbid.) Se puede, sí, pero no se debe y no se quiso, porque no hubo acuerdo alguno ni mayoría suficiente, que condujeron a la convocatoria de nuevas elecciones, como tampoco lo hay en reducir el gasto electoral de la próxima campaña por el límite del gasto legal que están obligados a cumplir y en el mailing  (las cartas de los partidos que reciben los ciudadanos), visualizado en la primera reunión celebrada en el Congreso (elmundo.es/españa, de 05/05/2016).

            Si ningún español, menos aún los diputados y senadores, que cobrarán siete meses habiendo trabajado dos (elespañol.com, de 22/03/2016) –aunque la senadora Arenales Serrano (PP) ha presumido de haber «trabajado 17 días en cuatro meses» (Íbid., de 01/05/2016)–, el Rey, que asume la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales» (Constitución Española de 1978, Título I, De la Corona, artículo 56) tan solo ha podido realizar tres viajes al extranjero –el del pasado viernes 6 a Roma, para asistir en el Vaticano a la entrega del premio Carlomagno al papa Francisco, acto al que acudieron los tres presidentes de las instituciones europeas y la canciller alemana, Angela Merkel, entre otros altos dignatarios (internacional/elpais.com, de 06/05/2016), además de a Portugal y Puerto Rico.

             El Gobierno en funciones ha impedido que los Reyes viajaran al Reino Unido –en un viaje de Estado previsto para los días 8, 9 y 10 de marzo– para conmemorar el 90 cumpleaños de la reina Isabel II y el cuarto centenario de la muerte de William Shakespeare y de Miguel de Cervantes «por el proceso de formación de un nuevo gobierno actualmente en curso en España», según justificó el ministro de Exteriores, José Manuel García Margallo (elmundo.es/españa, de 04/02/2016). La inestabilidad institucional y política fue también motivo suficiente para que el Gobierno aplazara el viaje real a Arabia Saudí, previsto para el 16 y el 18 de febrero, «debido a la necesidad de que permanezca en España para seguir las posibles negociaciones para la formación del nuevo gobierno», según se transmitió por vía diplomática, «hasta que el panorama político se haya despejado» (abc.es/españa, de 27/01/2016). Además, el Gobierno y la Casa del Rey decidieron aplazar la visita de Sus Majestades los Reyes a Corea del Sur y Japón, prevista para mediados de abril, porque supondría la ausencia del monarca durante casi una semana en fechas decisivas del actual proceso político nacional» (huffingtonpost.es, de 11/03/2016). El Rey tampoco pudo estar en la ONU, para la firma del Acuerdo del Clima de París, suscrito en diciembre pasado por 195 países y la Unión Europea, al que asistieron cincuenta jefes de Estado, porque no «estaba programado» y, en consecuencia» «tampoco se ha desprogramado», según fuentes de la Casa Real, «aunque si todo hubiese sido normal, seguramente podría haber estado» (politica/elpais.com, de 19 de abril de 2016). Lo más sangrante, empero, fue que el Rey no haya podido viajar a La Habana (país con el que nos unen tantos lazos históricos y culturales) como hizo el presidente francés, François Hollande, el primer mandatario europeo y de la UE en llegar a la isla en décadas de aislamiento, donde «prometió hacer todo lo posible para alentar el deshielo» (internacional.elpais.com, de 12/05/2015), o la visita del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, la primera de un presidente norteamericano en casi un siglo, en «un episodio más del restablecimiento de relaciones bilaterales de dos acérrimos enemigos» (cnnespañol.cnn.com, de 20/03/2016). La próxima en la frente será la inauguración del nuevo Canal de Panamá –la mayor obra de ingeniería en décadas y que lleva el sello de made in Spain– el 26 de junio, fecha electoral en España. Al acto están invitados el presidente Obama y todos los presidentes de las Américas. Por España tan solo asistirán los ministros de Exteriores y Fomento en funciones, García Margallo y Ana Pastor. No se ha confirmado la presencia del rey Juan Carlos. A Felipe VI y al presidente Rajoy les toca quedarse en casa por las elecciones. Los «papeles de Panamá» han consumado la tragedia diplomática (diariocritico.com, de 28/04/2016)… Todo hace prever que el fracaso de la legislatura comprometa hasta 2017 la agenda internacional del Rey por el proceso que siga al 26-J (politica.elpais.com, de 03/05/2016).  

            El Rey ha sido el principal rehén de la crisis institucional –y con él, España– pues tan solo pudo viajar a Portugal a la toma de posesión del nuevo presidente, Antonio Rebelo de Sousa (lanuevaespaña.com, de 09/03/2016), apenas un día, y a Puerto Rico, a la inauguración del Congreso Internacional de la Lengua Española (elperiodico.com, de 15/03/2016). Así vamos, con crisis institucional, política y económica en casa, y sin abrir nuevos canales fuera; pero los diputados y senadores siguen, aunque hayan suspendido en la primera convocatoria.

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