«S.O.S LIBRERÍAS»


velez2Antonio Luis Vélez Saavedra

SIEX Mérida


Como todos los años se ha celebrado el pasado 23 de abril el Día Internacional del Libro, conmemoración celebrada a nivel mundial y que este año coincide con el 400 aniversario del fallecimiento de Miguel de Cervantes y William Shakespeare, aunque realmente las fechas no estén claras. Sin alcanzar la relevancia de los anteriores, también ese mismo día es la fecha del óbito de otro muy destacable personaje, descendiente de un conquistador Extremeño y una princesa Inca, escritor e intelectual de la época como fue Inca Garcilaso de la Vega, referencia del mestizaje cultural entre España y América, capítulo aparte.

El objeto de este día del libro es fundamentalmente el del fomento de la lectura, centrada por cuestiones patrias sobre todo en la figura de Miguel de Cervantes y su inmortal Quijote, novela por todos conocida pero anecdóticamente poco leída, según el CIS la mitad de los españoles no han leído ni una sola página, no por algo somos uno de los países que menos lee de Europa, cuestión compleja, pero seguro que en parte debido al muy corto alcance de los planes educativos, a expensas de la alternancia de gobiernos.

Pero pese a la realización de estas campañas de fomento de la lectura no son buenos tiempos para las librerías, la crisis económica que ha situado a los libros en un lugar “prescindible” dentro del gasto cotidiano del ciudadano, el tímido pero constante avance del libro electrónico, la competencia de los gigantes de Internet, grandes superficies, kioscos y hasta del Top Manta, hacen que cada día se cierren una media de 2.5 librerías en España, una perspectiva francamente negra para éstas, que aparte de negocios son bienes culturales, pero que evidentemente deben funcionar como negocios para poder sobrevivir.

Otro problema adicional es la competencia desleal que se realiza desde algunos centros educativos al vender directamente papelería, libros de texto y material escolar, lo que perjudica gravemente a las librerías. Según la Asociación de Libreros de Mérida, ésta práctica va en contra de «la normativa legal que establece, que los centros escolares deben destinarse exclusivamente a finalidades educativas y no, como está ocurriendo, a finalidades comerciales», y si la administración no frena esta práctica, muchas de nuestras librerías tendrán que cerrar, ya que la venta del libro de texto es la que sustenta a la mayor parte de estos negocios.

Pese a todo, en Mérida siguen funcionando muy buenas librerías, como son: Punto Aparte, Martín, San Francisco, Cascón Chito, Mérida 80, o Solís, todas situadas en Sta Eulalia y aledaños, y algunas que fueron y ya desaparecieron, como Pérez o Castilla. Libreros que, a diferencia de la adquisición de libros/mercancía por Internet o en Carrefour, dan un servicio al cliente: de información bibliográfica, de guía de lectura e incluso manifiestan dotes adivinatorias ante solicitudes de ese libro que no-me-acuerdo-de-como-se-llamaba-pero-cuenta-la-historia-de-un-niño-que-se-va-a-vivir-con-sus -abuelos-y-entretanto-había-una-guerra.

Una librería, y por supuesto un librero con vocación, han sido desde hace años, al igual que las bibliotecas, ingredientes indispensables en promoción de la cultura, interviniendo en la educación literaria, y por qué no, personal de cientos de lectores, como guardianes de ese segundo aprender a leer tras el del colegio. Dice la cita que Google puede devolverte 100.000 respuestas, pero un bibliotecario o libero pueden devolverte la adecuada.

No abandonemos nuestras librerías, ellas no lo han hecho y no lo harían..

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