SAN RENATO, EL XIII OBISPO DE MÉRIDA


Félix Pinero

Periodista y escritor


San Renato (el que vuelve a nacer) o Renovato (aquel que ha sido restaurado, según la etimología latina) fue obispo de Mérida desde el 616 hasta antes del 632. Enrique Flórez estima que estuvo como obispo dieciséis años. En el episcopologio emeritense aparece como el obispo decimotercero, tras Inocencio (605-616), seguido de Esteban I (632-637), mientras que en el blog «La verdadera libertad» se afirma que es el decimocuarto prelado emeritense.

Lo poco que se conoce de él se debe al diácono Paulo quien, según Flórez , «le conocía muy de cerca, pues refiere con tanta individualidad sus cualidades que parece quiso dexarnos dos retratos, uno de su cuerpo y otro del espíritu». Señala el diácono que «era godo, de familia noble en linaje y muy ilustre en la sangre». Físicamente lo describe como «robusto de estatura y de agradable rostro». Entre sus cualidades subraya que era «de ingenio vivo y perspicaz»; era «cultivado en artes y florecía en las ciencias eclesiásticas y en las Sagradas Escrituras». Su espíritu era «manso, sufrido, misericordioso, prudente, justo» y edificante en sus acciones. Por ello, el autor de «España sagrada» señala que «fue hallado digno de ser electo abad del monasterio Caulianense, situado junto al río Guadiana», a unas dos leguas de Mérida . Cuenta el diácono Paulo que el obispo Renato tenía gran celo por el bien de sus monjes, a quienes dirigía por la senda de la perfección «con doctrina y el vivo exemplo»; pero sufrió mucho con el descarrío de uno de ellos y, a pesar de las amables reprensiones que le hacía, seguía cada día peor hasta que un día, por obra de un milagro, el monje se arrepintió y estuvo sin sentido durante varios días. Renovato le ungió con el óleo de la extremaunción y murió tres días después. «Enterrado en el modo acostumbrado, después de quince años o más, el río Guadiana arruinó, con una de sus avenidas, muchas fábricas vecinas, entre ellas el monasterio Caulianense.» Al restaurarlo los monjes, y al abrir la sepultura del citado, «salió un olor maravilloso y encontraron su cuerpo tan incorrupto como si en la misma hora hubiera sido enterrado, de suerte que ni el hábito ni los cabellos tenían la más mínima lesión…»

El diácono Paulo no da muchos detalles de Renovato como pastor de la Iglesia emeritense, si bien deja patente «el zelo con que miraría por el bien universal de las ovejas» y añade que «con su doctrina, con su predicación y con su exemplo crió otros tales como era en sí mismo, que todavía brillaba la Iglesia con su doctrina como la Luna por el Sol que la gobernó por muchos años». Su cuerpo fue enterrado en una capilla junto al altar de la Mártir Santa Eulalia, junto a los de sus predecesores, Masona e Inocente. Allí permaneció durante el tiempo que reinaron los godos, hasta la llegada de los sarracenos, en que Mérida padeció bastantes infortunios y, como estos no respetaban a los santos que hubiere enterrados junto a la Mártir, los cristianos resguardaron las reliquias. En tiempo de los Reyes Católicos, al hacer obras en la basílica de Santa Eulalia, «se descubrió en una concavidad de la pared, cerca del altar mayor, una caja donde había cabezas y huesos de hasta doce o catorce santos. Y quiso nuestro Señor manifestar cómo eran reliquias de sus santos porque demás de sentirse un olor suavísimo en toda la iglesia, con que todos los presentes se alegraban y bendecían al Señor…»

Su festividad se celebra el 31 de marzo.

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