Juan Carlos Perdigón


En primer lugar quería pedirle disculpas a la dirección de este periódico, las circunstancias familiares me han copado todo mi tiempo y han imposibilitado que pueda escribir unas líneas. Quizá para los lectores o para algún político haya sido un alivio, desgraciadamente para estos últimos, vuelvo a tener cierta capacidad de tiempo para poder compartir con ustedes algunos pensamientos y conclusiones, que como cualquier mortal, expreso desde mi prisma.

En Octubre del pasado año deje de ser un cargo público, dejé mi acta de concejal, pero aún siendo cargo público, siempre he sido crítico con la política, con todos, con cualquiera, porque la política que todos deseamos lleva muchos años desaparecida, casi tanto tiempo como lleva desaparecida la capacidad reivindicativa de la sociedad, me refiero a la sociedad real, no esa que está vinculada a ideologías políticas y que son como el Guadiana, aparecen y desaparecen dependiendo de quién gobierne en un momento determinado. Tampoco me refiero a esa sociedad que se mueve, sólo por el interés personal, cuando a uno le tocan las cosas del comer, pero sólo se mueven en ese caso, desde hace mucho no nos levantamos del sillón para reivindicar por el bien común, el interés general, la defensa de nuestra identidad, de nuestro país.

Sin duda alguna, en estos tiempos, estamos viviendo la peor crisis de nuestra historia reciente, una crisis sanitaria, agravada por la incapacidad de los gobiernos de dar una respuesta rápida y anticipada. Ahora están saliendo a la luz todos esos informes que apremiaban tomar medidas a los ejecutivos para evitar contagios masivos, informes que se pretenden acallar, ocultar, modificar o incluso se llega a expulsar a funcionarios públicos si no se filtra la información de esos informes o los informes no se hacen como pide el de arriba. Y si esto no fuese suficiente, la Fiscalía General y la Abogacía del Estado, intimidando a jueces y fiscales para tapar la aberración de gestión.

Se ha hablado mucho de la destitución de Pérez de los Cobos, Jefe de la Guardia Civil en Madrid, pero se habla poco de José Antonio Nieto, Jefe del Servicio de Prevención de Riesgos Laborales de la Dirección General de la Policía Nacional, que también fue destituido, cuando el 24 de enero emitió un informe que advertía del alto riesgo de contagio por COVID-19 y de las medidas que se debían tomar para la protección de los agentes.

Esta incapacidad de reaccionar a tiempo, cuando nos lo advertía la OMS, cuando funcionarios públicos ponían pie en pared con la que se nos venía encima, cuando otros países ya estaban actuando, ha provocado y provocará que nuestro país entre nuevamente en recesión, no sólo eso, sino que organismos internacionales advierten que España será el país Europeo que peores previsiones tiene para mejorar la situación de caos social y económico.

Ante este panorama, y sin entrar a valorar la lentitud en la reacción, la infinidad de meteduras de pata, incongruencias, hechos deleznables, utilización partidista de instituciones, recursos públicos, el intento de amordazar la libertad de expresión, la vulneración de derechos fundamentales de los ciudadanos, el uso de decretazos para reducir las penas a independentistas, para empadronar a okupas, para que el Estado pueda disponer de cualquier bien privado, las negociaciones con Bildu, el reparto de ayudas y ese larguísimo etcétera, el ciudadanito de a pie sigue aletargado.

Cuando un ciudadano sale a protestar le llaman fascista, señoritos que protestan desde descapotables, cuatro aburridos que no pueden ir a jugar al Golf. Cuando un ciudadano ha salido a protestar con la bandera de España ha sido increpado y perseguido e incluso advertido de sanción por la Policía, policía que sigue las instrucciones de sus mandos.

¿Qué más tiene que pasar en este país? ¿Nos vamos a conformar con la cartilla de racionamiento, mal llamada Renta Mínima Vital? ¿De verdad que una sociedad como la española, imagen mundial de trabajo, esfuerzo, solidaridad, valor y defensa de la identidad se va a quedar otra vez en casa esperando que otros nos saquen las castañas del fuego?

Para estas preguntas, queridos lectores, no tengo respuestas. A diario escucho en los corrillos el hartazgo de la gente, la crítica a boca abierta de este bochorno, a boca abierta pero sin alzar la voz. No hay un día que no reciba memes, noticias, videos y mensajes a través de redes sociales con la queja amarga del que sigue sin cobrar los ERTES, de los sanitarios que siguen sin EPIS, de los empresarios que siguen sin recibir las ayudas, ni las ayudas del Estado, ni las de la Junta de Extremadura, ni la de nuestro Ayuntamiento.

La sociedad está acomodándose a que otros alcen la voz por ellos y esto así ya no funciona, porque los que, hoy están arriba y deben escuchar, tienen los oídos taponados, la mente retorcida y su sino, histórico, es llevarnos al precipicio. Sigue sentado en tu sillón, aunque tu vecino esté penando, sigue sentado en tu sillón, aunque el Estado esté repartiendo miserias. Sigue sentado en tu sillón, aunque te sigan engañando, porque no hay nada peor que ¡un cornudo consentido!. Sigue sentado en tu sillón, mientras tengas para tomarte cuatro cañas en la Plaza de España y te puedas ir una semana de vacaciones. Hasta que no te toque a ti, no te van a mover.

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