Fran Medina Cruz


Mientras España va tomando temperatura, mientras el capital, pequeño y grande van tomando ciertas posiciones dentro del marco de los negocios y las oportunidades, observo como Extremadura y Mérida en concreto, sigue en la rutina de la hibernación intro pandemia. Pensando en las próximas ferias, en los eventos populares, un poquito de marketing por el mundo, y algún arreglo urbanístico, poco más.

La inacción definida por la falta de acción es una cuestión de costumbres, que se arraiga desde hace cientos de años, a la misma tierra de fértil pero dura de trabajar, de una sociedad con la mirada a su pasado, tomando este como ejemplo a seguir. Eternos súbditos de los que de vez en cuando, y siempre por azar y la suerte, de entre esa sociedad destaca algún genio. Que no tarda en abandonar su querido lugar de nacimiento por un destino que se antoja siempre mejor.

Y Mérida, de lo que un día fue punto de partida y destino de caminos, ahora solo es un lugar donde se cruzan los caminos. A expensas de alguna buena noticia desde la capital de reino, en forma de dádiva para apaciguar las pequeñas voces que parten de una asamblea adormecida y plegada a su propia idiosincrasia, que no es otra que la de servir a su señor, callar para no molestar y conformarse con las promesas que ya caen como chistes dentro de la cohorte de la élite política extremeña. El peso político y social de la parte de tierra que conforman Cáceres y Badajoz, es el mismo valor que cualquier barrio periférico de una gran capital. “Apenas llega la luz”.

Aún así el extremeño nunca renegará de sus raíces, somos de una piel distinta. Hombres y mujeres de pequeñas metas, pero que guardan una gran capacidad de lucha, que de miserias ve una vida, que de sueños deposita su esperanza. Agarrándose a lo poco que le dan, conformándose con lo que le prometen, sin dejar de levantarse un día tras otro para morir siempre en el mismo intento. Así somos, y es difícil cambiarnos, solo la partida nos agita ese ADN. Solo la lejanía.

¡Y si! cuando un extremeño abandona su hogar, le nace la capacidad de destacar. Se supera, descubre lo que llevaba enterrado, y se supera. No se que tiene la tierra que nos hace distintos, tanto dentro de ella como en tierra extraña.

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