Félix Pinero

Periodista y escritor

(Es Académico Correspondiente de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes)


El 18 de septiembre de 1970, “el Pleno Municipal de Mérida elegía por unanimidad a S. E. Reverendísima don Sotero Sanz Villalba, designado por S. S. el papa Pablo VI para desempeñar la Nunciatura Apostólica en Chile y recientemente consagrado como arzobispo titular de Emerita Augusta” . El secretario de la Corporación, Fabián Sánchez Hernández, certificaba el 1 de septiembre de 1970 que, a la vista de la moción de la Alcaldía, “en la que se hace constar que, recientemente, ha sido designado por S. S, Paulo VI, para la Nunciatura Apostólica de Chile, monseñor Sotero Sanz, sacerdote español que presta sus servicios en la Secretaría de Estado del Vaticano, y que será consagrado obispo de la Iglesia católica en la Basílica del Pilar, de Zaragoza, con el título de la extinguida archidiócesis de Mérida, ceremonia en la que el señor alcalde y su esposa serán los padrinos del consagrado…, habida cuenta de que es el primer español, desde san Francisco Javier, que ostenta tal categoría , termina proponiendo a la Corporación que se le nombre Hijo Adoptivo de Mérida”, nombrándose juez instructor al alcalde-presidente, D. Francisco López de Ayala y García de Blanes, y secretario, al de la Corporación.

El domingo 20 de septiembre de 1970 tuvo lugar el acto de nombramiento como Hijo Adoptivo de la ciudad en el salón de plenos municipal, al que siguió una misa en la iglesia arciprestal de Santa María la Mayor y, posteriormente, un vino de honor en el Tiro de Pichón de Proserpina. El alcalde expresó su satisfacción por tener en Mérida al nuevo arzobispo de la ciudad y respondió monseñor Sotero con gratitud por el nombramiento. “Ser hijo adoptivo de Mérida es como sentirse en casa propia. Aquí, en Mérida, se encontraba a Roma; aquí me iba a encontrar con lo mejor de España”, manifestó. Terminó expresando su gratitud a toda la ciudad con un abrazo al alcalde. Por la tarde, monseñor Sotero Sanz recorrió la zona monumental de la ciudad, que le fue mostrada por José Álvarez Sáenz de Buruaga y Eugenio García Sandoval; visitó la barriada de La Paz y la parroquia de santa Eulalia, donde se rezó una Salve. Al día siguiente por la mañana, le fueron mostradas al arzobispo diversas realizaciones e instalaciones del Plan Badajoz, en las Vegas Bajas.

Sotero Sanz Villalba (El Buste, Zaragoza, 22/04/1919; Santiago de Chile, 19/01/1978) fue un prelado español de la Iglesia Católica que trabajó en el servicio diplomático de la Santa Sede. Estudió en los seminarios diocesanos de Tarazona y Tudela y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se doctoró en Derecho Canónico. Más tarde fue enviado a Roma y completó su formación en la Pontificia Academia Eclesiástica en 1948.

Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de julio de 1922 en Comillas. Sucesivamente fue coadjutor, capellán de religiosas, prefecto de disciplina y profesor del Seminario de Tarazona.

En el Servicio Diplomático de la Santa Sede, fue jefe de la Sección de Lengua Española de la Secretaría de Estado y asesor de la misma, hasta que el 14 de julio de 1970, el papa Pablo VI le nombró nuncio apostólico en Chile y arzobispo titular de Emerita Augusta. El 12 de septiembre del mismo año recibió la consagración en la Basílica del Pilar de Zaragoza de manos del cardenal Enrique y Tarancón, arzobispo de Toledo y primado de España. El 24 de noviembre de 1977 fue nombrado delegado apostólico en México, cargo de que no llegó a ejercer debido a la grave enfermedad que le causó la muerte. Falleció en el Hospital Universitario Católico de Santiago de Chile a los 58 años de edad a consecuencia de un cáncer fulminante.

Su médico, el doctor Lorenzo Cubillos Osorio, escribió un libro titulado “Monseñor Sotero Sanz Villalba, un santo pastor, un nuncio que ofreció su vida por Chile”. En el libro de Charles Theodore Murr titulado “La madrina. Madre Pascalina”, que fuere secretaria personal del papa Pío XII durante más de cuarenta años, en el capítulo que lleva por título “Una protesta de rumores”, alude a la cuestión mexicana. El origen de la misma había sido la petición dirigida al Vaticano por monseñor Nuño, arzobispo de Guadalajara, y de otros treinta obispos mexicanos para que fuera cesado el delegado apostólico en México, monseñor Mario Pio Gaspari, hombre considerado muy cercano al cardenal Baggio, prefecto de la Congregación de los Obispos e influyente miembro de la masonería. En el marco de una visita apostólica, ordenada por el Papa, para depurar a la Iglesia de masones infiltrados, se decidió trasladar a monseñor Gaspari a Japón. Don Sotero murió antes de tomar posesión. El hecho de que fuera elegido para intentar “reconstruir el episcopado mexicano con hombres buenos, honestos y creyentes” demuestra la alta estima que le tenían en el Vaticano. La madre Pascalina dijo de don Sotero: “¡Ese sí que es un hombre auténtico”, un extraordinario elogio por parte de quien conocía todos los entresijos de la Santa Sede y sabía valorar con su excepcional inteligencia a todos los integrantes de la numerosa pléyade de eclesiásticos con los que tuvo que “lidiar” durante sus muchos años de servicio al papa Pío XII y a la Iglesia.

Estaba en posesión de la Orden de Isabel la Católica y la del Mérito Civil (España), así como de la Orden del Sol (Perú).

 

 

 


 



 

           

          

          

 

 

 

 

 

 

 

 



 


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