Pedro Acedo


La 68 Edición del mejor festival de teatro clásico del mundo, ha sido un gran éxito, como todos desde que lo dirige Jesús Cimarro. Nueve obras excelentes que hemos disfrutados y que han llenado la capital extremeña de cultura, turismo y actividad económica. Y no es un error cuando escribo que todos los emeritenses lo hemos disfrutado. Ya se que no todos han ido al teatro, como no todos van al fútbol o a los toros, sin embargo la actividad turística, en su vertiente económica, sí nos afecta a todos, directa o indirectamente.

A mí, personalmente, me gusta el teatro, y no lo digo como mérito alguno sino para poder escribir y dar mi modesta opinión, no como un experto sino como un espectador más que ha presenciado muchas obras en el Teatro Romano y mucho antes de ser alcalde. Este año disfruté con Miles Gloriosus, que por cierto abarrotó las gradas. Pero no quiero entrar en la calidad de las obras, entre otras cosas porque para eso están los críticos. Para mí las nueve obras han sido importantes, empezando por la que levantó el telón, Julio César y terminando por la que lo cerró, la tumba de Antígona

Mi análisis es que, gustando más unas obras que otras como es natural, el Festival ha alcanzado unas cotas de calidad importantes. Es un espectáculo mundial que además nos genera mucho a los extremeños y más a los emeritenses. El Festival ha pasado por muchas vicisitudes, algunas muy lamentables que mejor no recordar, pero ahora que va como un tiro y se ha consolidado definitivamente, debemos cuidarlo. Y cuidarlo es responsabilidad de todos.

Esta 68 Edición empezó con poco público, las primeras obras no fueron premiadas con asistencias masivas, después remontó y no sólo el escenario del Teatro Romano fue protagonista, también lo fueron las calles del centro histórico, el María Luisa, el Templo de Diana… a pesar del insoportable calor, un año más el verano cultural español ha estado aquí, en nuestra capital.

Siendo todo lo que digo, una realidad evidente, hay cosas que se deben mejorar. Y no me refiero únicamente a los responsables del Festival, que también; en este caso, sobre todo, me refiero a los beneficiarios más directos del sector turístico. Hay quejas de la dificultad de encontrar bares y cafeterías abiertas los domingos y festivos para desayunar; este año además, según muchos de los asistentes al Teatro Romano, los precios de muchos de los bares de la zona se han disparado. Todo influye en mejorar el sector que más crece en Mérida como es el turismo, y todos los detalles son importantes.

El Ayuntamiento también se esfuerza. Ahora y antes. No olvidemos que hace relativamente poco tiempo, los vehículos circulaban desde la rotonda de la Argentina hasta Félix Valverde Lillo, pasando por José Ramón Mélida y la Puerta De la Villa. Los vehículos aparcaban en la misma puerta del Teatro y en toda la Plaza, que entonces no existía, Margarita Xirgú. Los responsables de entonces hicimos todas esas mejoras. En la actualidad los toldos de José Ramón Mélida han sido también un acierto.

El Festival, ahora que ha terminado, aparte de números, comparaciones y estadísticas, que seguro que saldrán bien, porque siempre salen bien, sean más o menos creíbles, la realidad es que, para que no se nos muera la gallina de los huevos de oro, tenemos que alimentarla como merece. Todos, no solo las administraciones. También los empresarios del sector y los emeritenses en general. Sin duda todos nos beneficiamos.

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La 68 Edición del mejor festival de teatro clásico del mundo, ha sido un gran éxito, como todos desde que lo dirige Jesús Cimarro. Nueve obras excelentes que hemos disfrutados y que han llenado la capital extremeña de cultura, turismo y actividad económica. Y no es un error cuando escribo que todos los emeritenses lo hemos disfrutado. Ya se que no todos han ido al teatro, como no todos van al fútbol o a los toros, sin embargo la actividad turística, en su vertiente económica, sí nos afecta a todos, directa o indirectamente.

A mí, personalmente, me gusta el teatro, y no lo digo como mérito alguno sino para poder escribir y dar mi modesta opinión, no como un experto sino como un espectador más que ha presenciado muchas obras en el Teatro Romano y mucho antes de ser alcalde. Este año disfruté con Miles Gloriosus, que por cierto abarrotó las gradas. Pero no quiero entrar en la calidad de las obras, entre otras cosas porque para eso están los críticos. Para mí las nueve obras han sido importantes, empezando por la que levantó el telón, Julio César y terminando por la que lo cerró, la tumba de Antígona

Mi análisis es que, gustando más unas obras que otras como es natural, el Festival ha alcanzado unas cotas de calidad importantes. Es un espectáculo mundial que además nos genera mucho a los extremeños y más a los emeritenses. El Festival ha pasado por muchas vicisitudes, algunas muy lamentables que mejor no recordar, pero ahora que va como un tiro y se ha consolidado definitivamente, debemos cuidarlo. Y cuidarlo es responsabilidad de todos.

Esta 68 Edición empezó con poco público, las primeras obras no fueron premiadas con asistencias masivas, después remontó y no sólo el escenario del Teatro Romano fue protagonista, también lo fueron las calles del centro histórico, el María Luisa, el Templo de Diana… a pesar del insoportable calor, un año más el verano cultural español ha estado aquí, en nuestra capital.

Siendo todo lo que digo, una realidad evidente, hay cosas que se deben mejorar. Y no me refiero únicamente a los responsables del Festival, que también; en este caso, sobre todo, me refiero a los beneficiarios más directos del sector turístico. Hay quejas de la dificultad de encontrar bares y cafeterías abiertas los domingos y festivos para desayunar; este año además, según muchos de los asistentes al Teatro Romano, los precios de muchos de los bares de la zona se han disparado. Todo influye en mejorar el sector que más crece en Mérida como es el turismo, y todos los detalles son importantes.

El Ayuntamiento también se esfuerza. Ahora y antes. No olvidemos que hace relativamente poco tiempo, los vehículos circulaban desde la rotonda de la Argentina hasta Félix Valverde Lillo, pasando por José Ramón Mélida y la Puerta De la Villa. Los vehículos aparcaban en la misma puerta del Teatro y en toda la Plaza, que entonces no existía, Margarita Xirgú. Los responsables de entonces hicimos todas esas mejoras. En la actualidad los toldos de José Ramón Mélida han sido también un acierto.

El Festival, ahora que ha terminado, aparte de números, comparaciones y estadísticas, que seguro que saldrán bien, porque siempre salen bien, sean más o menos creíbles, la realidad es que, para que no se nos muera la gallina de los huevos de oro, tenemos que alimentarla como merece. Todos, no solo las administraciones. También los empresarios del sector y los emeritenses en general. Sin duda todos nos beneficiamos.

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