Marta Gervasia Garrido Moreno

Concejal del Grupo Municipal VOX en el Ayto de Mérida


Cualquier lector de estas líneas habrá visto televisado algún debate en el Congreso de los Diputados o en el Senado; quizás alguno, también en la Asamblea de Extremadura o de cualquier otra Comunidad Autónoma: los intervinientes exponen sus posturas y son respondidos por los interpelados, a menudo sus discursos no tienen nada que ver con el asunto del debate ni con las contestaciones que reciben, sino que se limitan a lanzarse críticas más o menos veladas sobre sus posturas en general. ¿Recuerda alguno de Vds. que el Presidente de cualquiera de esas Cámaras de representación popular, aparte de advertirles que su tiempo de intervención ha concluido, haya llamado su atención por el contenido de su intervención? Salvo excepcionalísimas ocasiones en que el parlamentario ha insultado personal o gravemente a un miembro de la Cámara, no se le llama la atención ni se le retira el uso de la palabra. Cualquier diputado o senador, ya sea de la Cámaras Nacionales o autonómicas tiene la libertad de exponer sus ideas, con mayor o menor acierto, con más o menor dominio dialéctico,… pero siempre, siempre con autodeterminación y albedrío, excepción hecha de personajillos de cualquier signo que usan su escaño para proferir injurias ultrajantes u ofensas graves.

Eso decidieron por apabullante mayoría los españoles en el referéndum que ratificó la Constitución Española el 6 de diciembre de 1978, que contempla en su artículo 20, como derecho fundamental para todos la libertad de expresión. Este derecho se extiende, como no puede ser de otra forma a los representantes elegidos de entre el pueblo por el pueblo, que es los que tienen el mandato y la libertad de exponer, en cada ámbito territorial (europeo, nacional, autonómico o local) los puntos de vista de los que les han elegido y los que consideran son mejores para el bienestar de los todos los ciudadanos.

Pero en el Pleno Municipal de Mérida, órgano de máxima representación política de los ciudadanos emeritenses en el gobierno municipal, según el artículo 2 del Reglamento Orgánico del Pleno, en el que los concejales tienen el derecho y el deber de asistir, con voz y voto a sus sesiones (artículo 5), el derecho de libertad de expresión ya no es respetado.

Durante el último Pleno Municipal, celebrado el 27 de octubre de 2022, la democracia se acabó en Mérida. Mientras en su turno de palabra, el Portavoz de nuestro Grupo Municipal (que cuenta con el respaldo de casi 2000 emeritenses y los representa a todos) cuando se estaba debatiendo Propuesta de adhesión a la Red de Entidades Locales para desarrollar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030, estaba desarrollando con antecedentes y datos históricos nuestra postura en contra de esta Agenda 2030 (que antes fue la Agenda 2020, y dentro de poco, la Agenda 2040), argumentando con fundamentos que esta Agenda no es más que un disparate ideológico, impuesta por entidades supranacionales, hurtando soberanía nacional, prescindiendo de la realidad y de las necesidades y problemas urgentes de los españoles, fue llamado al Orden por el Presidente del Pleno, que no es otro que el Excmo. Alcalde D. Antonio Rodríguez Osuna, acusándole de soltar un “rollo” y de no centrarse en el asunto objeto de debate. Inaudito.

Por cierto, el Alcalde lucía en su solapa el famoso pin redondo multicolor símbolo de la Agenda 2030.

Por supuesto nuestro Portavoz, entre asombro e indignación, requirió al Sr. Rodriguez Osuna que le explicara porque no puede decir en el Pleno lo que su libertad y derecho como concejal le ampara,…la tensión fue en aumento, sobre todo por parte del Alcalde, al que visiblemente enfadado y a gritos se escudó en que el dirigía los debates (o sea, dicho de otra forma, que se dice lo que él quiere o retira el uso de la palabra) y llamaba al orden por segunda vez a nuestro Portavoz, ya que estaba faltando “al respeto institucional” ( o sea, a su Santa Voluntad Caciquil).

Preguntando nuestro Portavoz en qué artículo del Reglamento del Pleno se apoyaba para tamaña afrenta sin parangón en la tradición democrática del Pleno, subió incluso más el tono de voz vociferante y amenazante hasta que terminó expulsando al Grupo Municipal señalando la puerta en reiteradas ocasiones y amenazándonos con los males del infierno.

Para que nadie tenga dudas de lo qué pasó ese aciago día contra la democracia municipal protagonizado por un Presidente del más alto Órgano de la representación popular convertido en un sátrapa autoritario, gracias a Dios, las cámaras de Televisión Extremeña fueron testigos de la afrenta: les dejo el enlace por para contrastar nuestras opiniones con la realidad: https://youtu.be/jnpx7khNR5g (el ultrajante suceso transcurre entre los minutos 22:00 y 35:00 del video).

También les transcribo el apartado aplicable al caso del artículo 55 del Reglamento del Orgánico del Pleno del Ayuntamiento de Mérida que regula la Ordenación de los debates, para que tengan pleno conocimiento y juzguen si el comportamiento de nuestro particular Augusto César fue o no caudillista y despótico:

“6. El Presidente podrá llamar al orden a cualquier miembro de la Corporación que:

a) Profiera palabras o vierta conceptos ofensivos al decoro de la Corporación o de sus miembros, de las instituciones públicas o de cualquier otra persona o entidad.

b) Produzca interrupciones o, de cualquier otra forma, altere el orden de las sesiones.
c) Pretenda hacer uso de la palabra sin que le haya sido concedida o una vez que le haya sido retirada.

Tras tres llamadas al orden en la misma sesión, con advertencia en la segunda de las consecuencias de una tercera llamada, el Presidente podrá ordenarle que abandone el Pleno, adoptando las medidas que considere oportunas para hacer efectiva la expulsión.”

Es un hecho deleznable e incomprensible, no entiendo como el máximo regidor municipal, que dice ser adalid del diálogo, los consensos, los acuerdos y de la democracia expulse del máximo órgano de la representación ciudadana a unos miembros por exponer sus ideas.

Fue un auténtico esperpento, durante esos vergonzantes minutos me vino a la cabeza el personaje de Santos Banderas, creado por Valle Inclán en su novela “Tirano Banderas”.

Por cierto, echamos de menos de nuestros compañeros de corporación, del Grupo Municipal Popular, del de Ciudadanos y los de Unidas Por Mérida, que no se solidarizaran en alguna forma con nosotros y por el indignante trato que nos dispensó Nuestro Amado Líder. Ayer fuimos nosotros, pero otro día bien pueden ser ellos los que sufran las iras del Califa.
En fin, haciendo un poco de hipotética empatía con el personaje, fuera que en las encuestas internas que maneja le arrebatan la mayoría absoluta y anda el hombre preocupado por su futuro, que tuvo una mala noche, tenía prisa por inaugurar una papelera o que es consciente que el despropósito de las obras de dudosa legalidad de las Concepcionistas le pueden reportar responsabilidades (el que vea el video se dará cuenta que en el momento que se le mencionó el asunto, saltó como un resorte).

De todas formas, a quien expone sus ideas sin menospreciar a nadie, déjelo hablar y escuche, porque siempre es enriquecedor y forma parte de la esencia democrática, aunque visto lo visto, a Vd. probablemente le gustaría que el Pleno se desarrollara al estilo de los Congresos del Partido Comunista Chino o el de Corea del Norte, en el que miles de acólitos se reúnen sin respirar a escuchar y aplaudir a su Guía, y ¡Pobre de aquel que ose toser o sea el primero en dejar de aplaudir, el archipiélago Gulag para su debida reeducación le espera o el fusilamiento mediante el democrático método del cañonazo!

Pero con nosotros se ha equivocado, le ley y el derecho democrático nos ampara, nacimos de un movimiento de ciudadanos hartos de la vergüenza y el escarnio al que nos sometía un bipartidismo profundamente corrupto y decidimos levantar la cabeza y alzar nuestra voz (de ahí nuestro nombre) contra la depravación en que Vds. y sus aliados ultraizquierdistas, independentistas y terroristas han llevado a nuestro país.

Quizás aún seamos pocos y los medios de comunicación nos vituperen y nos silencien, pero tenemos el derecho a que se nos escuche y nuestro deber es ejercer con responsabilidad la obligación para la que hemos sido elegidos. No lo olvide Sr. Alcalde: “Vox Veritatis Non Tacet” (La Voz de la Verdad no Calla).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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