Rafael Angulo

Periodista







Salíamos por la Antigua ya oscurecida Pelín y yo de zafarrancho en el Baltasar (¡qué grande eres Jose!) y nos encaminamos hacia la imagen del Perpetuo Socorro que, siempre, nos espera a las puertas de la Iglesia de los Redentoristas para escuchar nuestra Salve. En esto, alguien, pensando que iba solo (Pelín es muy discreto con los extraños y se esfuma) se me encara y me suelta: “¡Cómo se nota que no eres mujer y que no tienes que parir, nosotras parimos y nosotras decidimos!”. Vale, lo asumo. Por lo visto la ciudadana había oído mi opinión sobre el aborto en Televisiónextremeña. Es un crimen.

Ésta, por lo menos, no me quiere enviar a las catacumbas o soltarme a los nuevos leones, esos de la cultura de la muerte. O quizá sí, pero no lo sé porque Pelín me tiró de la manga y huimos. Así que ahora le contesto: No es el aborto sólo cuestión exclusiva de la mujer; es más, no se puede hablar seriamente sobre poner fin al aborto a menos que se tome en serio el involucrar a los hombres en este crimen. El hombre tiene un papel del 50% en el embarazo. Creo que es el momento de dar el 100%, al igual que hacen las mujeres. Supongo que ante una decisión tan trágica las mujeres preguntarán a su pareja antes de tomar esa decisión. ¿Qué contestan ellos? Porque son parte importante en este proceso, por delante de médicos, madres y amigos. Maridos y novios son especialmente importantes en el consejo y el apoyo que necesita una mujer embarazada. Pero los de la cultura de la muerte ponen la decisión solo en la mujer. Estos acólitos del nuevo orden mundial que nos instalan en sus nuevos falsos derechos, empezando por el derecho a abortar. Ese nuevo orden mundial pretende eliminar mi libertad de pensamiento, mi libertad de conciencia y mi libertad de libertad religiosa. Mi libertad. El aborto es un crimen y es una atrocidad considerarlo un derecho porque esta consideración impide ir contra ese derecho (falso) ni siquiera rezando por las calles (rezar es delito, matar un derecho); no se puede ni siquiera hablar en contra del aborto en un foro público o en un medio de comunicación del nuevo orden. El primer derecho del ser humano es vivir y no ser eliminado. Como es un derecho no se puede protestar contra él ni siquiera rezando delante de las clínicas abortistas. A mí me parecen gentes totalitarias, enemigas de la democracia y de la verdad. Porque la verdad nos hace libres, decir que algo es verdadero es ir en contra de la convivencia y de la democracia, somos los defensores de la vida, para ellos, personas intolerantes. Haz lo que debes, pase lo que pase, recomendaba Tolstoi. Y en esa lucha por la vida estamos, convencidos que los de la cultura de la muerte también son muy amigos del negocio de la muerte, el descarte de no nacidos, la trapisonda de sus restos, negociantes del crimen. En el vientre de la madre las criaturitas hacen palpitar su corazón, pero sus latidos son en voz baja, porque, ay, a buen seguro, si alzaran la voz todos nos daríamos cuenta que la respuesta está en el vientre, está en el seno de la madre.

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