Antonio Luís Vélez Saavedra
Contando desde su fundación en el 25 aC, Mérida cumple en este 2025 la cifra redonda de 2050 años de historia, una boda de oro y dos mil años más. Una historia que tuvo su cenit desde su inicio romano hasta la llegada musulmana, y de ahí prácticamente a un papel sin relevancia hasta el siglo XX donde la ciudad vuelve ser referencia peninsular como capital de Extremadura, la construcción del Museo Nacional y la declaración de Patrimonio de la Humanidad.
Esa historia con mayúsculas tiene a su vez importantes intrahistorias, quizás la más importante de ellas tiene comienzo en una fecha muy concreta, el 18 de junio de 1.933. Fue ese día cuando se celebró el Festival de Arte Clásico con la representación de la Medea de Margarita Xirgu, ese sin duda es el origen del actual Festival Internacional de Teatro Clásico.
Al igual que la historia de la ciudad el propio festival ha tenido diferentes etapas. Inicialmente suspendido por las circunstancias del golpe de estado franquista, hasta el año 1953 que llego la época de Tamayo en la que ya se establecieron las representaciones estivales. Y de ahí al cambio más importante en 1984 cuando se creo el Patronato del Festival y las representaciones ya se ampliaron a los meses de Julio y Agosto en el Teatro Romano. Llegando a la gestión actual, en la que el Festival también ha sufrido una importante mejora extendiendo la escena del Teatro por toda la ciudad, buscando caminos y propuestas culturales más allá de lo puramente teatral, y ampliando la oferta cultural del Festival de forma exponencial.
El Festival sigue creciendo y aun así lo bueno es enemigo de lo mejor, el objetivo es claro: la declaración del Festival de Teatro de Mérida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, con la base de los espacios culturales patrimoniales de la ciudad, el arraigo en la principal referencia de la civilización como es la cultura mediterránea, sumado a la capacidad creativa del propio Festival como elemento crítico de contrapeso a las fuerzas de la globalización, la transformación social y la intolerancia, hacen que este sea un objetivo que se ajusta a los requerimientos de la UNESCO.
Pero esta declaración es el tejado de una construcción que requiere tiempo y cimientos sólidos. Así, del mismo modo que el patrimonio de Mérida es estudiado por los órganos científicos presentes en la ciudad: Consorcio de la Ciudad Monumental, Instituto de Arqueología y Museo Nacional de Arte Romano, el Festival también requiere instrumentos que dediquen recursos para recopilar y profundizar en su historia. En primer lugar sería necesario un centro de estudios y documental donde se recopilara de forma organizada toda la información del Festival desde sus inicios, hay en principio muchas fuentes dispersas con material sobre las ediciones anteriores en la Junta de Extremadura, el Patronato del Festival, el Ayuntamiento de Mérida y en la del propio Festival que guarda ya de forma sistemática información y audiovisual de las ediciones desde 2012 que es cuando comenzó la gestión actual. Desde el Ayuntamiento de Mérida lo tenemos claro, se trata al final de algo tan sencillo como alinear voluntades para alcanzar ese objetivo razonable que beneficia a todos, y con la mira puesta en ese centenario dentro de ocho años nuestra obligación no es otra que trabajar para ello.