Carmelo Arribas Pérez



EL OTRO RÍO ALBARREGAS,  DE VENEZUELA, Y LA MARGINACIÓN  DEL FUNDADOR DE CARACAS Y LA MÉRIDA VENEZOLANA, JUAN RODRíGUEZ SUÁREZ


Al subir por la  Calle Puente uno se encuentra con una reproducción del dintel encontrado en el mausoleo tardorromano del liberto y augustal, Gaius Iulius Successianus, de la época de Galieno  (253-268 d.C) excavado en 1994 junto a la Casa del Anfiteatro de Mérida, por los arqueólogos del Consorcio, Félix Palma y  Ana Bejarano. El análisis de este dintel permite confirmar, a simple vista, la denominación de Ana, para el río Guadiana y Barraeca, para el Albarregas, y sugerir la existencia de un antiguo santuario federal vetón,   cercano a la confluencia de ambos ríos, en  la de zona «El Calvario». Este sentido de «confluencia» fue aprovechado en una exposición, «Ana-Barraeca», realizada por el Consorcio en febrero-marzo de 1998, aprovechando este hecho con el simbolismo de «Mérida, Confluencia de Culturas», y en la que a través de los hallazgos arqueológicos se va siguiendo una persistencia, a través del tiempo, de  la vida urbana.

El origen de los nombres de los ríos ha estimulado la imaginación de muchos, a la búsqueda de un significado que  arrojara luz sobre ambas denominaciones. Del río Anas, se pensó en algún momento, con más fantasía que datos, que incluso podría  tratarse de un nombre originado por la presencia de múltiples patos en su curso, «Anas» en latín es pato, de ahí que el Wadi-Anas, en esta mezcla de idiomas, que nos ha llegado hasta la actualidad, de árabe y (supuestamente) latín, querría decir: el «río de los patos». Su afluente de raro nombre, Albarregas, parecía constituir una palabra todavía más cargada de resonancias árabes, Al-barregas, y así se dio por mucho tiempo como de tal origen, sin saber exactamente cuál podría ser el significado de tan extraña denominación, se cree en la actualidad que tal nombre está asociado a una de las palabras hispanas sin origen claro, que significaría  «barro», y que describiría el cauce, habitualmente escaso de agua, y por lo tanto fangoso, como es el del Albarregas. A su vez de esta manera se desestima, como han insinuado algunos investigadores, que el nombre del río fue puesto por los fundadores romanos denominándolo «Alba regia», como recuerdo de esta ciudad.

La sorpresa, que me llevé buscando información sobre un personaje emeritense, Juan Rodríguez Suárez, cuyo reconocimiento no ha tenido el éxito que se merece, pues su busto, está en el Ayuntamiento de Mérida, siendo una copia de la cabeza del personaje de  la estatua ecuestre, que existía en una avenida de  Caracas, ciudad que pudo fundar, y que se retiró, en esa manía de algunos políticos hispanos, que no saben apreciar su historia y sus orígenes, para dejarla en una especie de almacén, entre trastos. Y  este personaje Juan Rodríguez, también fundó la Mérida venezolana, un 9 de octubre de 1558, llamando al río que pasaba por aquel lugar,  donde realizó el asentamiento, Albarregas. Podría haberle puesto Guadiana,  pero hay dos cosas que pudieron llevarle a ponerle este nombre, una, que  este río desemboca en otro, el Chama, como lo hace el Albarregas en el Guadiana  y otra, que es un río totalmente emeritense, ya que no lo comparte  con otras ciudades.

La Mérida venezolana,  tiene  una Universidad,   como fruto de una tradición educativa, reconocida el 21 de septiembre de 1810, y unos 350 mil habitantes. Sin embargo, la ciudad debe estar pasando un mal momento, peor incluso que ninguna otra ciudad de Venezuela, sufriendo los impactos sociales y económicos  que se han producido con el Gobiernos como el de Hugo Chávez  y peor aún con el de Maduro, porque entre el 2010 y 2017 la esperanza de vida de los merideños descendió tres años, de 78,5 a 75,5  debido a la crisis social y económica. Pero además en el 2023, el estado Mérida tuvo más suicidios que ningún otro de Venezuela concentrando el 40% de toda la nación, en edades de 15 a 47 años.

Ante estos datos, no puedo sino sentir que esta ciudad, que forma parte de esas Méridas del mundo, cuyo nombre e historia, me mueve sentimientos de cariño y solidaridad con ella, con la esperanza de que estos personajes, no son eternos, y que todo cambiará a mejor.

Carmelo Arribas Pérez

 

 

 

 

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